Xerradetes de Trepucó | Máximo Polo Herrero

Memorias del Hipódromo Mahonés (18)

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Nunca vista

Margarita Caules Ametller
La historia y el tiempo nos van descubriendo nuevos nombres, personas que fueron muy conocidas y apreciadas, desvelándonos su gran afición al mundo del caballo.

Es un placer, para esta servidora, escribir de Máximo Polo Herrero, al que conocí toda la vida, precisamente trabajaba en calidad de  missatget en sa sínia des Moret cuyo aparcero era mi padrino de pila Francisco Cardona Llull. Siendo como era el l'amo, el chaval jugaba más que trabajaba con los hijos de la casa.

Nacido en Talavera de la Reina, en 1931 época de la República, llena de esperanza para la clase obrera. La familia la perdió al fallecer el cabeza de familia, dejando viuda, 2 hijas y el pequeño Manolo.

Circunstancialmente Juana, la mayor, se casó con un menorquín, Miguel Gornés desplazándose a vivir en es Castell, pasando de conserjes en el Hospital Militar. Ello motivó que se reunieran con el joven matrimonio, su madre y sus 2 hermanos, Dora y Máximo, dejando Talavera, en busca de una nueva vida.

Máximo que había llegado siendo un niño, crecía en el campo, trabajaba " de missatge que era la única manera que podía asegurarle su madre, un plato de comida caliente, espabilado, a nada temía, " era dit i fet. El contacto con la naturaleza y los animales se convirtió en su mundo.
De la noria des Moret, pasó a sa sínia des Cuc. Hasta que junto a su madre se decidieron alquilar la noria contigua al cuartel de Santiago, haciendo de payés a la vez que de lechero, logrando la adquisición de un carro y una mula con la cual hacia el reparto, se levantaba de buena mañana dirigiéndose a diversas fincas donde recogía la leche recién ordeñada repartiéndola en varias lecherías. Pero mucho antes de tal adquisición, lo hacía con una bicicleta, con sus correspondientes sarrias colgadas a ambos lados. Aquel año de feliz recuerdo, 1956 en que tanto nevó y la gente tiritaba de frío, Máximo pedaleaba su vieja bicicleta comprada en casa "des pistero de tercera o quinta mano, en mangas de camisa, no le fue fácil aguantar el equilibrio por vetustos caminos de ahí su calor. Con frecuencia solía recalcar las peripecias de cuando desapareció la nieve quedando el deslizante hielo.

De ahí mi admiración hacia Máximo y su lucha constante para seguir adelante en busca de un nuevo futuro, sabedor que venía de la nada, deseaba prosperar con todas las ansias de su ser, no era fácil salir de aquel mundo pero él lo lograría tal como logró, para ello no tuvo miramiento alguno en trabajar de día y de noche de lo que fuera. Limpiando pozos, "fent barrubins". En los años 60 disponía de una pedrera en Bini Guarda. Estuvo de aparcero en 2 fincas, saboreando el amargo trago de perder a su esposa con 2 niños de corta edad. Años después Dios lo premiaría, casándose de nuevo y formando una familia, Mercedes, 3 niños y 1 niña vivieron todos a una la difícil aventura familiar y que a ellos tan buen resultado les dio. Les enseñó del respeto humano, de ayudar al necesitado, de lo sabia que es la naturaleza, y del trabajo tan necesario y preciso para realizarse. Los niños, siempre estuvieron rodeados de caballos y gozando del campo. Máximo les explicaba que su afición le venía de pequeño, de sus días en las norias donde cabalgaba la yegua de Paco y un brioso corcel en la des Cuc.

En la actual avenida Menorca, frente la oficina de Sa Nostra, se encontraban unas cuevas, que alquiló para tener a su caballo cerca del campo del Menorca donde los domingos corría con su cabriolet. Pero mucho antes de participar, igualmente ya se le había visto por aquel lugar acercándose a los corrillos de los entendidos, llegando a hacer buena amistad con todos ellos y es que Máximo era abierto de carácter, campechano, amigo de todos, amante de hacer cualquier favor a cambio de nada. Aquel grupo de entendidos lo formaban: Juan Pons, al que todos llaman en Nito de can Casals; su cuñado Roman Morro, Vicente Carreras,  en sucre, Nito Vidal, Gaspar Bisbal, Vicente Roca, los Teixidor, Pedro Pérez en parot, Pepe Carreras, en butxaca, en Llano. Es fácil quede alguno sin ser mencionado, pidiendo disculpas por ello. Escuchaba y aprendía de los maestros, mientras él ofrecía arraigo presteza y ayuda, a buen seguro alguno recordará el dificultoso trabajo de rellenar con tierra y escombros los terraplenes del campo del Menorca explanándolos después para poder hacer carreras, con él participaron sus jovencísimos hijos en edad escolar, sin rechistar, aceptando de buen grado lo que mandaba el padre.

Él, junto a Pedro Pérez, fueron los que abastecieron de caballos el picadero de la carretera de San Luis, viajando a Palma donde sus contactos les permitían poder comprar bestiar, para disfrute de una entusiasmada juventud que tenía puesta su mirada en las carreras, gracias a las mismas se inició lo que se podría llamar una nova enfornada de caballistas.

Sus hijos, me fueron dando nombres de caballos criados por él, que tantas glorias dieron al trote, la última fue Vaurania. Hubo otros, Bolívar, Nelson, Mai-Mai, Espoir de Chapeau adquirido en Palma.

Muchos aficionados lo recuerdan trotar con su camisa de seda blanca incrustada con dados azules. y su sonrisa que siempre le acompañaba.

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