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Todo puede pasar. La decisión que Pedro Sánchez tomará este lunes marcará el pulso político más inmediato y abre, desde luego, un escenario incierto con muchos interrogantes. Entre los dirigentes del Partido Socialista la incertidumbre sobrevuela en el ambiente. Nadie de su entorno más cercano sabe por ahora qué va a hacer exactamente el presidente de Gobierno. El secretismo de Sánchez sigue intacto y, como aseguran desde la Dirección socialista, su líder sigue sin tratar este asunto con nadie y sin desvelar cuál será su siguiente paso.

Mientras las incógnitas se acumulan, el Comité Federal del PSOE celebrado este sábado se convirtió finalmente en un acto masivo en apoyo a su secretario general. Todos los líderes socialistas, sin excepción, expresaron su apoyo al Presidente. Le animaron a no abandonar y continuar en su cargo. Pero, pese al apoyo, las caras largas, la tristeza y las dudas dominaban en el encuentro socialista. De hecho, dentro del partido son más los que apuntan ahora a que el Presidente dirá adiós que a que se quedará, ¿qué es lo que ocurriría si finalmente dimite?

El escenario si Sánchez presenta su dimisión

La dimisión del líder del Ejecutivo es una posibilidad recogida por la Constitución. Concretamente, esta opción se contempla en el artículo 101 de la Carta Magna, que alude a otras posibles circunstancias como un fallecimiento del presidente de Gobierno o una pérdida de la confianza parlamentaria. "El Gobierno cesa tras la celebración de elecciones generales, en los casos de pérdida de confianza parlamentaria previstos en la Constitución, por dimisión, o fallecimiento de su Presidente", reza el citado artículo.

Por tanto, si Sánchez anunciase este lunes su renuncia, todo el gabinete, incluido el presidente de Gobierno y los ministros, se mantendrían en su cargo pero en funciones. Ello supondría que durante este tiempo sus atribuciones estarían limitadas y no tendrían, así, capacidad para legislar y ni tan siquiera para convocar nuevas elecciones.

¿Y quién nombraría al nuevo presidente?

Si Sánchez abandona su cargo, se abriría entonces un nuevo periodo destinado a que el Congreso elija a su sucesor. Este proceso, recogido en el artículo 99 de la Constitución, es el mismo que el de las sesiones de investidura que se celebran tras una convocatoria de elecciones generales. Lo primero que tendría que hacer entonces el Partido Socialista es designar a un nuevo candidato a la investidura. Este no es necesario que sea miembro del Gobierno, ni diputado, ni tan siquiera militante del PSOE. Cabe la posibilidad incluso que Sánchez anuncie a su sucesor en su discurso de este lunes.

El escenario más probable, por jerarquía, es que entre esos sucesores se encuentren la vicepresidenta primera, María Jesús Montero, el ministro de Presidencia y Relaciones con las Cortes, Félix Bolaños, o la portavoz del Gobierno, Pilar Alegría. Una vez se resuelva esta incógnita, el rey comenzaría una ronda de consultas con los portavoces de todos los partidos que tienen representación en la Cámara Baja. Lo haría de menor a mayor y, una vez escuchadas todas sus opiniones, designaría a un nuevo candidato a Presidente de Gobierno.

¿Ya ha ocurrido antes?

Sí, ya hay un precedente de este escenario. Esto fue lo que ocurrió en 1981 cuando el líder del Ejecutivo por aquel entonces, Adolfo Suárez, presentó su dimisión. Su partido, UCD, propuso entonces a Leopoldo Calvo-Sotelo como su sucesor y, tras un debate de investidura que se interrumpió entonces por el intento de golpe de estado del 23-F, este recibió finalmente el apoyo del Congreso para ser presidente.

Bajo esta hipótesis, el candidato que fuera designado por el monarca se tendría que someter así a un debate de investidura en la Cámara Baja. Para ser elegido, tendría que obtener el respaldo de la mayoría absoluta del Congreso, esto es, 176 poyos. Si no los consigue en una primera votación, podría ser aprobado en una segunda tras obtener el apoyo de la mayoría simple, es decir, más síes que noes.

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Si ni aun así este candidato consigue ser investido, se abriría entonces un plazo de dos meses bajo el que nuevos candidatos, propuestos por el rey, podrían optar entonces a la Presidencia. Tras dos meses, si ningún candidato consigue al poyo del Congreso, entonces se disolverían las Cortes automáticamente y se convocarían de nuevo elecciones generales.

¿Puede Sánchez convocar elecciones este lunes?

La respuesta es simple: no. Si Pedro Sánchez decide continuar en su cargo tendrá entonces que esperar hasta finales de mayo para poder convocar unos nuevos comicios generales en nuestro país. Esta norma se debe a que la ley establece que las elecciones anticipadas no pueden convocarse hasta pasado un año de la anterior disolución de las Cortes, un hecho que se hizo efectivo con su publicación en el BOE el 30 de mayo de 2023.

Para celebrar esta nueva cita con las urnas el Presidente no puede estar en funciones así que, o Sánchez permanece en su cargo, o es su sucesor quien las convoca, pero no podrá ser nunca antes de ese plazo. Una vez pasada la fecha del 30 de mayo es cuando podría entonces aprobarse el decreto de disolución y la convocatoria, por tanto, de los nuevos comicios.

Estas se celebrarían 54 días después de hacerse efectiva esta disolución. Por ello, estos hipotéticos comicios se celebrarían, como pronto, la última semana del mes de julio. La ley no establece la obligatoriedad de que la población tenga que ir a las urnas sí o sí un domingo pero, de producirse, la fecha más probable en el calendario ante este escenario sería el próximo 28 de julio.

¿Qué pasa si presenta una moción de confianza?

Más allá de la dimisión, hay otra posibilidad que también se baraja desde el momento en el que Sánchez hizo publica su carta y su decisión de parar unos días. Esta pasa porque el presidente anuncie que se mantiene en el cargo, pero que se somete a una cuestión de confianza.

Este mecanismo, recogido en el artículo 112 de la Constitución, es, en términos políticos, una reválida de la investidura a la que se puede someter voluntariamente el presidente de Gobierno frente a una Cámara que le ha elegido y mediante la que pide de nuevo su apoyo. En la historia de la democracia española se han celebrado dos debates de este tipo. Uno fue el de Adolfo Suárez y otro el de Felipe González. En ambos el presidente consiguió de nuevo el respaldo del Congreso.

¿Cómo es este proceso?

Tal y como establece la normativa de la Cámara Baja, este debate se desarrollaría de forma similar al de las sesiones de investidura. En esta ocasión, sin embargo, la confianza del presidente se revalidaría simplemente con obtener más síes que noes. Si Sánchez no obtiene el apoyo del Congreso, entonces ocurriría lo mismo que si hubiese dimitido y se iniciaría el proceso para investir a un nuevo presidente: consultas con el rey, el monarca designa a un candidato y debate de investidura.

De la misma forma, si nadie consigue los apoyos necesarios para ser investido, se procedería a la disolución de las Cortes y se celebrarían elecciones generales. Por el momento, todos los interrogantes continúan y cualquier opción parece posible. Todo está, de nuevo, en manos de Pedro Sánchez.