Les coses senzilles

Islas perdidas

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Todavía hoy existen islas fantasma como la isla de Sandy que en 2012 fue encontrada en Google Maps y que en los registros oficiales simplemente no existe. Pero en el año 711 de nuestra era, cuando los musulmanes invadieron la península Ibérica, dicen que algunos obispos navegaron hacia el Atlántico y descubrieron la isla de las Siete Ciudades, a la que llamaron Antillia. Pero puede tratarse de algo tan fantástico como la Ciutat de Parella, que estaría hundida en el mar entre Mallorca y Menorca, cuyos habitantes ya están hartos de comer siempre pescado.

Escondida entre las nieblas de las costas irlandesas parece ser que existía la isla de Hy Brasil, que aparecía sólo un día cada siete años, pero que llegó a ser incluida en los mapas por los cartógrafos antiguos. En 1821 el capitán William Elliot avistó la isla Esmeralda, pero pudo tratarse de un espejismo atribuible al fenómeno Fata Morgana, una ilusión óptica que se debe a una inversión de temperatura en las regiones polares. En 1906 el explorador Robert Peary fue también víctima de este espejismo del hielo y bautizó como Crocker Land una extensión de tierra inexistente. Marguerite de la Rocque encontró en 1600 la isla de los Demonios de Terranova y pasó dos años vagando por allí hasta convertir el paraje en leyenda. En 1576 Martin Frosbisher y James Newton encontraron una isla llena de frutos y grandes bosques que llamaron Buss; fue inscrita en los mapas, pero cuando quisieron volver a visitarla no pudieron encontrarla. En el año 530 el monje irlandés Brendan descubrió La isla del paraíso, al oeste de las Canarias, y llegó a ser incluida en los mapas de la Edad Media, pero al parecer se trata de un fingido paraíso. Por cierto, las islas Canarias se llaman así porque las gentes de Juba II de Mauritania encontraron allí dos grandes mastines que el rey apreció sobremanera, y el nombre deriva del latín can y no tiene nada que ver con los pájaros llamados canarios.

En 1558 Antonio Zeno publicó un mapa con la isla Frisia, ubicada entre Noruega y Escocia, para la que se llegaron a inventar pueblos y bahías pese a que en realidad no existe. En el año 325 antes de Jesucristo Phyteas descubrió la isla de Thule, pero al parecer se refería a la costa de Noruega. En 1783 se incluyeron en el Tratado de París dos islas imaginarias, Phelipeaux y Pontchartrain. Los tour operadores deberían incluir estas islas y las que visitó Ulises en su retorno a Ítaca y organizar viajes fantásticos a las islas Perdidas.

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