Les coses senzilles

Curarse en salud

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Más vale sudar que estornudar, más vale un «por si acaso» que un «quién pensara», mejor es curarse en salud. Todo eso significa lo mismo que más vale prevenir que curar, que es el más conocido de los refranes que vienen a decir que es mejor adoptar los medios necesarios para que una situación no desemboque en un final sin solución alguna. Lo digo porque aseguran que el pueblo nunca se equivoca, y los refranes son reflejo de la sabiduría popular. Lo digo también porque acabo de regresar de una clínica donde me han practicado una colonoscopia y una gastroscopia, que es lo que decían en mi pueblo de algunos cólicos, decían el pobrecito anava per dalt i per baix. Por arriba y por abajo; casi por delante y por detrás. Yo lo llamo familiarmente una culoscopia. Y me acuerdo de una canción de los Animals que decía: «It's my life and I do what I want»". Era una protesta generacional: es mi vida y hago con ella lo que quiero. Lo que pasa es que yo decía: «It's my ass and I do what I want». Donde ass significa culo.

Lo que pasa es que mi madre murió a los 86 años de un cáncer de colon, y a mí ya me tocaba hacer la revisión preventiva. Me han encontrado una hernia de hiato de carácter leve y un pólipo de carácter benigno. Al menos eso es lo que me han dicho. Se están haciendo grandes avances en el tratamiento de distintos tipos de cáncer, pero lo más seguro sigue siendo la prevención, o el cogerlo a tiempo, que dice la gente. Por eso yo he ido con tiempo: solo he esperado 66 años. Nadie debería arriesgarse a esperar tanto. Fíjense que no hablo por boca de ganso. Ya superé un cáncer de próstata y un melanoma, por el sencillo método de cogerlos a tiempo. Pero es mejor no jugar con fuego. La cosa ha sido sencilla. Basta con beberse dos litros de preparado y un litro de té u otros líquidos hidratantes. Luego te pasas indefectiblemente por el váter y sacas las entretelas. A continuación el miedo, al que somos dados todos los humanos, incluso los valientes –tal vez esos más que nadie--, el miedo te pone tenso, o lo que es lo mismo, nervioso. Si tienes un poco de imaginación más vale que no le hagas caso. Te llevan al quirófano con un discreto delantal que deja el culo convenientemente al aire y te inyectan lo que yo llamo un buen chute gracias al cual no te das cuenta de nada, ni siquiera de los disparates que dices al despertar. Pero los doctores y las enfermeras ya están hechos a estos tragos. Entonces puedes contarlo, y echas mano del refranero.