Xerradetes de Trepucó

Eso dicen los periódicos... los Reyes están de camino

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Preciosa postal realizada por la niña Judith San Miguel Vadell

06-11-2015

Dios ha puesto el placer tan cerca del dolor,  que muchas veces se llora de alegría ( G. Sand)

Mis queridos Reyes Magos:

Después de saludaros, celebraré os encontréis bien de salud. Yo bien, gracias. Dispuesta un año más a escribir unos renglones, para agradeceros vuestra labor de ir regalando a unos y a otros y a esta vuestra humilde servidora. De manera especial, deciros la alegría que me ocasionó dejarais un ordenador a l’amo, de esta manera cada cual trabaja con el suyo,  y más como soy... tan mía, que no me agrada me chafardeen mis cosas a pesar que jamás lo hizo ni fer-hi prop, cada u, que tengui lo que es seu.

No obstante, en contadas ocasiones le pongo al corriente de alguno de los muchos correos que recibo. Entre ellos la felicitación navideña de José María de Olivar Ordis desde Laos. Antonia Borrás de 90 años residente en Barcelona. Mi apreciado Jesús Gomila, maestro de ceremonias de la barbería del mismo nombre. Toni Juaneda Cabrisas, al que siempre tengo presente junto a sus hermanos cuando no feien s’alçada d’un ca assegut. Arturo y Lina, con sus preciosas fotografías del museo de las bicicletas, Martina Garriga, que nos hemos conocido a través del correo, dándose la casualidad de que en un tiempo nuestras familias estuvieron muy vinculados. Xisca Riudavets Serra, mi admirado Juan José Gomila Félix, merecedor de ser nombrado  mahonés del año; Juan y Niní Mercadal, que tanto me hacen gozar con sus correos, prontos a recibir el nombramiento de l’avis. Juan Gomila y Marola; Darío y Ester.

Íñigo Orbaneja y Camila Delás, desde el caserón de San Antonio, balcón ideal para contemplar la inigualable belleza del puerto de Mahón. Y tantos amigos que no voy a desvelar, guardando su intimidad. Involuntariamente dejaba de citar a una gran amiga, con sus líneas, siempre maravillosas. Mercedes Milá, la defensora de nuestro puerto, hoy en declive cuando siempre se había encontrado en alza. Y por último mi querida amiga de infancia María Rosa Vicente Ferrán de Camprodón y su esposo Antonio Suriñac, uno de estos correcaminos pirenaicos.

Melchor, Gaspar y Baltasar. Debo confesaros que cada vez que me dirijo a Oriente, recuerdo la primera vez que os escribí. En aquella mesa de la cocina, que por tiempo había pertenecido a don Ángel Mezquida, odontólogo de mi familia e íntimo de Gori. Su vivienda y despacho se encontraba en la plaza Real, actualmente reside la señora Magda Roca Montanari, sa filla del senyor Toni Roca, esquina con la casa de la Iglesia. Aquella mesa se la regaló el dentista a Gori cuando se casó, y aún hoy se encuentra en Bini Repòs.

El motivo de que se desprendiera de la misma fue debido al aumento de su familia, ya no cabían en la misma. No sucedió lo mismo en el hogar número 25 de la calle de Santa Catalina, tan solo éramos tres, por lo cual uno de los laterales se encontraba pegada en la pared, bajo la ventana que daba al patio del taller de can Gori .

A los patios de la familia Suárez, que pasaría a ser el hogar de Juanita y Liberto, padres de Gemma Andreu, fotógrafa des Diari. Los Borrás, los Serrano… Añadir que la mesa en cuestión es uno de estos muebles queridos. No por la nobleza de su madera, ni caoba ni un cap de llamp. Es de pinotea, tiene más de cien años, encontrándose su leño sin tan solo un punto de carcoma. És una passada. Toda mi infancia, primera y segunda juventud se encontró pintada en verde musgo. Gracias al mayoral, que es un manitas, la liberó de infinidad de capas, quedando en color natural, imagínense, una preciosidad.

La que ahora sirve de auxiliar en un tiempo fue donde se desayunaba, comía, cenaba, hacía mis deberes escolares, jugábamos al parchís… Al llegar la última semana de este mes en que nos encontramos, escribía a los de Oriente.

La primera vez que lo hice fue a lápiz, sobre unos reglones que me hicieron para que la escritura fuera más o menos recta.

Gracias, queridos Magos. Gracias de corazón por todo cuanto dejasteis en los zapatos de las mujeres des talaiot de Trepucó. Deciros que de la tonelada de paciencia, de la buena, debimos pedir algo más, no fue suficiente. Siendo repartida a vecinos y conocidos, que precisaban y continúan en ello. Mientras a unos apenas les llega la paga de jubilación, otros deben compartirla con sus hijos al quedar sin trabajo. Trabajo sería un buen obsequio para muchos padres de familia que se encuentran en momentos muy difíciles.  

Nada más que despedirme, dado que tal como están las cosas no sería justo hacer una carta  pidiendo regalos, después de ver la miseria que envuelve a infinidad de familias, sin olvidar  el sufrimiento de unos padres impotentes al no poder ofrecer a sus pequeños algo tan básico como es la alimentación.

Iluminad a los científicos, que encuentren, como fue vuestro caso, una estrella que los guíe hacia un mundo mejor, más humano, exento de prepotencia y partidismos.

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margarita.caules@gmail.com

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