Xerradetes de Trepucó |El Trocadero y sus aledaños

La residencia sanitaria de Mahón

|

Valorar:
Visto 38 veces

En el 2011 inicié esta sección, la cual en un tiempo los mahoneses podrán encontrar infinidad de datos, que he de suponer serán de interés y mucho más si se comparan con noticias que estos días van surgiendo sobre aquel local, del cual se han dicho “ disbarats grossos “. Como por ejemplo que se trataba de un cabaret famoso en los años sesenta. Incierto totalmente, sus días de esplendor se vivieron en 1934 al ser inaugurado, tiempos de la República, gracias a Primo de Rivera, padre e impulsor de esta clase de espectáculos, que junto al rey Alfonso XIII, fueron verdaderos forofos. Que conste, que no lo digo yo, la del Talaiot de Trepucó, de ello, nos hablan los libros de historia contemporánea.

Si releen aquellas xerradetes, observarán que mucho antes ya existían en nuestra ciudad, “es petits cabarets”. Uno de los más importantes para nuestros abuelos fue el que ocupaba lo que en los cincuenta albergó el taller Ipar, calle de san Sebastián con la de Bellavista. En aquel local en 1917, se exhibía una exuberante morena con lo que ahora se llama mini bikini, simulando una mujer salvaje, con decorados pintados recordando la selva. Esta artista tiene nombre y apellidos que me guardo, ya que no deseo ofender a sus familiares entre ellos sus nietos muy conocidos en Mahón.

En cuanto al decorado, debo añadir, que un carpintero que solía pararse en el taller d’en Gori, explicaba que él había ayudado en el trabajo de los decorados del Teatro, del Victoria y del petit cabaret, todos ellos realizados por el mismo Olives.

Añadir, que las puertas del Trocadero, tan solo se cerraban el primero de noviembre “Dia de tots es morts y el viernes Santo, con la particularidad que su propietario, don Miguel Guardia Timoner “al cel sia” del que guardo muy buenos recuerdos, siempre fue una persona muy educada, correcta y sutil, tanto que su fotografía o cuadro podría colgar con todos los honores en el Ayuntamiento, junto a otros que al día de hoy, no comprendo por qué están allí. Lo dije y lo diré, fue un personaje ejemplar, ayudó a las familias desde el más puro anonimato, corrió con los gastos de cantidad de vecinos enfermos cuando la seguridad social todavía no se sabía qué era “ni fer-hi prop”. Amén de los entierros, de encontrarse entre nosotros el señor Gomila “pare d’en Pito” lo corroboraría.

Y no tan solo cerraban el viernes Santo. Durante aquella semana, la música del Trocadero, se tornaba, diría yo, más melódica, dejándose de escuchar a las folkloristas, entre ellas una tal Trini que viajaba a Barcelona donde tenía un hijo. Hijo que llegué a conocer y tener entre mis brazos, lo cuidó mi vecina “na Filomena”.

Pero no voy a continuar con este tema, si no añadir que en sus aledaños se encontraban los terrenos del Árbol Santo, donde los mahoneses de los años veinte deseaban levantar un hotel de lujo, de lo cual ya di buena cuenta, y que no llegó a realizarse.
Lamentablemente las autoridades del momento cayeron en el grave error de destruirnos el paisaje con una sobredimensionada mole, la Residencia Sanitaria, que costó unos cuarenta millones de los años cincuenta, cuando con veinte duros, podía comer una familia los siete días de la semana, carne y pescado incluido, hacer infinidad de cosas y mil pesetas era “un bon grapat de doblers”. Y con treinta mil, se compraba “uns dalts i baixos” de la plaza de San Roque.

Gracias a un trabajo realizado por Juan C. de Nicolás, he podido saber, que el Ayuntamiento de Mahón, cedió un solar de siete mil doscientos ochenta metros cuadrados al Instituto Nacional de Previsión, la cesión se llevó a cabo poco después de la creación del seguro Obligatorio de Enfermedad, en 1945.

Parece ser que el Instituto Nacional de Previsión pensaba construir un ambulatorio en el paseo de Augusto Miranda, en el edificio Valls, después ocupado por la familia Florit Mascaró conocido por “en guingo”, propietario de la finca La Argentina.

Años después, fue ocupada por la AISS, y el palacio de justicia.

Como vecina que fui, y por la amistad con empleados de la residencia Monte Toro, en mi archivo dispongo de varias anotaciones, entre ellas, que la primera intervención quirúrgica, fue realizada por don Mateo Seguí Mercadal.

El hospital estaba regentado por seis religiosas franciscanas, la superiora Sor Margarita Hernández Mora, responsable de la farmacia que a su vez cuidaba del quirófano y la única planta que se encontraba operativa. Recuerdo a sor Margarita, con un manojo de llaves que colgaban de una cinta atada a su cintura, todo estaba cerrado bajo llave, solía comentar mi vecina Marieta Pelegrí, enfermera del lugar, que cuando iban a poner una inyección, debían avisarla, presentándose con el algodón y un porrón de alcohol de 90º.
Durante el mandato de las religiosas una de las cosas que imperó fue un estricto control de las cosas y un orden exhaustivo. De ahí que cuando ellas finalizaran, la casa tiró “es llençols per sa finestra” entrando el descontrol y el desmadre.

En la plantilla de médicos, se encontraban cinco de medicina general, entre ellos don Agustín Doménech Landino, don Rodolfo Pérez Mendoza. Varios especialistas. Urólogo, traumatólogo, (Juan Victory de Febrer) Otorrino, ginecólogo, (Mateo Seguí Mercadal) dermatólogo, ( Jose Mª. Escudero Monjo) endocrino, oftalmólogo, odontólogo, pediatra, especialistas en aparato digestivo, pulmón y corazón y rayos X ( Jesús Jusué).

Seis limpiadoras, una costurera, una cocinera, cuatro celadores, conformaban el equipo de treinta personas.

Al escribir el dato de los médicos de medicina general, debí anotar, las primeras visitas en el ambulatorio instalados en la planta baja, el 13 de octubre de 1955. Y lo pecaminoso que resultaba a ciertas señoras de nuestro Mahón, pasar por aquellas calles, que jamás debieron suponer que llegarían a pisar. Una de estas santas mujeres, me explicó que la primera vez que tuvo que recurrir a la residencia, lo primero que hizo al salir de aquel enorme caserón, fue irse a confesar a su paso por la parroquia del Carmen, añadiendo, que el confesor le había propuesto otra alternativa para volver a aquel lugar. Dirigirse por la calle del Castillo, enfilar la de San Juan, Bellavista “ i ja estea aclarit”, evitando el paso por la de San Sebastián, donde lamentablemente se había cruzado con una mujer por la calle con una indumentaria tan pecaminosa como ir con batín “per es carrer”. (No es broma, es tan cierto, como que en estos momentos se está levantando un fuerte viento, “i en Blancu brama com un desesperat”.)

Si mis datos no me fallan, la residencia y el Hotel Port Mahón se abrieron a la vez, el primero la primera semana de Junio de 1956 y el segundo por San Juan, aprovechando la onomástica del que fue su primer director, don Juan Victory Manella de grato recuerdo.
Debo finalizar, cantidad de faenas me esperan, pero no puedo hacerlo sin recordar a Marcela Real también vecina y muy querida por esta servidora y mi familia, junto a Marieta, lo guapas que iban con sus uniformes azul cielo, su blanco delantal, tupidas medias del mismo color, con su cofia, de ahí que años después un enfermo que se encontraba postrado en una de aquellas camas del hospital del Árbol, las nombrara al verse atendido por una joven ATS, con bata blanca con la cual se podía adivinar “de quin color duia ses bragues i es sostens”. Y “és que entre poc i massa sa mesura passa”.
La modernidad superó esta anécdota y mucho más.

––––––
margarita.caules@gmail.com

Comentar


Todos sus comentarios serán previamente moderados. Gracias por participar.

* Campos obligatorios

De momento no hay comentarios.