Així mateix

Una situación anunciada

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El debate del día 5, lunes, mayo de 2017 entre los socialistas, Susana Díaz, Patxi López y Pedro Sánchez, fue la peor manera, aunque la más honrada, de aprovechar para decirse cara a cara las verdades del barquero. No se ahorraron las quejas que tenía el socialismo español, al borde de la quiebra unitaria por decirlo finamente porque su verdadero nombre es un cisma a cara de perro, una escisión traumática donde ni siquiera se vislumbra con garantías una coexistencia entre dos facciones ya públicamente antagónicas, la frustración viene de lejos pero en las últimas elecciones generales se magnificó, se les colmó el vaso de la tolerancia entre si cuando prácticamente les mordió los zancajos Podemos, para eso unos recién llegados que lo tienen todo por demostrar ante un PSOE con 100 años de historia y varios de ellos, en la actual democracia, ejerciendo el poder, aunque lo peor, lo inesperado, lo que más daño les hizo, fue ver cómo el peor PP, con el que se han enfrentado en las urnas les pasaba limpiamente por encima. Un PP asfixiado por la corrupción, un PP que ha dejado a los trabajadores con los derechos por los suelos, un PP, en fin, bajo sospecha según lo ya tantas veces publicado, sospechoso de una financiación ilegal. Con todo ese bagaje añadido al desgaste que siempre da el ejercicio del poder, y en este caso plenamente justificado porque el PP no compartió con la oposición ni la discusión, ni siquiera la sugerencia en sede parlamentaria. Por otro lado los socialistas iban muy lastrados por los ERE de Andalucía y el run run de discrepancia interna. Todo coadyuvó a que los votantes volvieran a darle el sí al PP, no diría yo la confianza. Si se quiere ver, esa es la prueba del algodón del hartazgo y de la quiebra de empatía de hogaño, muy distinta a la postura de antaño del votante hacia ellos.

Por si todo fuera poco, la Europa socialista está pasando por una quiebra de confianza que cualquier socialista de toda la vida sólo puede juzgarla aterradora. En España, al margen de quien gane el domingo 28 de mayo, debería el que lo consiga decirse para sus adentros que dios me pille confesado porque tiene como primera providencia recoger los restos del naufragio de las últimas confrontaciones electorales antes de pensar si quiera en poder presentarse a unas elecciones con un mínimo de posibilidades de ganarlas. Entre medias tiene también la mano derecha y la mano izquierda de apaciguar su mesnada bajo unas ideas, si no comunes, sí por lo menos homologables y no como ahora que cada uno es cada cual a la hora desastrada de soltar por esa boca su parecer, confiado en que el que dios se la dé, que San Pedro se la bendiga. Parece que sean como el herrero de Arganda, que machacando hierro se le olvidó el oficio. Quien gane ya puede ir atándose los machos porque fácil no creo que lo vaya a tener.

Una sola cosa a favor del debate del otro día al que ahora los medios le están pasando el cedazo fino o grueso, según se mire, siempre interesado de la opinión mediática. Los socialistas no ocultan debajo de la alfombra su situación, muy al contrario de otros que parecen vivir siempre en plena gloria de una situación idílica aunque los demás estén pasándolo canutas.