Una clarinetista menorquina en Belgrave Square

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06-11-2015

Luis Alejandre Sintes
Joven, sencilla, educada, en su mirada ya se intuye decisión, tenacidad, genio. Le pusieron nombre de mar - Ona - y lleva un apellido muy común entre el rico mundo musical de Menorca, del que tan orgullosos nos sentimos.

Tiene que ser uno valiente, como Ona Cardona, para plantarse a sus veintitantos años  en Londres, a fin de ampliar estudios de clarinete. El Albert Hall, el Covent Garden, la Sinfónica de Londres, la National Gallery, el Wigmore Hall, y muchas otras  formaciones musicales conocen sus cualidades, su técnica, sus avances.

En el 24 de Belgrave Square se encuentra la Residencia del Embajador de España en Londres,  que acogió, el pasado 14 de Enero, al grupo de 86 locos que creen en la recuperación de la Isla del Rey, esta vez acompañados por sus autoridades locales e insulares, Alcalde de Mahón al frente, con el testimonio también presente de algo más de un centenar de ingleses relacionados con nuestro mundo cultural, turístico, empresarial o simplemente vacacional. Por supuesto localizamos e invitamos a los menorquines residentes en Londres. Pedimos disculpas por no haber sabido localizarlos a todos. Pero encontramos a una Tere?? Tutzó, a un Guardia Civil de Es Migjorn -Jesús ..?Moll, a descendientes de aquel Juan Femeninas Floris que montó en 1730 una tienda de plantas medicinales, aún viva, en  Jemyn Street, conservando los mismos muebles de "mahogany" que copió de su Menorca natal.

Todos, dimos buena cuenta de los productos "importados" desde la Isla: sobrasadas de Joana, mazapanes del turronero, coingas en pieza y en tacos, xoriguers a pelo o con tónicas o colas.

Teníamos claro que nuestra Embajada era la puerta natural de entrada en Londres, la que nos permitiría llegar con eficacia a Chelsea y a Greenwich donde se ubican nuestros "hospitales hermanos", de lo que representaba para nosotros tender puentes culturales más amplios que cualquiera de los 23 que cruzan el Támesis.
No fue difícil - tampoco fácil - convencer al buen Embajador Casajuana, de que le invadiríamos su residencia con más de 250 personas. No nos costó demasiado asumir condicionantes de puntualidad - estamos acostumbrados - ; todos sabíamos que a las 1830 "o´clock" entrábamos y que a las 2000 regresábamos al hotel. Cumplimos.

Pero, al margen de todo, queríamos "presentar en sociedad" a Ona. No deja de ser otra forma de hacer Menorca. Las peticiones previas no habían dado resultado. ¿Cómo se encajan cinco minutos de clarinete en un ambiente así?

Pero, superados los primeros minutos protocolarios, tras las presentaciones de Isabel Espiau, del Dr.Ballesteros y de Lothar Pabst, el ambiente se relajó, y la franca hospitalidad del Embajador propició reiterar la propuesta.

En resumen, Ona, tras resumir su biografía, tuvo la ocasión de interpretar a un difícil Falla en cinco minutos de indiscutible calidad respetados por un significado silencio.

En aquel momento se fundían muchos sentimientos: el valor de la  juventud, la valentía de salir de la Isla, el inteligente silencio de aquellos minutos, su familia, abuelos, padres, tíos?.Allí salía el genio, sonaba vibrante el fuego de Falla, en los labios y dedos de una joven menorquina llamada Ona Cardona.

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