Crítica es libertad

La cama

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Nunca vista

A veces me he preguntado que contestaría yo si algún día alguien me hiciera una hipotética entrevista de esas que se supone te dan a conocer mejor a tus conciudadanos. Una entrevista con preguntas tipo ¿cuál es su ópera favorita?, ¿cuál su personaje histórico preferido?, ¿cuál cree que ha sido su máxima influencia en esta vida?, ¿cuál es su sitio preferido de Menorca?, etc.

Para algunas de estas preguntas tendría respuesta inmediata. Mi opera favorita quizás podría ser “Tommy” de The Who, mi mayor influencia podría haber sido el ejemplo de mi familia y, a nivel personal, quizás me habrían marcado mucho Hesse, Huxley, Mann, una noche de copas, las tetas de cualquier tía buena y/o incluso la música de Keith Richards, Zimmerman o Ray Davies. Concretar otras respuestas quizás me supondría mayores dificultades pero no las tendría, seguro, para elegir /definir el sitio que más me gusta de Menorca. Mi sitio preferido es la cama. Mi cama.

La cama es el solar privado de cada uno, la parcela propia que nos identifica y nos independiza de los demás al menos durante unas horas y donde se pueden soñar quimeras y dar vía libre a las elucubraciones mentales más subidas. Así lo hace, por ejemplo, el Presidente + o las huestes del nuevo romanticismo nacionalista de una parte de la antigua Marca Hispánica que ha abducido (mediante “cremats” adoctrinados) a un sector algo importante del magnífico pueblo catalán.

En la cama también se pueden cumplimentar las hispanas siestas (que según C. J. Cela imponían “pijama, Padrenuestro y orinal”) y donde se comprueba que los humanos somos mejores, al menos en algo, que los monos (una de las cosas que nos diferencian de aquellos primates, la principal razón por la cual hay más humanos que monos en este mundo, es que mientras los humanos solemos hacer el amor cómodamente en una mullida cama ellos, los orates, lo hacen sobre las incómodas ramas de un árbol. Una incomodidad manifiesta. No hay color.).

La cama también puede ser motivo de “orgullo y satisfacción”. ¿Acaso no debe ser motivo de orgullo para todos que nuestro máximo representante, a su edad, vaya todavía de safari y sea capaz, como recordaba Sostres, de calzarse a una dama de la clase de Corinna. Independientemente de los efectos colaterales ¿no deberíamos vitorearle en vez de criticarle?

Pero otra cosa distinta es “hacer la cama”. Recuerdo que en el Internado de los Escolapios de Sarrià nos hacíamos la cama. Y también en la mili. Y también en los “Youth Hotels” de aquellos auto-stops por Europa. Incluso ahora la debo hacer todos los viernes.

Pero hay otros para quienes” hacer la cama” adquiere el significado vil y traicionero de la sintaxis y de la praxis política. Hoy en día en Cataluña “hacer la cama” se ha puesto de moda. Todos se encaman con todos pero esos todos, luego, se “hacen la cama”. Lo vemos con meridiana claridad ahora, en el denominado proceso soberanista (ese nuevo surrealismo hispano !qué contentos se pondrían Buñuel y Dalí!). Mientras Convergència se venía encamando con Unió desde, parece, los tiempos de María Castaña, ahora, el líder de Unió desabastecido ya del amor conyugal en vigor casi desde la Transición, ese señor de Pedralbes que dicen “bon vivant” y que parece vivir permanentemente en el Hotel Palace de MadriT, ha decidido apartarse del desastre que se avecina y prepara las sábanas para “hacer la cama” al depredador de langostas de todos los veranos menorquines (el tan conocido “lobster eater” de Fornells). Sabe el duro de Lérida, el bon vivant que vestía muletas, pantalón corto y zapatillas rosa en el “September 11th” para mostrar su momentánea minusvalía física pero, al tiempo, para demostrar su apoyo acérrimo a aquel aquelarre virtual, que ya se acerca la Semana Santa política y que él no quiere apurar el Cáliz de su particular Pasión.

El duro leridano, un Clint Eastwood de pacotilla, de repente parece devuelto al sentido común que aconseja al nacionalismo catalán seguir chantajeando al Estado pero nunca querer romper los vínculos con el pezón que le paga sus facturas y mantiene su tinglado. Ahora ha entendido que no es aconsejable alejarse de quien les ha permitido mantener un putrefacto status quo nacionalista. ¿O también lo hace para protegerse de sentencias inoportunas después de la tira de años? ¡Vaya por Dios con la cama!

(Reparto por orden de aparición: El comedor de langosta es Arturo +. El duro de Lérida es Durán y Lérida.)

Nota:
Traducir el nombre de la ciudad de Mahón como “Ciudad del ladrillo” es obvio y razonable cuando el término topográfico Maó significa, precisamente, ladrillo en la dulce lengua catalana.

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