El arte del no hacer

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Es el eje, el vacío, ese espacio donde se asientan los rayos de la rueda, lo que hace girar esta.

«Aprendí ya hace mucho, quizás en otra vida, a no hacer nada y, lo más importante, a no sentirme culpable por ello, ni tener el sentimiento de haber perdido el tiempo. ¿Cómo se puede perder el tiempo?».

No se puede; no existe el no hacer en sí mismo.

Esta sociedad está enferma y nos enferma; es brutalmente rápida, despiadada, no tiene escrúpulos, es implacable y en ella tenemos que ser productivos, eficaces, útiles y serviles, aprovechar el tiempo y no perderlo; las cadenas de montaje, su maquinaria y engranaje de las que somos y formamos parte no pueden ni deben detenerse. Somos consumidores de todo, del tiempo y del espacio, en donde todo aquello que hacemos debe tener un provecho. Consume, corre, produce, hasta que termines rota.

Me viene a la memoria la película de Chaplin; Tiempos modernos, de 1936, donde se enfatiza en mostrar la forma como el maquinismo y el capitalismo le quitan la humanidad a los trabajadores.

Cuando terminamos de estar sujetos a esa cadena de producción, si esto fuera posible, desdichadamente sin ser conscientes de ello, seguimos sin detenernos y nos llenamos de múltiples y frenéticas actividades para «aprovechar» el tiempo. Así, continuamos manteniendo el mismo ritmo exaltado y enloquecido en nuestras vidas, relaciones, vivencias y tiempos de ocio, en donde todo aquello que hagamos debe tener un provecho. Consumimos y devoramos hasta nuestros tiempos de descanso.

En el arte del no hacer, hay algo de romanticismo y de ensoñación en el ver pasar las nubes, observar el revoloteo y escuchar los cantos de los pájaros; percibir, sentir, como el aire y la calidez del sol acarician nuestro cuerpo, y desde el arte de escuchar los sonidos del silencio, sentir los latidos de nuestro corazón, nuestra propia respiración, y en la quietud, en ese no hacer, sentir nuestro ser.

Y en esos momentos de contemplación, de pararse y ver, se sucede, se revela la creatividad, donde no hay, ni existen expectativas, tan solo el no hacer y surge la fluidez...