Xerradetes de Trepucó | El Trocadero y sus aledaños

El ciudadelano Antonio Marqués, fundador de la Academia Mariana

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Inauguración de una de las dos traineras de que disponía la escuela Mariana en el Arsenal de nuestro puerto, donde se dieron cita las primeras autoridades. - archivo M. Caules

06-11-2015

Si he de ser fiel a lo que fue mi barriada, no puedo ni debo olvidar la calle de Santa Ana, con la Aserradora Menorquina del señor Juan Florit, del cual hablaré més endavant.
Frente a aquel almacén, el cine Alcázar, que también dejo para otra ocasión. Intentando dedicar la presente a quien lo fundó con tanto éxito.
Don Antonio Marqués, era amable, se entregaba a todos por igual, siempre escuché que se volcaba de lleno ante los más pobres, enfermos y desvalidos.
Por supuesto que no lo conocí, pero sí mi padre, que recibió por vez primera a Jesús Sacramentado de sus manos. Conservo como paño en oro el misal que uso aquel día, regalo del señor Marqués. En su tapa, una bella imagen de la Inmaculada.
Casualidades de la vida, hicieron que falleciera el 25 de diciembre de 1915, Natividad del Señor, coincidiendo en sábado, dedicado a la Virgen. Circunstancias que para los católicos son de dalt de tot. Quién mejor que don Antonio Marqués que tanto bien había hecho en su paso terrenal, que subir al cielo en tal día.
El fundador de la escuela de san Estanislao de Kotska, nacido en Ciudadela el 9 de noviembre de 1872. Cuantos le conocieron lo describían como un niño retraído, enfermizo de tez blanquecina. Sus juegos preferidos, montar capillitas, con sus altares, imágenes y multitud de flores que arrancaba de las macetas de su madre, con la consabida reprimenda.

Entró en el Seminario Conciliar de su población recién cumplidos los once años. Sus profesores, siempre preocupados. Li costava una cosa grossa. Por el contrario, demostró una férrea voluntad. Estudiando cuatro años de Humanidades, tres de Teología dogmática y dos de Moral. El veintiuno de marzo de 1896, el obispo Comes y Vidal le confirió las Sagradas Órdenes.

Uno de sus grandes amigos en el seminario fue don Federico Pareja, de tan grato recuerdo para los ancianos, el cual siempre intentó para bien imitar a Don Bosco. Fue por ello que llevaba a los niños en una especie de oratorio, ubicado en un hortal, que años después fue la Casa Salesiana. Mientras tanto Antonio Marqués, admiraba el trabajo que iba realizando su buen amigo Federico, entregándose a su obra siempre que le era posible. Y cuando más feliz se encontraba haciendo las veces de auxiliar, a favor de los niños y la juventud de Ciudadela, fue nombrado coadjutor en San Luis, beneficiándose la juventud de aquel pueblo, reuniéndolos las tardes dominicales, instruyéndolos en el catecismo y en divertidos juegos. Tardes muy placenteras, tanto, que al año, cuando el obispo lo destinó a la parroquia del Carmen de Mahón, San Luis, se volcó en plegarias para que no les dejara. Don Antonio Marqués, ya no era tímido ni passava de llis, siendo querido por todos.

En diciembre de 1896, fue nombrado vicario, instalándose en nuestra ciudad, con miras a los niños y a los jóvenes desde que salió de Ciudadela, pes cap li rodava una gran idea, llegar a disponer del grupo mayor de monaguillos de todas las iglesias des cap de llevant. Así fue, en 1897 todos sabían de las maravillas del señor Marqués. Llegando a ser tantos los niños, que no cabían en el camarín de la Virgen, que en un principio había elegido para sus reuniones. Si bien le ofrecieron varios almacenes, estos no merecían la conformidad del joven sacerdote. Incluso el Ayuntamiento habló de construir un local de nueva planta que no llegó a levantarse jamás.

El ciudadelano que continuaba en contacto con Federico Pareja, acostumbrado a vencer toda clase de obstáculos, le dio pie a que se dirigiera al nuevo obispo el Dr. Castellote Espinazo, el cual al llegar a Mahón donde se había hecho un llamamiento a la juventud, apoyada por sus padres y mayores que veían con muy buenos ojos la labor de Marqués.
En aquella llamémosle asamblea, se decidió permanecer en la barriada del Carmen. El mayo de 1898 se constituyó la Asociación de la Inmaculada y San Estanislao, donde los niños que se habían iniciado en las reuniones del camarín de la virgen del Carmen, dispondrían de mayor espacio.

Sus biógrafos, dieron a conocer que fue gracias al Dr, Castellote, quien supo vencer los escrúpulos del reverendo Marqués, cabeza visible de la Academia de San Estanislao.
En julio de 1899 la Congregación de la Inmaculada y San Estanislao de Kostka se instalaba en el edificio de la calle de la Concepción, que había sido antes de Cort Angèlica de Sant Lluís Gonzaga. Fue bendecida por el obispo Castellote Pinazo.

Siempre escuché que lo primero de aquella envidiable academia, fue la escuela nocturna de Instrucción Primaria y otra especial de Adultos, en unos momentos que los niños desde su más tierna infancia en vez de acudir a la escuela, ya trabajaban en infinidad de oficios. Niños y jóvenes aprendieron dibujo, solfeo y gimnasia. Según mi padre que fue un destacado en esto último, en el primer piso encontraban toda clase de aparatos para practicar.

Poco a poco se fueron ampliando las clases, incluso se preparaba para hacer el bachillerato, teneduría de libros, instrumentos  agregada a la del solfeo, incluso se creó un museo de Historia Natural. En 1906, la plantilla de alumnado era de 178 jóvenes, uno de ellos, el hermano mayor de mi padre que falleció a los 19.

Hace años tuve la oportunidad de copiar literalmente de un escrito de D. Andrés Casasnovas:

“A esta labor eminentemente cultural, se siguió otra no menos importante como fue la de previsión concretada en una mutualidad escolar, una sección de caridad, otra de socorros mutuos y la caja Kostiana dedicada a auxiliar a los asociados enfermos y necesitadas. Y en el orden físico, se completaba con excursiones a diversos lugares de la Isla, a la formación de un equipo de fútbol, a otro de pruebas náuticas para el que se adquirieron dos traineras, y cabalgando a medias entre lo cultural y lo entretenido se hallaban las veladas literario-musicales y las funciones y las funciones de teatro insertando de vez en cuando amenas sesiones de cine”.

Don Antonio Marqués, tuvo que vencer muchas dificultades, las envidias causaron muchos males al sacerdote que vivía para y por el bien de la juventud mahonesa. Encargándose en buscarles un puesto de trabajo, ayudándoles en sus enfermedades y las de sus familiares, haciendo de enlace en cuanto podía. Aquel arduo trabajo provocó una grave enfermedad, debiéndose retirar a su domicilio de Ciudadela en 1914, donde fue cuidado por su hermana Juana, que vivía en la calle de Ses Andrones.

La enfermedad, el haber tenido que dejar su obra juvenil, la Academia Mariana, le llenaron de tristeza y angustiosa depresión. Según me explicó el de las motoras, jamás podría olvidar, a pesar de tener tan solo nueve años, el clamor de tristeza que lleno nuestra ciudad en la segunda fiesta de navidad, cuando en todo Mahón corrió la voz de que el señor Marqués había fallecido. El día de San Esteban, se efectuó el entierro que abría todo el clero de la ciudad con cruz alzada, en la que seguía el féretro transportado a hombros por jóvenes academistas y flanqueado por otros con hachones encendidos.

Cuatro cintas pendían del ataúd conteniendo una sentida dedicatoria de la Academia. Cerrando la marcha, el batallón deportivo compuesto por más de noventa muchachos con su banda de tambores y cornetas.
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margarita.caules@gmail.com

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