El apunte

Discursos de misses

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Pep Mir
Por si no lo sabe, el presidente del Govern, Francesc Antich, pronunció ayer su discurso de Fin de Año. La intervención no hizo temblar los cimientos de la sociedad balear y a buen seguro tampoco provocó que ningún ciudadano se levantara de un salto de su sofá para vitorearlo o insultarlo. Fue más bien un parlamento neutro, propio de una miss, repleto de buenos propósitos y deseos, todo un manual de lo políticamente correcto, con su "metges i metgesses" incluido. Unidad frente a la crisis, vendrá mejor financiación, compromiso con la educación... Nada que no se haya dicho antes seis millones de veces. Y es que los discursos de Navidad, en general, quedan un poco forzados. El señor solo, frente a una cámara, tieso como una escoba, en un despacho convertido en escenario, obligado a satisfacer a todos... El discurso, como la reciente intervención navideña del presidente del Gobierno central, sólo sirve para llenar páginas y minutos en una época de penurias informativas, y para que la oposición, diga lo que diga el sujeto, califique sus palabras de poco realistas y vacías de contenido. Los televisivos discursos de los presidentes electos (anímate Marc) no dejan de ser versiones poco naturales del único discurso navideño de buenos propósitos y deseos que la población espera de verdad: el del Rey, bien sea para escucharlo, alabarlo, criticarlo o hacer saber que se ignora.

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