Meteduras de pata de los políticos

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Nunca vista

José María Pons Muñoz
No sé si ustedes se dieron cuenta, pero el señor Bush, antes de irse a su rancho y dejar el puesto al señor Obama, y al mundo más tranquilo, se acordó de condecorar a sus leales, como por ejemplo Tony Blair, pero se "olvidó" al señor Aznar. Por lo visto, poner a dúo los pies encima de la mesa, no indica categoría ninguna que merezca el reconocimiento de una condecoración. La verdad es que, seguramente, Bush utilizó al señor Aznar igual que a tantos otros, para entrar en Irak acompañado. Para eso no tuvo ningún problema, porque algunos con tal de ir al lado del todopoderoso, no fueron precisamente exigentes para preguntar a qué iban y por qué iban. Bush sabía lo que se le podía venir encima a nivel mundial, entrando a sangre y fuego en una zona del planeta tan conflictiva. Por eso buscó la complicidad de otros, que se implicaron en uno de los grandes errores bélicos que el ser humano haya cometido. La fidelidad del señor Aznar hacia el señor Bush debe ir más lejos que a acoplársele la voz con el deje tejano. Sólo así se explica que ahora ni siquiera vea cómo ha dejado la economía americana y por eso, indirectamente, la del resto del mundo. Fíjense cómo estarán las cosas que en el Reino Unido están estos días sopesando si nacionalizar del todo a la banca, y corren serios rumores de que podría entrar en una quiebra nacional. Imagínense un país como Inglaterra que se declarase en quiebra. Cosa que, afortunadamente, aún no ha sucedido,  pero que no hay que descartar que no suceda.

La mayoría de observadores cuando valoran al señor Bush y su política, lo califican con un suspenso. Y al presidente saliente, como el peor que haya ocupado la Casa Blanca. Por eso, entre otras cosas, el nuevo presidente, señor Obama, lo tiene muy difícil, y más cuando ha generado tantas esperanzas, tantas expectativas de cambio. Al escuchar a algunos políticos europeos en sus exageradas alabanzas hacia el nuevo inquilino de la Casa Blanca, diríase que esperan que éste, además de arreglar el desaguisado que Bush le ha dejado, pueda, de paso, reflotar la crisis de los demás.  Hombre, es verdad que en la medida que EEUU corrija su derrumbe financiero, al rebufo, corrijan algo el problema que tenemos los demás. Pero va a tener que ser cada cual quien tenga que recomponer su malbaratada economía.

Por cierto, tenemos unos presidentes que saben cómo ganarse la antipatía de los presidentes americanos. El señor Zapatero, sentándose al paso de la bandera americana, que, automáticamente, los "correveidile" se esforzaron en contárselo a toda la administración americana  y a su presidente, enfatizando lo que sin duda podía y debía haberse evitado. Aquél fue un error que no le ha dado por eso a Zapatero ningún crédito político, más bien al contrario, al poner en boca de la oposición argumentos con que atacarle. Una cosa son los debates, la tensión política, las posturas acertadas o equivocadas, y otra muy distinta, la obligada cortesía. Algunas veces, cuando ésta no se ha dado, ha generado problemas bilaterales que luego tiene que recomponer la diplomacia.

Otro ejemplo más reciente de "poca cintura política" o incontinencia verbal, la ha tenido el señor Aznar, cuando refiriéndose al futuro presidente señor Obama (aún no había éste jurado el cargo), dijo: "es un exotismo histórico y un previsible desastre económico". Mira que son ganas de autobuscarse descrédito el de este hombre. En primer lugar, el color de la piel del señor Obama no es ningún exotismo, y en segundo lugar, para desastre económico, el generado durante este último mandato de "su amigo", el señor Bush. Posiblemente el mayor desastre económico en la historia de los desastres económicos que en este mundo han sido. Pues mire usted el inmenso tsunami en la economía americana, y como consecuencia, en la economía mundial, se ha producido siendo presidente el señor Bush. Las consecuencias, hoy por hoy son, además de incalculables, imprevisibles, y decir lo que van a durar es futurología arriesgada. Lo único que sí sabemos, desgraciadamente, es que hemos retrocedido varios años.

El señor Aznar podía haberse callado, evitando cometer con tan pocas palabras dos errores tan inoportunos como impropios, en quien un día fuera presidente del Gobierno de España. 

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