Xerradetes de Trepucó

Viejas historias

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Margarita Caules Ametller
De aquellos lejanos días, de aquellas lejanas vivencias, quedaron historias mitad leyenda, mitad fantasía, mitad recuerdos y añoranzas de cómo mal vivían los menorquines de siglos pasados.

Gracias a las historias contadas de padres a hijos. Permanecen en el recuerdo de los abuelos de hoy, que fueron niños del ayer en que no podían entretenerse como se entretienen sus nietos.

La carencia de juegos, la falta de capital para poderlos adquirir, agudizaban el ingenio de los chavales, convirtiéndolos en habilidosos. Unos trabajando la madera, otros el papel, elaborando soldados con las agujas de tender de la madre, sirviendo de soldaditos, mientras extendían en el suelo campos de campaña, tirando tiros por medio de sofisticados artilugios al estilo de los tirachinas con balines que no eran otra cosa que garbanzos.

¿Cuántos de ustedes, señores lectores, vaciaron trozos de corcho, quedando impresionantes embarcaciones que tras clavarles un trocito de rama a modo de mástil, pegándole un pedazo de tela blanca, era la viven imagen de una embarcación a la vela? Contaba mi padre, que mientras intentaba limpiar un pedazo de escorxa, el suyo le relataba historias de moros, zarpazos de aquellos piratas sarracenos que hacían gritar: Moros ja vénen, ja mos tenen. Moros vindran i ens agafaran.

Infinidad de historias, que a veces no me dejaron conciliar el sueño, teniendo que mirar detenidamente bajo la cama, abrir el armario ropero, incluso es mundo o baúl que se encontraba en mi habitación. Qué horror al pensar que un moro podía encontrarse escondido, llevándome con él hasta tierras lejanas?

No es de extrañar que entre las leyendas o rondallas que escuchara de sus mayores el mecánico de la motora, prevalecieran las acaecidas en la costa norte, toda su familia nació y permaneció siempre en Fornells .

Tendría poco más de 10 años, cuando visité por vez primera, la Cala del Pilar. Fue con un Opel Rosengart, de color rojo chillón que había comprado el hermano mayor de mamá Teresa. La esposa o amiga, o amante ya que no podían casarse porque él estaba separado de su esposa desde principios de los años 40, vivía en pecado con aquella mujer mallorquina que lo respetaba tal cual lo hace una esposa, siendo corda i poal. Diego Valverde López, propietario de una fábrica de bisutería junto a Clodoaldo Villalonga, adquirió aquel coche para que Magdalena pudiera aprender a conducir y más tarde pasearse por la isla. Tuvo la desdicha, que jamás aprendió, era un poc cocu, amén que ella falleció a los pocos años de conocerse, debido a un cáncer de mama.

La compra de aquel automóvil había supuesto conocer recónditos lugares por toda Menorca, descubriéndola y conociéndola en unos momentos imposibles de olvidar.

Al llegar a la cala del Pilar, mi padre nos guió hasta la cueva conocida como sa cova de sa por. Es posible que muchos ya sepan de qué va la historia, pero para cuantos jamás la escucharon, dice así poc més poc menos.

Un jabeque, cargado de aceite, naranjas y otros comestibles llegó al puerto de Fornells, tras haber sufrido serias averías en su velamen. En la taberna explicaron un acalorado encuentro con varias naves moriscas. Los pescadores del pueblo dedujeron, se trataba de s'escull de sa Taulera, muy cercana a sa punta des Carregador. Alertando a los payeses, hicieron correr la voz. Teniendo la mala fortuna, que una de las hijas del predio de Alfurí, iba de camino, de regreso a su casa tras haber pasado varios días en la finca de sus abuelos, conocida como Bini Canó. En uno de los recodos del camino fue asaltada por los árabes, escondiéndola en la cueva cercana al litoral.

Mientras tanto, al enterarse los aparceros de aquellos maleantes que rondaban el lugar, salieron camino a la joven, pero ya fue tarde, al llegar a Bini Canó, les confirmaron su partida aquella misma mañana. Aunándose todos los payeses des Rodol, dirigiéndose hasta la costa, pero la noche les sorprendió, lo que les llevó a refugiarse en una cueva cercana. Precisamente donde los malvados moros, habían maltratado a la chiquilla.

Cuenta la leyenda, que mientras permanecieron en la gruta, escucharon con gran sorpresa un rumor, un llanto o gemido apagado recordando a la muchacha, llegando a la conclusión que las rocas habían sido mudos testigos de la brutalidad de los sarracenos.

Con la alborada, intentaron escrudiñar en el horizonte, pero nada vieron, demasiado tarde, esparciéndose la comitiva, el padre, los hermanos y demás familiares, regresaron a la finca.

 Desde aquel entonces y a pesar del tiempo transcurrido, los susurros continúan oyéndose. Los geólogos explican se trata de algún fenómeno geológico, un grupo de hippis que allí residió durante unos meses en los años 60 aseguraban que las noches de luna llena se oía el lamento extendiéndose hacia el mar.

Curiosamente, fueron muchos los menorquines que emigraron a África, y de siempre se ha sabido que al llegar aquel país, les sorprendía ver caras que les daba la sensación de conocerlas, a buen seguro eran descendientes de prisioneros menorquines.

Hace más de 30 años, encontrándome en la consulta del doctor Aludes en Barcelona, una señora de Alaior explicó que una antepasada de su familia había sido raptada de una finca y conducida a Marruecos donde la casaron con un moro, llegó a tener 10 ó 12 hijos y a éstos siempre explicó su desgraciada aventura, y sus ansias de poder volver y saber de su familia, cosa totalmente imposible.

En la época que más emigración hubo hacia aquel país, dio la casualidad que en un mercado se encontraron descendientes por ambas partes y gracias a sus rasgos y gran parecido les llamó la atención entablando conversación, llegando a la conclusión de que eran familiares, incluso sabían pronunciar palabras en menorquín que ella enseñó a sus hijos y éstos hicieron lo propio.

En una de las carpetas de Gori encontré un inesperado documento amarillento por el tiempo, sin fecha ni dato de su publicación, su titulo "El Barón de Vialar y Bordj el Kifan". Y dice así: En 1835, el barón de Vialar, en uno de los cruceros que efectuaba entre Francia su patria, y Argel, arribó accidentalmente a Mahón, donde aprovechó la oportunidad para concertar un convenio de emigración con varias familias menorquinas, que embarcaron para Argelia, en calidad de colonos.

En 1847, los mahoneses Juan Fedelich, Mateo Marqués y Juan Barber, solicitaron al Gobierno Francés, unas tierras pantanosas en las inmediaciones del antiguo fuerte turco de Bordj el Kifan, de la región de Sahel, en la bahía de Argel, para trabajarlas como agricultores.

En 1849, la colonia menorquina estaba integrada por 45 familias que sumaban 230 habitantes. Así nació el pequeño núcleo urbano de Fort de l'Eau.
En 1852, fue inaugurado el primer templo, del que fue celoso pastor el sacerdote de San Cristóbal, reverendo Sr. D. Antonio Moll Febrer, quien ejerció en aquella villa su santo ministerio por espacio de 50 años.

En 1880, la comarca de Fort de l'Eau, que dependía del Ayuntamiento de Rassanta, logró su autonomía, formando su primer Concejo Municipal.
Los apellidos más frecuentes del lugar eran Ameller, Anglada, Bonet, Catalá, Llorens, Florit, Nicolau, Pons, Mercadal, Sintes, etc.

Pero no solamente ha sido una aportación étnica, lingüística y cultural de Menorca, siempre fecunda. Durante mucho tiempo aquellos inolvidables barcos de las navieras ciudadelanas transportaron hacia Argelia sillares de piedra de marès extraídos de nuestras canteras y ladrillos de arcilla fabricados en las típicas  teuleres menorquinas. Casas enteras en Argelia están construidas con piedras y tierras de Menorca.

En los hogares de estos descendientes de menorquines se sigue hablando el suave dialecto isleño, hasta el punto de que incluso el elemento indígena musulmán más allegado a estas familias, también lo habla en toda su pureza, habiendo dado motivo a más de una sabrosa anécdota (así finalizaba el escrito que he copiado literalmente por su aportación histórica).

Fue una verdadera lástima el trágico final que tuvieron que vivir las familias oriundas de esta isla. Debiendo de dejar cuanto les pertenecía, casas, chalets, fábricas, negocios que habían logrado sus antepasados, gracias a su esfuerzo y a la aportación de los herederos intentando mantenerlo. La insurrección argelina (1954-1962) acabó con todo ello.

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