Sin flash

Érase otra vez

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Nunca vista

En un reino muy, muy lejano, situado en un recóndito lugar de Google Earth, vivían unos extraños seres llamados ciudadanos, a los que les hubiese hecho mucha ilusión poder vivir del cuento, como otros; pero no tenían más remedio que subsistir trabajando, para ganarse honradamente el sustento. Eso, los que tenían suerte. El paro amenazaba cual un dragón que todo lo devora, la felicidad y gran estabilidad de aquellas preciadas tierras.

Sus habitantes se regían por un Parlamento, donde discutían todo lo que podían y aprobaban unas leyes muy bien pensadas, con las cuales pretendían mejorar, progresivamente, el buen gobierno de sus vidas y haciendas. La paz y la prosperidad se apoderaron de toda la comarca y su vida cotidiana, plácida cual “bassa d’oli”, les hizo olvidar las inacabables disputas y terribles desgracias que habían padecido sus antepasados antaño.

A medida que iban aumentando, su riqueza y estado de bienestar, algunos se fueron volviendo mucho más codiciosos e insolidarios. Más exigentes y manirrotos. Y así, sin apenas darse cuenta, se apoderó de ellos el temible espíritu del Lucro, llamado así por los subliminales mensajes que soltaba continuamente, desde unos potentísimos altavoces:

¡Gastad, que ya pagaréis!

Comprad todo lo que queráis, que lo venderéis después por el doble.

No hace falta vigilar: todos los hombres son honrados por definición.

El mundo puede crecer sin límite; los recursos son infinitos, el crédito inagotable y los derechos no contienen obligaciones por la otra cara…

Fue tal el desmadre, que hasta el yerno del rey se sumó a la juerga. Las operaciones financieras son tan complicadas hoy en día, que la mayoría no las entendía ni las había estudiado nunca en la escuela. Por eso, unos pocos espabilados se apoderaron de los ahorros del resto de pringados y el abismo entre ricos y pobres crecía y crecía sin cesar...

Un buen día, nació Angelina, a la que sus padres llamaban cariñosamente “Jolie”. Era preciosa, además de lista y pizpireta; tan espabilada que pronto destacaría en el colegio y sus alrededores, causando gran admiración y grata sorpresa, entre cuantos la conocían.

Ciertos compañeros sintieron envidia ante tanta belleza e inteligencia. Algunos, cuando fuesen mayores, querían trabajar en algún programa del corazón, difundiendo noticias sensacionalistas y chismorreos varios; así que se pusieron a criticarla sin piedad y a buscar los trapos sucios que pudiesen encontrar en su familia o en su manera de comportarse.

Angelina sufrió lo indecible debido a la maldad y mala fe de quienes la rodeaban. Por suerte, sus padres y profesores la apoyaron, guiaron y aconsejaron con prudencia para que no perdiese el rumbo ni se dejase arrastrar por las tentaciones de una vida fácil e indolente.

Con el paso de los años, pudo demostrar su valía y sacar adelante una familia basada en el amor y la comprensión que ella misma había recibido desde niña. Esta historia tuvo un final feliz, cosa que no siempre ocurre. Y amarillo, amarillento, aquí se acaba este cuento.

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