Xerradetes de Trepucó | Martín Mata Carreras

Memorias del Hipódromo Mahonés (15)

Valorar:
Visto 2 veces
preload

Campo del Menorca. 4 de abril de 1954. Martín Mata Carreras con tan sólo 15 años

06-11-2015

Margarita Caules Ametller
Interesante historia, la de la familia  Mata, herederos de Martín Mata Sanz, según ya expliqué la semana pasada, arribado a Mahón de manera forzosa para cumplir con el servicio militar. Y al finalizar el mismo, se quedó tan feliz por hallar el amor de su vida, lo que le motivo no regresar a su ciudad natal. Margarita, una de las hijas del predio de Sa Dragonera, sería su esposa y madre de sus hijos, fundando una dinastía emblemática en toda Menorca. El mundo de los caballos va ligado con ellos, con los Mata, excelentes conocedores de los mismos a la vez que destacados caballistas.
Tal como siempre había estado establecido, los nietos mayores llevaban el nombre del abuelo paterno, así es como Martín Mata Carreras, hijo de Victoriano Mata Pons y Margarita Carreras, lleva con orgullo es nom de l'avi. El matrimonio tuvo 2 hijos más, Vicente y Tito.

De Martín Mata Carreras (22-12-1939) se podrían escribir infinidad de páginas, todas ellas de gran interés. No puede decirse cuándo se aficionó a los caballos, nació entre ellos, de draps ja el posaven damunt des cavalls, no en vano su padre trabajaba de tratante o baratero, que era como los llamaban. No tan sólo iba de una finca a otra, comprando y vendiendo, también salía fuera de la isla, viajando de un lugar a otro, visitando ciudades en busca de bestiar, cumpliendo de esta manera encargos que le hacían los aparceros de las fincas, o las empresas dedicadas al transporte. Uno de los lugares más visitados, fueron Reinosa y Bilbao, donde adquiría caballos aquí muy preciados. Aquel trabajo, no resultaba fácil, ni cómodo, debiéndolo embarcar con el tren de mercancías hasta Barcelona. Si para los humanos aquellos vagones representaban una incomodidad, es fácil adivinar que los potros, llegaban a su punto de destino en lastimoso estado.

Una vez arribado en Barcelona, llegaba la 2ª tanda de inconvenientes, conduciéndolos  al puerto barcelonés donde eran embarcados con rumbo a Mahón.

Como muy bien añadió Martín, eran otros tiempos, de mucha escasez de medios, todo muy rutinario, difíciles para aquel hombre que debía encargarse que su mercancía no sufriese daños, como a veces solía suceder. Los caballos no disponían de un lugar adecuado, en el barco los bajaban en la bodega donde otras cargas de cajas y paquetería iba y venía con el vaivén de las olas, transformándose en juguetes de un mar que no planyia lo que duia es vapor.

La familia Mata Carreras vivían en la carretera de Mahón a Alaior en casa Mata, el padre comerciando y la madre cuidando de la casa. Los niños debían ir a la escuela, eran pequeños, pero Martín, el mayor, era un homenet, a lo sumo 7 ó 8 años, confiándole  la responsabilidad de conducir un carretón tirado por una somereta o los populares caballos sardos. Aquel era el transporte de los hijos de Victoriano para ir a la escuela. Recuerda que cada vez que su padre vendía alguno de aquellos pequeños animales, los niños lloraban desconsoladamente, lógico, les depositaban todo el cariño infantil como si se tratase de un juguete.

Martín, que era el mayor, hacia de conductor, a la vez que vigilaba a sus dos hermanos menores, por la carretera de camino al colegio, cruzándose  con carros  y carretones que iban o venían de Mahón, algún camión, alguna bicicleta y los que transitaban a pie, que eran la mayoría, todos los saludaban y los niños hacían lo propio.

Al llegar a Casa Parot, ja esteien salvats, bajaban la Raval, dirigiéndose a la calle de Alaior, directo a la cochera del hermano de su padre es conco Tino, donde dejaban el carro i sa bístia, dirigiéndose al  colegio de La Salle.

Al regresar, volvían a hacer lo mismo, aquellos hermanos gozaron de la vida en el campo, tenían muchos amigos para poder jugar, entre ellos los dos hermanos Climent i Nito de Talatí. En Talatí d'en Vinent estaba Pedro, en Alfavaret, Sebastián y Nito, en Santa Rosa, Marcos Carreras, en Son Rodavents, Antonio y su hermano. Jugaban a correr de un lugar a otro, alguna guerra y los juegos propios de los chavales, hacían volar grandes pájaros de papel, tirando y aflojando del hilo; tras una pelea se reconciliaban, siendo de nuevo grandes amigos; coses d'al·lots.

Tenía 12 años cuando lo pusieron a trabajar, ganaba 12 pesetas semanales, cantidad que entregaba íntegra a su padre. Aquel puesto de trabajo, especie de universidad, donde se aprendía de oídas infinidad de cosas, unas buenas, otras no tanto y algunas que no era preciso haberlas escuchado a tan corta edad. La Morada, el bar de la plaza del Bastión frecuentada por gran variedad de individuos, entre ellos muchos payeses, tratantes que allí se dirigían para comprar o vender, hacer algún negocio, prestamistas. El ambiente era denso, de pipa y pota, sin olvidar el picadillo que con gran destreza  y habilidad envolvían en papel de fumar. Variedad de tapas, acompañadas de cafés con leche y otras bebidas, daban cuerda a los parlanchines, mientras el niño intentaba ser diligente. Se embelesaba escuchando a los mayores cómo hablaban y acordaban carreras de caballos en el campo del Menorca, donde su padre participaba, siendo des bons.

Hombres que jamás podrá olvidar. Antonio Ferrer senyalet, Teixidor de can Doga, Pedro Carreras, Toni de s'Alairó que venía  de Mercadal, Carrión y el doctor Pedro Mir.

Aquellos hombres, buenos conocedores de las carreras, acogían con cariño a Martín, no en vano desde que tenía 11 años participaba las mañanas de los domingos corriendo en es camp. Lo hacía con un caballo llamado "Trampolín", sus propietarios, los hermanos Marcant, estaban satisfechos de los resultados que daba.
A buen seguro que ha sido el más joven de todos cuantos han participado en el tema que nos ocupa.

Pero aquel oficio no iba a ser el definitivo, sus amigos y compañeros hablaban de la bisutería, se ganaba bastante y los sábados y domingos se descansaba. Entró a trabajar en casa de Mestre Joan frente la casa Joyca, después paso a la calle de San José y cuando apenas tenía 16 años, se hizo cargo del mismo. Martín fue un chico precoz. Montó aquella especie de negocio en uno de los establos de Casa Mata. De allí a la calle de los Frailes 43, haciendo fornitura, carabussos para el taller de los Fernández.

Por aquel entonces alguien le propuso entrar en telégrafos, un puesto  fijo, paga segura y muchas horas para poder trabajar en otra cosa. Entró y al poco lo destinaron a Barcelona. Se paseaba por la gran ciudad montando en bici, repartiendo telegramas, vivía en la calle Bailén, 39, en casa de su tía Constancia, hermana de su padre; todo muy bien, pero añoraba su ambiente de la isla y regresó. El chico era espabilado y no se apuraba, era trabajador y el trabajo no le iba a faltar. Al día siguiente, comenzó en la INI, hacían la GESA y faltaban manos de obra.  Dos o tres meses y los hermanos Paco, Toni y Damián Pérez, que en las escaleras de la Raval tenían una bisutería, le propusieron que pasara a su taller. Al poco tiempo, otro propietario le pidió que fuera su ayudante, los de La Carbónica. Repartía con un triciclo, y más tarde con un camión, sifones, gaseosas y el popular Fru-Fru tan de moda,  bebida refrescante de las familias.  En verano solía ir a Villa Carlos de  4 a 5 veces en una tarde, cargado fins dalt de tot.

No es de extrañar que los fabricantes y comerciantes se lo disputaran, Martín Mata disponía de muy buena prensa, de buena familia, molt bona gent, trabajador, responsable, simpático, hasta que Tolo Mercadal, que tenía 2 camiones, le propuso conducir uno de ellos. No duró mucho, tan sólo 11 meses. El hermano Justo Martí le invitó a que fuera el chófer de una furgoneta DKV para trasladar alumnos del colegio lasallista. Muy pronto fue un microbús de 23 plazas, haciendo el recorrido Mahón, Es Castell, San Luis, Alaior y al cole. Pasados  3 años lo compró, convirtiéndolo en su empresa, que duró 31 años, los 6 últimos paso a ser chófer de Hernández Mora. Pero a pesar de su empleo, el mundo de los caballos siempre perduró, ni un solo día dejó de acudir al hipódromo.

Por aquel entonces, en tiempos del campo del Menorca, tenía su caballo suelto en la tanca y los jueves lo hacía trotar un rato, la cosa cambió con el nuevo Hipódromo, allí permanece en la cuadra, sacándolo todos los días durante 1 hora para que esté en forma.

Martín Mata ha sido conductor de caballos propiedad de señores que por lo que fuera no los conducían, como los hermanos Rodríguez, Xisco Pons de Mussuptà, Francisco Escudero, Jaime Carreras, Gabriel de Olivar, Jaime Carreras Lluch, entre otros.

Al preguntarle por el mejor, por el más recordado, su respuesta fue rápida, "Ben Hur", caballo pequeño pero muy valiente criado por él mismo. Ganó 2 años seguidos el gran premio de Mahón, Palma y Manacor. Crió a "Jamin Hannover", que era suyo y de su padre.Fue el primero que compraron a un mallorquín que llegó ex profeso con la intención de vender algunos. Su precio fue de 80.000 pesetas. Otros potros jamás olvidados fueron "Centauro", "Crinado", "Urus de la Rulee", "Se Tuval", "Seguinel", "Narden", todos ellos a medias. El último de su propiedad fue "Time de la Umac".

Amén de su dilatada y fructífera vida en torno a los caballos, a Martín Mata siempre lo recordamos en la pista de La Salle como excelente jugador de baloncesto. Su altura y su destreza en el polvoriento campo lo destacaban como impecable pivot. Empezó a los 18 años y finalizó a los 33.  Actualmente, le es del todo imposible acudir al pabellón es nirvis se'l mengen.

Fue una gozada por parte de la que firma este artículo, el charlar de caballos, vivencias familiares e infantiles, de aquel Mahón que tanto gozó y disfrutó la juventud de nuestra época. Tampoco faltó la Ravaleta, donde conoció a la que sería su esposa, Juana Orfila Pons, hija de la tienda muy recordada como fue Can Pota, especialmente a sus padres, casi frente la pastelería Adrián. El día que se celebra la lotería del gordo, cumplieron 44 años de matrimonio, deseándoles puedan cumplir muchos más junto a sus 2 hijos Martí y Juan Carlos. El mayor también dio mucho que hablar en el hipódromo, de momento sus ocupaciones lo han hecho desistir, mientras el segundo tiene dos preciosos corceles. Las esperanzas están puestas en  sus nietos, una preciosa niña de 10 años que ja colca tota sola, mientras el niño de 5 mira atentamente los pasos que da el abuelo para ir aprendiendo, continuando la saga de los Mata.

Como curiosidad, explicó que cuando llega al Hipódromo con su coche, "Naturas de María", que es como se llama el caballo que cuida, propiedad de Jaime Carreras, arma un esvalot, conociendo a su cuidador, sabedor que saldrá de la cuadra y volteará por la pista.

Comentar


Todos sus comentarios serán previamente moderados. Gracias por participar.

* Campos obligatorios

De momento no hay comentarios.