Ad libitum

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Ellas dos no cesan un instante de darle al móvil, aunque son vecinas y colegas en la Universidad alayorense.

–¿ Qué guay, ¿no?

–Estoy en Mahón, espérame en el Amadeus y te lo cuento todo.

Ello es que la víspera una de las dos había extraviado su virginidad, una palabra que ya no tiene vigencia y casi ha perdido el sentido. Piernas al aire se sientan a la sombra de la terraza del Café.

–Venga, cuenta. Ya sabes que soy virgen, pobrecita mía…

–Fue en el Polígono, dentro del coche, rodeados de otros  coches amparados en la oscuridad. Poco romántico, dirás tú.

–¿Dentro del coche? Sobre todo, muy incómodo

–El coche de Pedro es muy ancho. No veías nada pero sentías.

–¿Qué pasó exactamante?

–Nieves, no te pases, has visto muchas películas porno. ¿Sí tuve orgasmo? Pues supongo que sí. Pero no hay para tanto. Pedro tiene poca experiencia y yo todavía menos. La escritora Françoise Sagan decía que a los hombre les pierde la impaciencia. Y ella sabía…

–Otra cita de escritor, se ve que eres de letras. Supongo que vaís a repetir.

–Siempre con condón, claro.

-Y, por cierto, Luis le dijo a Pedro que él tenía muchas ganas de ti.

–Pues tendrá que aguantárselas. Besa fatal y en seguida desciende la mano…