Xerradetes de Trepucó

Lina Camps Sintes

50 años dedicada a la lírica y al folklore

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De izquierda a derecha, Cruz Camps, Conse Catchot, Maria Escandell, Lina Camps y Mia Andreu. - Lina Camps

06-11-2015

Desde que inicié mis contactos con antiguos folkloristas menorquines, ansiosa que sus nombres figuren en las hemerotecas “per es dia de demà”, Deseaba, contactar con Lina Camps, y tal como decía santa Teresa de Jesús, la paciencia todo lo alcanza. En esta tarde víspera de Sant Antoni, logramos sentarnos junto al fuego. El reloj fue girando, las horas nos pasaron tan rápido como la vida misma,  sintiéndonos contentas, y satisfechas, por recordar infinidad de  momentos vividos, personas queridas, entre ellas aquel joven de Ferrerias, “Josep Moll Serra”, que Lina  conoció en Chapado Oro Vid  donde  ambos trabajaban. Allí nació el amor, dando paso a una feliz convivencia, fruto del que nacieron sus tres hijos.

Lamentablemente, no todas las historias, tienen un final feliz, y tampoco lo tuvo el matrimonio de Lina y Josep, Dios lo llamó  demasiado pronto. La muerte jamás es bien recibida y muy difícil fue aceptarlo por su familia, de manera especial su esposa, compañera y amiga, con la que compartieron treinta y seis años. “va ser com un buf”.

Tras este preámbulo con mi amiga, me dispongo a interrogarla, sobre el tema que me ha inducido. Debiéndola repartir con otro episodio, por sus cincuenta años en el mundo de la lírica y tradiciones tan menorquinas como la jota, el bolero,  y “ses cançonetes”  que todos escuchamos de nuestras madres en el momento de acunarnos. Por cierto, jamás he de olvidar, con la elegancia que  Lina y Josep bailaban  al compás de los pasos que marca la danza conocida por lanceros.
Lina, ¿dónde naciste?- En Sant Climent. La cuna del flolklore menorquín, que junto a Es Migjorn, es donde se encuentran las raíces más puras. Curiosamente siempre me he mantenido ligada al lugar, no en vano mi madre también nació y en mis genes por línea materna todos son oriundos de lo que fue el caserío.

¿Cuándo os mudasteis a Mahón?- Sería en 1947-48. En la Rovellada, frente a la calle del Pino, mis padres montaron una tienda de comestibles, al estilo de aquellos tiempos, en que se vendía lo que buenamente se podía, con la particularidad que el vecindario disponía de tan poco que la mayoría, lo hacía apuntando en la libreta. Este fue el motivo por el cual, desistieron de “fer feina per al Dimoni”. Se trabajaba mucho, y las ganancias eran muy pocas, cargaban con las deudas de la clientela. Interminables hileras de deudores. Fue una lástima, el lugar era encantador, su cercanía con la Explanada, tan distinta a la actual, polvorienta, donde las niñas jugábamos tranquilas.  Una etapa en el libro de mi vida, que ni se puede  olvidar, ni tampoco volver atrás. Añadir, que mi padre trabajaba en la calle Vasallo, muy cerca de casa, recién abierta la fábrica, La Chacinera Menorquina, estaba en calidad de “porquetjador”. En la misma, introdujo una nueva modalidad, salchichas, algo nuevo en la isla. Aquí  siempre se comercializó, la sobrasada, butifarrones, negro y de tela, camots, carnixues, pero jamás salchichas, lo que fue un acierto  muy novedoso.

¿Dónde fuiste al colegio? A San José, del Cos de  Gracia, regentado por  las religiosas de san Vicente de Paúl, con las que siempre me  ha unido una buena amistad y un recuerdo  muy especial para sor Ana, facultada para dirigir  cuadros escénicos, daba clases de canto. Vivió muchos años  en Santo Domingo, fue una numero uno evangelizando, una gran misionera que los nativos lloraron con gran dolor cuando subió al cielo.  En uno de sus últimos viajes, me comentó  haber sido la maestra de canto de la famosa Ángela Carrasco.

¿Cuándo te diste cuenta de que en tu interior afloraba, una Lina actriz  dotada para el canto? -En el colegio. Mi primer parvulario, donde aprendí a comportarme, actuar a cantar y por supuesto  los cánones que marcaban la enseñanza, escritura, matemáticas, geografía, historia etc. Años después estudié Cálculo Mercantil con sor Antonia Cots. (Por cierto Margarita te agradezco la fotografía que hace poco publicaste de la antigua capilla y jamás comprenderé y conmigo mucha gente de Mahón, el porqué se derribó. Una verdadera lástima.

¿Cuándo fue tu debut artístico?  Con cinco años. Salí por primera vez en el escenario del teatro del colegio, que se encontraba en el patio. Me encantaba actuar. 

En aquella ocasión, interpreté, el canto a Murcia, inducida por sor Ana. Jamás se me olvidará, “sa nirviada que duia”.

No en vano, yo venía pisando teatros desde siempre debido a que mi padre era violinista, miembro del grupo filarmónico del Ateneo Mahonés, dirigidos por el señor Taltavull. También formaba parte de las llamadas orquestinas, que actuaban en el Teatro Principal, en el Orfeón Mahonés, entre otros. Aquella afición de mi padre, me daba la oportunidad  de ir conociendo la mayoría de zarzuelas, mientras ellos ensayaban yo seguía atentamente aprendiéndome letras y sones.

Cantaba “de dalt fins baix”. La única que no llegué a conocer fue la obra del maestro Arrieta, la popular Marina. Al ensayarla por la noche hacía que no pudiera verla, lo mío se limitaba a acompañar a mi padre por las tardes.

Siempre recordaré mi primera  vez en el Principal, cantando, En un país de Fábula de la Tabernera del Puerto. Lo hice con 38º de fiebre, una gripe “de dalt de tot”, con motivo de celebrarse el festival Pro Reyes Magos. Era una buena forma  de recaudar  fondos.
Moverme por los teatros, inducía que al ser precisa la actuación de algún párvulo, se pensara en “ses fietes d’en Camps”,  lo que motivaba  que junto a mis dos hermanas actuáramos de vez en cuando.

¿Cuándo te incorporaste al grupo de  María del Pilar Escandell? En 1959. Había cumplido 16 años cada vez que pasaba por la Ravaleta junto a la tienda Terrés, me paraba en el balconcito a pie de calle, de encontrar las cortinas corridas “xalava una cossa grossa”. Observaba a Mª. Escandell, Cecilia Morro, su hermano Juan, las hermanas  Luisa y Mercedes Catchot, que vivían enfrente. Muy pronto me encontré con ellos y muchos más que lamentablemente me dejaré y que espero que me disculpen. Basilio Sastre, José Gibeli, Joan Mercadal, su hermana Gràcia, Mia Andreu, mi hermana Cruz, Alicia Huget, Miguel, Antonio Sabino, Lali Pons, Pito, Carmen, etc.  de hecho yo siempre había sido una entusiasta del fandango, y a Maria Escandell la conocía de siempre, incluso “m’havia servat”, lo cual me dio toda clase de facilidades para mi incorporación.

¿Quién te  hacía los trajes? Mi madre, mujer mañosa, muy habilidosa para todos los menesteres de la casa, cosía toda la ropa, disponía de una gracia especial para los detalles. En un principio, yo solo disponía de dos, el de señora y  el de payesa, uno de ellos me lo prestaba Teresita Pons, muy vinculada con San Clemente, jamás me ponía pegas, al contrario, hasta que le propuse que me lo vendiera de esta manera pasó a ser mío y por cierto le tengo un cariño especial. “A pesar que ja no me quep”.

Lo mío era ir de payesa, me sentía mucho más cómoda. Mi madre me hacía las enaguas,  las faldas, arreglos y estas cosas que tan gustosas hacen las madres, coser y arreglar, la cosa no era como ahora, se aprovechaba todo. Siendo tres hermanas, nunca le faltaba el trabajo de costura.

De momento nos despedimos hasta el próximo sábado, la emoción la embargaba y es que las madres… son parte fundamental en nuestras vidas.

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margarita.caules@gmail.com

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