Crítica es libertad

Una proposición indecente

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No, no me refiero a la trama de la famosa película protagonizada por Robert Redford y Demi Moore. Sí me refiero a cosas que en principio parecen imposibles pero que finalmente se hacen realidad. Pasa en esa película. Cuestión de voluntad. O de saber convencer.

Esta introducción viene a cuento de la noticia sobre la futura apertura de un nuevo hotel rural en la finca “Formet Nou” (Mahó-Mahón). Parece que el Ayuntamiento ha concedido permiso para que las obras empiecen y acaben en unos plazos determinados. Como viene siendo habitual la administración tasa el tiempo al promotor.

En Menorca, tierra de burocracia fundamentalista, casi nadie cuestiona el funcionamiento de los engranajes administrativos. Me refiero a su fondo y forma. A lo más se pide mayor celeridad y eficacia, pero casi nadie se plantea un cambio radical en su funcionamiento.

Si en la situación económica actual es meritorio que haya gente dispuesta a realizar inversiones, también debería de exigirse que la administración se adaptase para impedir tardanzas en la concesión de permisos que  puedan “refredar” a los promotores. Todos recordamos ejemplos de lo ocurrido con las formas de los antiguos habitantes tripartitos del Consell Insular. Su lentitud (a veces deseada) frustró muchas inversiones que evitaron la creación de puestos de trabajo.

El PP menorquín tiene ahora un buen ejemplo de referencia: el ejemplo de Madrid.  A imitación de otros muchos países más avanzados, la Comunidad madrileña propone un  cambio de actitud que se basa en la transmisión de responsabilidades. Expliquémoslo.

Hasta ahora un promotor que quiera iniciar alguna actividad comercial, industrial, turística, etc. debe de solicitar los correspondientes permisos con antelación.

Para ello debe de recopilar y presentar multitud de planos, informes,  cumplir docenas de normas, pagar tasas, y….esperar. Sobretodo esperar. La administración no sólo tiene la responsabilidad de la concesión de las “venias” sino que también tiene el control de los tiempos, no los tiene el promotor.

Pero hay otras formas de hacer las cosas. Aunque parezca imposible. Y quizás ahora, con la crisis, sea el momento adecuado para replantarse nuevos hábitos y promocionar una nueva filosofía. Delegar la responsabilidad de la tramitación administrativa al promotor y a los técnicos que dirigen las reformas, las obras,  puede ser una de ellas. El cambio implica que sea el promotor quien informe al Ayuntamiento (o a la administración competente) que en tal fecha va a abrir un negocio determinado. Es el particular quien informa a la Administración de su intención. Esta comunicación incluye una memoria donde se informa que la obra se ha hecho de acuerdo a la normativa vigente cuya responsabilidad y fidelidad a la ley recae en la profesionalidad del técnico encargado de la obra que es quien avala la corrección del proyecto. Después, la administración inspecciona el negocio y certifica la obra o requiere las subsanaciones necesarias. Pero el negocio ya está en funcionamiento. El préstamo para abrirlo ya se empieza a rentabilizar y a amortizar, no hay demoras. Cero meses/años de espera para abrir un negocio. Cero tardanzas. Se arranca en cuanto estén acabadas las obras y se empiece la comercialización.

Ya sabemos que esta mejora haría enloquecer a los amantes de la burocracia que lo considerarán sin duda un ataque a cualquier cosa que nos podamos imaginar.

Lo considerarán un imposible. “Una proposición indecente”. Pero sólo es agilidad.

Hoy el mercado vuela, las  necesidades (las oportunidades) se deben de coger al vuelo. No se puede demorar una apertura meses/años en la confianza (o seguridad) de que el nuevo negocio va a durar eternamente. Normalmente no lo hará. El cambio es constante. Algunos negocios (de hecho los mejores) aprovechan una moda, una tendencia. Y después, cuando pasa, a otra cosa mariposa. La permanencia (“here to stay”) va pasando para dejar paso a lo eventual y a lo conveniente comercialmente en un momento dado. Ya nada es para siempre. Los retrasos y las esperas son injustificables. Los parados esperan. Evitar burocracia es reducir gasto público y provocar un plus de movilidad a la economía. Menorca debería de pensárselo.

Notas:
 

- Imposición del catalán estándar: ¿Cuántos eran realmente en Ciudadela? ¿500,300, o algo más de 250? Algunas fotos no mienten.  Menorca tiene 90.000 habitantes. ICM reunió a muchos más.

- Parece ser que muchos ya creen que pronto tendremos nuevo Rey. Todos los que hemos sido juancarlistas ¿seremos también neo-felipistas?

- Algunos confunden interesadamente el sentido religioso de Sant Antoni (“des porquet”).

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