Sin flash

Dime con quién andas

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Las autoridades sanitarias deberían advertir que “fumar” información sin filtro puede ser perjudicial para la salud. Una ingente cantidad de datos no es igual a conocimiento ni a sabiduría, pues la sabiduría es el arte de vivir guiado por una concreta escala de valores.

Lo aprendes de la gente que has ido conociendo y tratando a lo largo de los años.

Lo contrario de llevar una vida significativa, es caer en una vida insignificante. Así que podríamos afirmar: “Por sus valores los conoceréis”. Enteradillos hay muchos, pero como decía aquel docto menorquín: “un savi, és més dificil de trobar que un esclata-sang”.

La información, sin más, crece y se multiplica hasta límites insospechados; igual que el número de los ignorantes que, por el hecho de serlo, todavía no han descubierto que lo son ¡Qué le vamos a hacer! La información desordenada y carente de jerarquía puede tener el mismo efecto que una indigestión o una hipoteca basura.

Es preciso ser selectivo en casi todo. Las amistades, por ejemplo. Dice el antiguo refrán: “Dime con quién andas y te diré quién eres”. Por lo visto, no tenemos más remedio que vivir en pequeños grupos, que a su vez, se hallan inmersos dentro de otros grupos más grandes (teoría de los conjuntos que viven juntos), hasta que llegamos a la sociedad en general. Fuera de la sociedad, solo quedan los que han hecho algo malo y están cumpliendo condena.

Muchos jóvenes pertenecen a bandas. Necesitan sentirse aceptados, compartir alegrías, frustraciones o inseguridades con alguien. En las bandas, existe una jerarquía. El líder y los diferentes roles que asume cada uno. Algunas bandas son muy exclusivas y se necesita pasar por duros rituales de iniciación para ser aceptado. Incluso las hay delictivas, por el tipo de actividades que realizan. Algunas son cerradas y resulta dificilísimo entrar en su círculo. Mientras que en la “banda ancha”, cabemos casi todos.

El saber popular también dice: “Dios los cría, y ellos se juntan”. Las afinidades que nos llevan a juntarnos tienen que ver con los valores que hemos adoptado o heredado previamente. Los valores determinan, sobre todo, con quién nos juntamos, con quién andamos, con quién nos reímos, o de quién nos enamoramos.

Por eso, para entender lo que pasa últimamente y que tanto nos desconcierta, podemos preguntarnos: ¿Con quién nos estamos relacionando y qué valores sustentan dichas relaciones? ¿Son gente de fiar? ¿Nos conviene ir con ellos?...

Descubriríamos muchas cosas de nosotros mismos si pensásemos con quién o quienes compartimos un proyecto. En algunos casos, nuestras amistades resultarán una bendición del cielo; en otros, en cambio, pueden convertirse en un camino infalible a la perdición…

El viejo economista – que ya las había visto de todos los colores - le hizo esta admonición al joven político recién llegado: - Si quieres seguir perteneciendo al club de los países más ricos y prósperos, el mercado te dirá quién eres.

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