Xerradetes de Trepucó

...De barcas y de barqueros

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Margarita Caules Ametller
La gente es agradecida, reconoce a la vez que aprecia, al publicarle datos y acontecimientos que va pidiendo, incluso en ocasiones, se siente identificado.
 Debo reconocer o corresponder a los mismos a sus llamadas por teléfono o bien dejándome encargos y misivas en es filatero, como en esta ocasión, que en Toni xua amigo desde su infancia con el hijo des seguer, me comentó de su experiencia y conocimiento de la vida en La Fortaleza de Isabel II, no se parecía en nada a lo que alguien escribió días pasados en la prensa, debiéndole darle la razón. No había suelta de personal, sin motivo y al tuntún Deu mos alliberi, aquello no era ni el hotel Sevilla, ni el Bustamante. En sus cuarteles se vivía a rajatabla, con mucho orden, lo propio de un acuartelamiento, de lo contrario hubiera sido un valga'm Déu. Es por ello que estaba rigurosamente estudiado el horario y frecuencias de embarcaciones que enlazaban con la Fortaleza y el puerto de Mahón .Todo estaba atado y bien atado, estudiado al máximo, los permisos a la tropa e incluso los jefes iban en concordancia con los enlaces, de lo contrario ya me dirán cómo se trasladaban, no podían llamar a sus padres o amigos o a un taxi o a un barquero particular los fueran a buscar. Esta modernidad tardaría mucho en poderse efectuar, me refiero al teléfono móvil.

Allí los únicos teléfonos que funcionaban eran los de las oficinas de los jefes, valiéndose de una centralita. Un panel colgado de la paret donde cantidad de hilos, enchufes y clavijas hacían que se comunicaran con el Gobierno Militar, y cuantos cuarteles y baterías, se encontraban en la isla. Sin olvidar, el puesto de guardia que se hallaba en la puerta de la Reina.

Si mal no recuerdo, fue en 1956 cuando introdujeron en Menorca por primera vez los llamados teléfonos automáticos, correspondiéndole el 1000 al Gobierno Militar.

Volviendo al ir y venir del muelle comercial o de Villacarlos a la Mola, era una altra cosa bien diferente a la bajada. De tener que regresar, algún soldado o mando por falta de puntualidad a la hora de soltar amarres, no tenía más remedio que precisar del servicio de algún berguiné, que por ventura siempre se encontraban disponibles. De suceder tal cosa y tener que llegar a deshora en la Fortaleza, ya se sabía de antemano que pasaría la noche en el calabozo y según qué teniente se encontrara de guardia, lo mandaría directamente al servicio de peluquería para un nuevo look, que venia a ser un rapado al 0.

Antes de proseguir, añadir, que en varias ocasiones observé cómo la motora había tirado amarras e iniciado su camino, al momento de llegar varios soldados y el patrón de guardia de aquella semana, hacer caso omiso y dar orden de continuar la marcha.

En la Mola, disponían de 1 bote de madera hecho en la Estación naval en 1909, su coste fue de 300 pesetas. Con las siguientes características: Puntal 0'77 metros; manga 2 metros; eslora 5'40: desplazamiento 6.632; capacidad 20 personas; carga máxima 1.500 kilos; tripulación 4 marineros al remo. En 1950 se le acopló un motor Joyca de 5 HP y tan solo llevaba 2 marineros.

En los años 60, se usaba para el transporte del pan a la guarnición para la Fortaleza desde Villacarlos, servicio de estafeta de los Cuerpos y el transporte de personal de la misma con destino a Villacarlos.

Transportes Militares disponía de varias de estas embarcaciones, con diferentes destinos. 1 en el Hospital Militar construida en 1945 por la cual se pagó 4.750 de las antiguas pesetas. En los años 50 se le acopló un motor Joyca de 5HP y algo más adelante se le incorporó una camareta que protegía más al propio motor que al mismo personal.

Muchos recordarán, que iba y venía cada media hora, incluso se hacían los remolones alargándolo a 60 minutos; enlazando el muelle del hospital con el de Fontanillas, por ventura que se encontraba una cueva que poco a poco había sido engrandada, incluso se le puso un banco de madera, para que las esperas fuesen mas placenteras. Hacer el paseo como le llamaban los boteros, en un día de buen tiempo o de calma chicha, era todo un placer, pero si por el contrario , el mar andaba enfurecido y el viento era huracanado, la cosa dejaba de tener gracia, esquitxos i esbrufus para cuantos viajaban. A mí particularmente, me tocaron muchas idas y venidas, al corresponderle a mi padre el seguro militar, para cualquier cosa nos teníamos que desplazar a aquel lugar. Incluso, con motivo de una intervención que sufrió mi madre, pasé 30 días sin apenas bajar a Mahón.
Era frecuente, escuchar voces, procedentes de la otra orilla gritando?barquero? y el barquero sordo com una massa, dejaba que se desgañitase sin hacerle ni caso? Pero en aquella ocasión el que pedía ayuda, no era un pobre soldado como creía el barquero de turno, se trataba de un alto mando, el cual harto de esperar, subió la empinada cuesta dirigiéndose a uno de los cuarteles de la explanada de Villacarlos desde donde llamaron por teléfono al hospital militar, dando cuenta de la falta de atención del responsable de la embarcación. Va anar gros todos hablaron de lo sucedido, llegando a explicar que se le había castigado con un mes sin sueldo.

Hablando de castigos, recuerdo me explicó mi siempre querido y admirado Lorenzo Orfila patrón de la falúa del general, que un año fue multado con 300 pesetas que venía a ser la paga que percibía, por la siguiente falta: La procesión de la Virgen del carmen, la que se efectuaba por el mar, nada tenía que ver con la actualidad, se respetaba un riguroso orden. Delante el aljibe con la virgen, el sacerdote, varios marineros y el coro de cantores junto a los jefes y oficiales que lo desearan, A ambos lados en el mismo punto las 2 motoras o remolcadores de la Mola, iban al milímetro, a continuación también en cada lado las gemelas como llamaban a la motora del general y la del jefe de la estación naval, seguidas por las de pesca o del bou y a continuación las particulares, nadie se hubiera atrevido a pasarse, ni ir y venir levantando olas como se viene produciendo en estos años. Pues bien, parece ser que aquel año el señor Orfila se pasó de la línea imaginaria adelantando algo? casi res a la de la Base, siendo multado por el general. Fue algo inmerecido, tanto que los compañeros pusieron una gorra en el suelo pasando uno a uno destinándole un merecido respaldo?.

Otro día continuaré, las vivencias de aquella gente que formaba el devenir de Transportes Militares, es para esta servidora, como si hablara de mi propia familia, para todos ellos mis más profundos sentimientos.

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