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El domingo fue día de elecciones para los socialistas de las Islas. Las dos contrincantes, Francina Armengol y Aina Calvo, aparecían ayer sonrientes en la foto tras el recuento de votos que dio a la secretaria general del partido la opción de ser candidata a la presidencia del Govern.

Como suele suceder en estos casos, al menos de cara al público nadie pierde, si hay heridas éstas se lamen y se curan en privado. Pero lo cierto es que a su paso por Menorca las dos, entonces todavía candidatas, han dado muestras de elegancia y de fair play. Tanto que ni siquiera el debate cara a cara organizado en Mallorca dio juego para atisbar grietas en el partido; todo calculado, sin encarnizamiento -si alguien lo esperaba-, fue un intercambio de ideas sin reproches. Hay matices entre nosotras, decía Armengol en su última entrevista de campaña, pero somos «compañeras socialistas», dejó claro; el adversario a batir es el PP. Las primarias abiertas eran una fórmula novedosa y al PSOE le ha salido bien. Por la movilización conseguida de militantes y simpatizantes y porque el resultado no genera problemas en el liderazgo del partido.

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La candidata ha sido elegida por las bases y por la gente afín al PSOE, no por decisión de la cúpula, y ofrecer esa posibilidad es ya en sí positivo. La aspirante a gobernar la Comunidad estará así más legimitada pero deberá tomar buena nota de lo ocurrido en Menorca. Armengol, pese a ser más conocida que Calvo, ha sufrido una importante derrota y destaca especialmente el resultado de Maó, el municipio tradicionalmente socialista y en el que el partido probablemente más sufrió con la última derrota electoral a manos del PP.

Será interesante ver cómo se traducirá este equilibrio en las elecciones primarias con las que se designarán los candidatos al Consell y los ayuntamientos.