Contigo mismo

¿Año nuevo, vida nueva?

(O el peligro de convertirse en un teletubbie)

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Rafael murió tal día como ayer (uno de enero) hace dos años. De su ingreso en el ala psiquiátrica del viejo hospital se cumple, sin embargo, tan solo uno. Fue, y en eso coinciden médicos, enfermeras y pacientes, el demente más sano de cuantos poblaron la institución…

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¿Qué cómo empezó todo? Podríamos retrotraernos al 31 de Diciembre de 2011, cuando Rafael, el sujeto de marras, intentó abrocharse, sin éxito, una americana… Asombrado, se miró al espejo, pero esta vez detenidamente. Y cometió el error que cometen todos los que confunden el paso inexorable de la vida con un simple problema de dieta insana. Le esperaban a cenar. Se acordó de sus tiempos estudiantiles en Londres y de aquel viejo aserto, tan original, de "New year resolutions", lo que, traducido al castellano, vendría a ser lo que todos (¡No finjan!) nos "mentimos" cada final de año: "Año nuevo, vida nueva". Tal vez sea esta la trola más iterada de cuántas han nacido de la boca del ser humano. Así, en la lista de los incautos que creen que la cosa sí funcionará esta vez, figuran heroicidades tales como dejar de beber, dejar de fumar, dejar de incordiar a la suegra, dejar de consumir grasas, dejar de… (Omitiremos algunas cosillas políticamente incorrectas, esas sí, esas en las que usted, ahora mismo, está pensando).

Aquella cena de Nochevieja fue, pues, la penúltima de su vida. Por no decir la última, ya que las que la siguieron fueron meros sucedáneos… A la mañana siguiente, Rafael, agobiado por lo de la americana, pensó que un buen régimen le devolvería a sus dieciocho años. Craso error. Como buen capricornio (¿ah, no se lo había dicho?) se empecinó en conseguir su objetivo. Atracó el dos de enero (metafóricamente: él no era Gordillo) el supermercado de la esquina y compró yogures griegos (¿estarían caducados por lo de la crisis?) y "bifidus" (¿se escribiría así?) que, aunque no sabía a ciencia cierta qué eran, tenían apariencia de políticamente correctos… Por ende eran "activos", o sea, "la leche" (eso sí, desnatada). Incluyó la soja (¿soja?) esa de la que, últimamente, había oído hablar tanto... La mermelada, "light" (incomprensible barbarismo ya que, al entender de muchos, siguen existiendo las mermeladas "ligeras"); las galletas, sin no sé qué (jamás se daría cuenta de que las había confundido con las de los perros); los zumos, sin azúcares añadidos y el azúcar, a secas, mudado en sacarina; el café desnatado; el agua sin gas; el queso sin grasa; el pollo, pollo, pero sólo pollo; el pan, integral; el…  A la salida del "hipermercado" – cuentan- sucedió otro hecho que, unido al de la americana, contribuiría a modificar todavía más los hábitos de Rafael. Un obeso amigo le comentó que una dieta sin ejercicio, de nada servía (¿les suena?). Rafael, que era, básicamente, un cándido, no se percató de la incoherencia de que un obeso, obeso, le diera semejante consejo, así que lo aceptó entusiasmado… Teniendo en cuenta que llevaba meses sin practicar… (No es lo que ustedes están pensando)… Repetiré la frase: Teniendo en cuenta que llevaba meses sin practicar deporte alguno, decidió apuntarse a un "spa"; a unas clases de yoga; a un gimnasio; a unas clases de kárate; a una sociedad ciclista y a… No se matriculó en una escuela de toreros por puro milagro y porque  eso ya no se llevaba… Ni que decir tiene (¿lo ha adivinado?¡Qué guay!) que el pobre hombre padeció todo tipo de desgracias… La primera fue cuando, sin encomendarse a ningún santo, en el gimnasio, se plantó sobre una cinta transportadora y pulsó el primer botón que le vino en gana… Dicen que fue lanzado con tal virulencia que ya quisieran para ellos (los de la NASA esa) alcanzar su velocidad… Lo único positivo fue que, expulsado por aquel infernal aparato, dio a caer sobre una monitora de muy buen ver …  Sintetizaremos los percances: "spa", neumonía; yoga, rotura de tibia y peroné (los bomberos tuvieron que emplearse a fondo para devolverle su compostura natural); kárate, inflamación testicular aguda y lesión ocular leve; ciclismo, desaparición de un árbol que casualmente apareció en la carretera… Lo de los toros, después de todo, fue una suerte…

Al cabo de dos meses (y tres ingresos hospitalarios), allá por el mes de marzo, Rafael (¿a qué ya le están cogiendo cariño?) logró adelgazar, ante el asombro de su mujer, de propios y extraños, 162 gramos. De ello dan fe los cuarenta y dos farmacéuticos a los que visitaba diariamente para contrastar medidas, pulsaciones y pesos. Rafael llegó a la conclusión de que todas las básculas se la tenían jurada…

Su mujer, que había ido aguantado estoicamente las bondades de esa vida nueva, comenzó ya a desesperar cuando se enteró de que otro amigo, Remigio, le había señalado que una dieta con deporte era algo estúpido si no iba adobada de  meditación trascendental, por aquello de "mens sana in corpore sano" de las Sátiras de Juvenal …
Rafael se aplicó, consecuentemente, y como buen cornudo (¡entiéndase capricornio!), a lo de la "mens sana" con idéntica fruición a como lo había hecho con lo de la dieta y el deporte… A partir de esa fecha fue conocido por todas las sectas del orbe y, sin percatarse, creó una de nueva, producto de la mezcla de todas y fruto inequívoco de su progresiva (progresión geométrica) empanada mental. Su mujer, sí, formuló un enérgico "¡Hasta aquí hemos llegado!" cuando Rafael, su marido, llegó a casa vestido de Teletubbie, afirmando que de ellos, los teletubbies, procedería la salvación del mundo… Cuentan que la susodicha se escapó de casa y que se lio con un psicoanalista al que enriqueció al contarle las peripecias de su "ex" y que aparecieron casi inmediatamente  transformadas en formato libro; libro  editado por la editorial "Planeta" (ya en el exilio).

Rafael murió tal día como ayer (uno de enero) hace dos años. De su ingreso en el ala psiquiátrica del viejo hospital se cumple, sin embargo, tan solo uno. Fue, sin embargo, y en eso coinciden médicos, enfermeras y pacientes, el demente más sano de cuántos poblaron la institución… Pero eso ya lo saben… ¿Qué cómo ocurrió? Existen dos versiones al respecto:

A.- Lo ingresaron en el psiquiátrico después de entrar, muerto de hambre y como un poseso, en un restaurante de autoservicio y acabar, enloquecido, con todas las existencias (con lo que recuperó los 162 gramos perdidos). Las lenguas de doble filo indican que también mordió los obesos brazos de una cliente, tal era su prisa por catar un manjar sin soja, sin…

B.- Lo ingresaron en el psiquiátrico después de colarse  como inocente golpista en el Congreso de los Diputados vestido de Teletubbie para manifestar que sólo en él estaba –repito- la salvación, lo que provocó el descontento (¡natural!) de casi todos los diputados (algunos pensaron, sin embargo, que ganaban con el cambio).

Allí murió, en el centro psiquiátrico, finalmente, Rafael, feliz. Cuentan, eso sí, que había sido el loco más sano, deportista y filosófico, de cuántos habían pasado por el susodicho centro… En su honor se colgó, en el hall, un óleo del difunto vestido de teletubbie…

Finalmente, les recordaré que todo cuento navideño (o algo que se le parezca, como esto que acaban de leer) suele concluir, inevitablemente, con una moraleja… Ahí va:  visto lo visto, yo, por si acaso, cuando alguien me vuelva a proponer hoy eso de año nuevo, vida nueva, le haré (no sé ustedes) un sano corte de mangas y es que, la verdad, no me veo, a estas alturas,  vestido de teletubbie…

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