Les coses senzilles

Castaño oscuro

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Dice el refranero que el amor es una locura que solo el cura lo cura, pero el cura que lo cura comete una gran locura. Sin embargo esto ha cambiado mucho de un tiempo a esta parte, porque hoy las ciencias adelantan que es una barbaridad, según se decía en «La Verbena de la Paloma». Los matrimonios de hoy se hacen y se deshacen con una facilidad inaudita, y antes ni hablar del peluquín. Por cierto que esta expresión del peluquín procede de la comedia musical «Canelita en Rama», en la que Juanita Reina cantaba: «La cabeza como un huevo tenía don Valentín; a una niña se declara y ella dice que tiene una cosa rara, pero como viene con buen fin, ¡ni hablar del peluquín!». Cuando Joan T, de la novela «La vall d’Adam», fue a casarse y el cura dijo aquello de ser fiel en la prosperidad y la adversidad, en la salud y la enfermedad hasta que la muerte los separase, él dijo que eso le parecía mucho tiempo y a ver si no le podrían hacer una rebaja, a lo que el cura contestó: «No tenemos costumbre». Porque los matrimonios de antes solían ser para toda la vida, y por eso el refranero anda lleno de sentencias muy sabias sobre la prudencia antes y después de casarse. Más vale una mala boda que un buen entierro. Quien mal casa, tarde enviuda. El casar y descasar, despacio se ha de pensar. Boda y mortaja, del cielo baja. Viejo que boda hace, requiescantipace. Casados que se separan, fuego eterno se preparan. Compañía de dos, compañía de Dios. Dos que se aman, con el corazón se hablan. La primera mujer, escoba, y la segunda, señora. La mujer buena, de la casa vacía hace llena. Matrimonio bien avenido, la mujer junto al marido. Todo el mundo es ventura, nacimiento, matrimonio y sepultura.

Otro refrán asegura que sobre casarse no vale dar consejos, pero lo que suele pasar es lo que decía el abuelo Juan, decía que la mujer es un fanal y el hombre es débil. Entonces lo que pasa es que todo el mundo quiere casarse con una chica phat, que dirían los ingleses: pretty, hot and tempting, es decir, bonita, guapa y tentadora. Y las mujeres otro que tal, un tío buenorro. De ahí vienen muchos fracasos matrimoniales, pero lo malo es que suelen venir tarde, cuando ya hay niños de por medio, y entonces está lo de tenerle que pasar una pensión a la mujer, que ya no se dice mujer, sino «pareja», término que vale también para el marido, o se dice también «compañero» –menos mal que no se usa todavía la palabra «camarada», porque entonces el asunto pasaría de castaño oscuro.