¿Utopía?

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Aunque hace tiempo que sé que la realidad siempre supera la ficción, la vida me sigue mostrando acontecimientos que me dejan perplejo.

Parece ser que se ha puesto de moda organizar congresos, como el de las enfermedades raras o menos prevalentes que se ha llevado a cabo en nuestra isla. Quienes lo organizan argumentan que es para concienciar a la población. No creo mucho en esto de concienciar a la gente. La gente ya tiene suficientes problemas, y además es muy olvidadiza o prefiere ver un partido de fútbol por televisión. Como los sabios con barba y pipa conocen estas flaquezas, como mi vida no puede depender del estado de ánimo con el que se haya levantado mi vecino, hace muchísimos años consignaron en un librito llamado Constitución que todos tenemos los mismos derechos, y que corresponde a los poderes públicos velar porque todos tengamos las mismas oportunidades. Recientemente, la Convención de la ONU sobre las personas con discapacidad, de obligado cumplimiento, no sólo ha recalcado este deber, sino que ha denunciado la facilidad que tienen nuestros gobernantes y algunas asociaciones que dicen que nos representan para mirar hacia otro lado.

Además, creo que apostar por esta línea de la concienciación entraña un gran riesgo, ya que si mis paisanos fueran realmente conscientes de la precariedad en la que vivimos, si supieran que los servicios que tenemos son irrisorios o que el 80% de las personas con una discapacidad grave en España vive en el umbral de pobreza, a la gente le daría un ataque al corazón o empezaría a preguntarse qué diablos se está haciendo con sus impuestos.

Puede que una de las finalidades de este congreso sea anunciar que a partir de ahora habrá asistencia para una vida digna. Esto estaría muy bien, pero sería un poco contradictorio y difícil de creer con los recortes brutales a los que estamos asistiendo. ¿Acaso significa que a partir de ahora uno podrá acudir a pedir ayuda a la institución más próxima sin que ésta te cierre la puerta en las narices? No sé, no sé...

“Hay que fomentar más la investigación”, seguramente será otra de las conclusiones. Perfecto. Pero me temo que no es más que una frase enlatada. Con un 40% de recortes en las partidas destinadas a investigación y desarrollo, con nuestros mejores científicos teniendo que emigrar al extranjero (por cierto, varios de Menorca), desgraciadamente no se me antoja tampoco una opción creíble.

Posiblemente, si viene la ministra de turno al acto inaugural y se ve un poco acorralada, anunciará algo así como un nuevo plan de acción para las enfermedades más olvidadas, o desvelará el nombre de una nueva ley que luego, con el paso de los meses, caerá en el olvido. Somos un país especialista en promulgar leyes y planes que después nunca se cumplen.

Pero a pesar de todas estas turbulencias, de todas estas circunstancias en contra, quiero pensar que quienes han organizado todo esto no se van a lanzar a la piscina sin anunciar algo medianamente útil. Las palabras bonitas están muy bien, pero al fin y al cabo lo importante son los hechos.

Seguro que se guardan un as en la manga. Puestos a soñar, me imagino como fin de fiesta a alguien saliendo de una inmensa tarta, abriendo los brazos y anunciando a todo pulmón que se ha decidido destinar el coste de alguna que otra rotonda a la investigación, o a proporcionar apoyos para que los afectados que viven aquí puedan tener una vida digna. ¿Se imaginan, por ejemplo, con 10 millones de euros cuántos miles de vidas se podrían salvar? Esto sí que estaría bien, sería un puntazo. Por fin podríamos sacar pecho, demostrando a todo el mundo lo solidarios que somos.

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