Te diré cosa

Malas lenguas

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Hay gente que se pasa la vida piando. Que le sacan punta a todo. Vamos a ver, ¿qué problema hay en que el Govern balear quiera que los sanitarios hablen catalán? Ninguno, digo yo.

Hay quienes como Úrsula Mascaró prefieren que su médico esté bien cualificado en su especialidad antes de que domine el catalán. Pero, vamos a ver criatura, es como si me dices que prefieres que los miembros del Govern sean preferiblemente competentes en las áreas que les habrán de ser asignadas antes de que (faltaría más) hablen con fluidez (a veces sin demasiada enjundia, insinúan los críticos más recalcitrantes) catalán.

No me vayas a decir que no merece la pena quedarse, qué se yo, sin pediatra por ejemplo, antes que tener que ver cómo el médico que cura a tu hijo hace el diagnóstico en castellano. No me jodas, no hay color.

Si empezáramos a seguir esa lógica aviesa del movimiento Mos Movem, acabaríamos pidiendo que los consellers tuvieran que demostrar conocimientos precisos de los asuntos de los que habrán de ocuparse. Y hasta allí podríamos llegar. ¿No será más importante que si han de cagarla la caguen en la lengua vernácula? Vamos, yo lo veo claro como el agua.

Imagínate, por ejemplo, el asunto este del alquiler vacacional. En lo que a mi respecta, si las discusiones (y habrán sido agotadoras, pues llevan meses y meses deliberando) se han producido en catalán doy por bueno el resultado. Bueno, igual es un desastre para la economía insular (las malas lenguas dicen que la norma destruye un apreciable recurso en las economías endebles mientras favorece al lobby hotelero de «dame una pulsera y trago con fruición lo que me eches» - en formato azúcares y grasas, si es el caso-), pero si quienes han decidido que no podemos alquilar nuestro patrimonio mientras vamos de vacaciones eran un poco rojetes y hablaban catalán (garantías básicas y necesarias -suficientes, exageran los críticos- para estar en el ajo), habrá que darles crédito, digo yo. Es como el Papa, que en cuestiones de fe no se equivoca. Pues esto es lo mismo. Si eres rojete (las malas lenguas ponen también esto en entredicho, vamos que insinúan que algunos se han apuntado al sarao en plan «por el interés te quiero Andrés»), de los de buen rollete, no te vas a equivocar en las cuestiones que afectan a esos capullos que quieren ganarse un pico en agosto para la hipoteca y tal.

Bastante contentos deberíamos estar. A ver si nos ponemos tontos, los cabreamos y prohíben el alquiler turístico también en las urbanizaciones turísticas, que por ganas no quedaría. Con lo que mola prohibir. Sobre todo si la prohibición no afecta negativamente al bolsillo del prohibidor. Eso es humano. No me digas que no.

Además tengamos en cuenta que todas estas difíciles decisiones las han debido tomar en el marco de unas estrecheces escalofriantes en el capítulo de recursos humanos. Menos mal que este handicap toca felizmente a su fin desde el momento que nuestros pastores han conseguido abrir un melón que se les resistía: «La mayor oferta pública de empleo que ha convocado el Consell en su historia».

Apuesto a que las malas lenguas tendrán también algo que objetar a esto. Pero digo yo, si no se preocupan ellos de velar por lo suyo (engordar al caballo), ¿quién lo hará?, ¿nosotros, que no levantamos la cabeza de nuestro ombligo si no es para quejarnos de cómo se despilfarran nuestros impuestos? Quia!