El presidente de la esperanza

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Nunca vista

José María Pons Muñoz
El acto del juramento a Presidente de los 50 estados de la unión americana por el señor Obama, convierten al 20 de enero del 2009 en un día para la historia. Así de trascendente es un presidente de EEUU.

Están, se lo digo ahora mismo, completamente equivocados aquellos que piensan que el presidente de EEUU sólo afecta a aquel inmenso país, y que Europa está lejos, y por eso, España también. Hoy nada está lejos, y la política americana, menos. Fíjense en la trascendencia, en la implicación de la guerra de Irak. El señor Bush, en mala hora, dijo que había armas de destrucción masiva, y allí que se metieron los europeos, además de otros países. Las consecuencias de aquel error han sido, y están siendo, muy caras. Y miren también la gigantesca crisis de un efecto global, con especial incidencia en EEUU y en Europa sobremanera, incluyendo dentro de Europa a España y Alemania, cuyos políticos afirmaban, hace tan solo unos meses atrás, que el desplome de la economía americana no les iba a perjudicar prácticamente nada. Y ahora, estamos de crisis hasta las orejas.

Muchos de los que hace tres meses tenían trabajo y ahora están en la lista del INEM, ni siquiera saben que esta crisis comienza por culpa de las llamadas hipotecas "subprime". Un desastre hipotecario del sistema americano, que va a incrementarse por las hipotecas "option arm", incluso las "alta-a", que generarán un repunte de impagos, que sumados a los ya declarados, van a asumir a la economía americana en una depresión superior a las del 29, que además aumentará el efecto de la que está padeciendo Europa, Asia, prácticamente la economía mundial. Nos esperan bastantes años de vacas flacas. En España, más que flacas, famélicas, al derrumbarse al mismo tiempo el armazón de ese desastre que aquí, por desidia política, ha sido el pelotazo del ladrillo. De manera, que una de las esperanzas que Europa tiene para empezar a salir de la crisis, es que el nuevo Presidente de EEUU y su administración, sean capaces de ir reflotando su propia crisis.

El señor Bush le ha dejado al señor Obama un país sumido en gravísimos problemas, que, por conocidos, tampoco es menester un reiterativo listado de los mismos. Lo que sí debo añadir es que los problemas que acaba de heredar el señor Obama, afectan, y de qué manera, a otros países, y encima con menos recursos para salir de ellos. El socavón que se ha generado se ha llevado por delante las expectativas de un bienestar que no ha resistido el remolino que ha generado el hundimiento de la economía americana.

Pero ahora toca hacer también otros comentarios sobre la efeméride de jurar o prometer el cargo de un nuevo presidente americano, convertido ya en el hombre más poderoso del planeta.

Entre 44 presidentes, fuerza es que surjan algunas anécdotas, algunas curiosidades. De hecho, el nuevo presidente, señor Obama, ha protagonizado su primera anécdota justo en el momento de repetir el formulismo de las palabras que le convertían en presidente, quedándose momentáneamente en blanco.

Durante el discurso, que con el mismo motivo pronunciara el 9º Presidente, William Henry Harrison, 1841, hacía una temperatura gélida, y el suyo fue el discurso más largo hasta ahora pronunciado en una toma de posesión del cargo de Presidente, 105 minutos, murió un mes después, el día 4 de abril de 1841, a causa de una neumonía contraída durante su largo discurso. El Presidente James Garfield, que hacía el presidente número veinte, 1881, cuatro meses más tarde de haber tomado posesión como presidente le dispararon, falleciendo tres meses después como consecuencia de aquellas heridas. El primer Presidente que tuvo coche fue Theodoro Roosevelt, 1901-09. El coche en cuestión era un Stanley Steamer. El coche del señor Obama es un prototipo llamado stagecoach, de la casa General Motors, cuyo sistema de seguridad es casi de ciencia ficción. Además lleva, incluso, una reserva de sangre del señor Obama por si necesitara una transfusión. En fin, tampoco se trata de aburrirles con una exhaustiva narración en el anecdotario de los presidentes americanos. En cualquier caso, y eso sí que me parece importante, desearle a Barack Obama que tenga suerte, porque a su suerte va ligada la de millones de personas que ni siquiera son americanos.

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