Xerradetes de Trepucó

¡Victoria... Tú reinarás!

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En esta mañana de Viernes Santo, los cofrades de La Sang podríamos cantar al unísono «Victoria! Tu reinarás, oh Cruz! Tú nos salvarás».

Continúa el canto con frases tan hermosas como: «Tú brillas sobre los hombres que buscan la verdad». Precisamente en este pasado Jueves de Pasión, día 17 de abril de 2014, fue una noche especial que quedará escrita en la historia de nuestra ciudad de Mahón. Serían las 22 horas de una noche estrellada, llena de buenos augurios, cuando los adscritos a la Cofradía de la Preciosísima Sangre de la iglesia de San José, del Cós de Gracia, se dieron cita para iniciar una nueva andadura en los actos de la Semana Santa.

No todos acudieron con el mismo espíritu y, por el contrario, al finalizar todos estaban unidos por la lección aprendida, hubieran podido cantar el «Victoria», dedicado a la Cruz donde murió nuestro Salvador. Los había unido una vez mas ¡qué digo! mucho más, no recuerdo haber respirado jamás el ambiente de la noche del jueves. Se trataba de una nueva experiencia que se vio culminada con una gran satisfacción, la masiva participación de sus cofrades; cuantos pudieron estar presentes allí se dieron cita, vibrando los corazones de emoción al grito de: «Amunt La Sang». En aquellos momentos la iglesia se llenó de recuerdos de tiempos pasados, de hermanos mayores que supieron inculcar a sus hijos que hay que arrimar el hombro en todo momento de la vida, que hay que ser portadores de sacrificios, los mismos que debieron afrontar cuantos reiniciaron los cultos propios de Cuaresma al finalizar la guerra. Y aquí no puedo ni voy a nombrar por mor de quedarme atrapada entre tantos hermanos. que fallaría dejándome en el tintero a muchos y no quiero molestar a familia alguna. En representación de aquel grupo citaré a don Antonio Hernández, es practicant, y al señor Sintes de Radio Menorca.

Jamás, y estoy en el umbral de los 70, había visto una procesión como la de anoche. Sin ruidos ni estruendos de tambores ni trompetas, más parecidas a una proclama festiva, con sus fuertes sones que nada tienen que ver con el dolor y la tristeza de un entierro. Por el contrario, el sigiloso murmullo de tambores en apagado son le dieron grandeza al espíritu, a la vez que dieron pie a que los participantes pudieran marcar el paso como -repito- jamás había observado, haciéndome exclamar: Esta procesión no tiene nada que ver con la del domingo, falta de respecto de recogimiento, cofrades que hablan con unos y otros, cofrades que cruzan para ir a dar un caramelo, que no saben de composturas y mucho menos de marcar el paso.

Y por ser la primera en nuestra historia del siglo XXI que dejará huella fui contando cuantos participantes habían acudido y, si mis números no me fallan, la cosa fue así:

- 21 cofrades de San Pedro (Parroquia de la Concepción).
- 15 cofrades de La Piedad  (Parroquia del Carmen).
- 34 cofrades del Via Crucis (Parroquia San Francisco).
- 3 cofrades del Sepulcro (Parroquia Santa María).
- 3  cofrades de La Soledad.
- 118 cofrades  de La Sang (Parroquia San José).

Haciendo un total de 194 más otras 20  personas a título personal que también participaron  todos con sus antorchas, en el recorrido que si cabe, al llegar a la Rovellada de Baix con la calle de los Negros, hubiera podido  girar por la misma saliendo a la Raval, enfilando por la del Horno y reiniciando nuevamente por la de la Comedia, tal como se hizo.

Felicitar a cuantos participaron, de manera especial al reverendo don Juan Miguel Sastre por su empeño en ello y al señor Obispo que, a pesar de la hora y deber desplazarse de Ciutadella, demostró su amabilidad con todos, especialmente ses amorosies que fa a nes al·lots petits.

Deseosa de que este escrito sea reflejo de amor, paz y gratitud, me reservo mi pensamiento, acompañado de decepción  que no estuvieran presentes los que según siempre creímos que debían estar, es soldats, cuando se encuentra un Cristo en la Cruz. De ahí que el domingo de Ramos los de San Cornelio, según el reglamento, deben acudir a La Sang, haciéndome cavilar por su ausencia y llegando a pensar que debieron  sufrir alguna maligna epidemia. Deseándoles y esperando que sanen con una dosis de humildad, la misma con que horas antes habían demostrado tener, arrodillados ante el altar de la parroquia de Santa Maria.

Lo que parecía impensable e imposible, no lo ha sido. Yo no lo veré pero los hijos de mis nietos algún día celebrarán la procesión del Jueves Santo como la más importante de Mahón.


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