Les coses senzilles

Cuando viene la golondrina

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Cuando viene la golondrina el verano está encima. Pero no es la golondrina lo que viene para ir a las playas del sur de Menorca, al menos no es el tipo de golondrinas que existen en Barcelona, que ofrecen un paseo en barco por el puerto, sino un servicio de autobús que años ha empezó llamándose trole, de trolebús. Un trolebús, también conocido como trolley o trole, es un ómnibus eléctrico, una especie de tranvía, pero sin las vías plantadas en la calzada, sino con ruedas de caucho. No sé por qué dio en llamarse trole al primer autobús que cubrió la línea Ciutadella-Cala Blanca, allá por los primeros años sesenta. La primera ‘colonia’ o pequeña urbanización estival había surgido 100 años antes en torno a la playa de Sa Farola, donde al principio ni siquiera había agua corriente. Entonces Sa Platja Gran, Santandria y Cala Blanca eran playas aún más intocadas de lo que son hoy Macarella o Cala en Turqueta, aún más vírgenes, porque ni siquiera había chiringuitos o torres de vigilancia. Cuando tenía 7 años mi tío Alfonso me llevó a Cala Galdana en bicicleta. Mi tío se anudó las cuatro puntas de un pañuelo para hacerse un gorro, y tuvimos que saltar paredes y pedir prestado un poco de arroz en el predio que cerraba el acceso a la playa para comer algo. Recuerdo que oí hablar alemán por primera vez cuando empezaron a urbanizar Santandria; yo era un chiquillo y me chocó tanto que me parecía que se lo inventaban. Entonces comenzó el primer servicio de trole; los niños nos agolpábamos en un autobús de segunda mano, en el que no faltaban más que las gallinas y las maletas de cartón en la baca para ser como los de las películas de emigrantes, o como los trenes de cercanías que todavía hoy viajan desde Nápoles hacia el sur de Italia. Las arenas de la cala eran entonces tan blancas y finas que parecían hechas de harina, y formaban dunas tan altas que parecía que incluso llegaban hasta el cielo, de un azul inmaculado.

Ha llovido mucho desde entonces, pero las arenas de Macarella siguen siendo muy finas. Tal vez por eso, para preservarlas, se ha organizado el servicio de autobuses, que sustituye a los coches que solían aglomerarse en los aparcamientos, como si de un nuevo ganado metálico se tratara. La defensa del medio ambiente casa mal con la invasión turística y tendremos que acostumbrarnos a soluciones drásticas como esa, puesto que me aseguran que el tráfico para ir a Cala en Turqueta se corta sobre las 8.30 horas, por exceso de coches.