No es oro todo lo que reluce

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Nunca vista

Blanca Gómez González
directora de Recursos Humanos de Coca Cola de España y Portugal

Les confieso que soy una auténtica "devoradora" de experiencias, que tengo una verdadera pasión por conocer otros modos de hacer y que, como estoy convencida de que existen infinitas maneras de conseguir algo, intento tener todos los estímulos posibles que me ayuden a no "reinventar la rueda":

-leo todo lo que cae en mis manos que describa como se gestionan los recursos humanos en otras empresas ya sean grandes, medianas, pequeñas o aventuras empresariales unipersonales
-asisto a todos los foros que me caben en la agenda
-quedo a comer una vez a la semana con un colega de la función para intercambiar reflexiones y experiencias
-visito, junto con mi equipo, departamentos de recursos humanos de otras empresas
-tengo una verdadera "deformación profesional" que me lleva a preguntar a la gente con la que me cruzo en el día a día sobre su trabajo, sus lecciones aprendidas?

Paso, como ven, muchas horas leyendo y escuchando a los demás hablar de sus compañías, de sus formas de hacer o de sus proyectos y hay algo en lo que me temo que coincidirán conmigo y es que, en la mayoría de las ocasiones y sobre todo en prensa escrita y en foros profesionales, nos contamos los unos a los otros historias de "color de rosa" que distan bastante de la realidad.

No creo que haya mala intención en este comportamiento. Creo sinceramente que, en la mayoría de los casos, confundimos como son las cosas con como nos gustaría que fueran y hablamos más del ideal, de la visión que tenemos sobre las cosas, que de la realidad. Muy distinto sería que fueran nuestros empleados los que contaran las mismas experiencias.

Es cierto que el compartir todos esos "ideales" nos ayuda a ponernos el listón más alto los unos a los otros, y que el que finalmente sale ganando es el empleado, que se beneficia de que su empresa se vea de algún modo "obligada" a seguir las modas que corren en cada momento.

Sin embargo, un poco más de realismo, de humildad en contarnos tanto lo bueno, lo que hacemos bien, como aquello que no funciona tan bien, o que es francamente mejorable, nos ayudaría a todos a avanzar más rápido, nos daría credibilidad y nos ayudaría a reducir las decepciones de los nuevos empleados, que unos días después de su contratación descubren que todo parecido entre la empresa en la que han sido contratados y en la que creían haber entrado (a tenor de lo que habían leído o lo que les habían contado en las entrevistas de selección), es pura coincidencia.

Afortunadamente en los contactos personales entre colegas (en comidas, en visitas) el tono de las conversaciones es muy distinto y el plano en el que nos movemos es mucho más cercano a la realidad.

Para conseguir lo mismo en el plano público necesitamos la ayuda de todos:
-de los medios necesitamos que rebajen el nivel de sensacionalismo, que no fomenten los "cuentos de hadas" y que ofrezcan una perspectiva sobre los temas que incluya el mayor número posible de puntos de vista (incluyendo siempre el de los empleados)
-de los organizadores de foros y encuentros diversos, que fuercen a los ponentes a hablar tanto de las historias de éxito como de las lecciones aprendidas, y de los asistentes que reten a los ponentes con preguntas directas que complementen lo presentado
-de los que nos dedicamos a esto, un ejercicio de honestidad y
-de nuestros empleados, que nos ayuden a tener tan presente nuestra visión como nuestra realidad.
No es oro todo lo que reluce, pero con el esfuerzo de todos? puede llegar a serlo.

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