¿Funcionan las autonomías como nos gustaría?

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José María Pons Muñoz
En estos días que se habla de financiación autonómica, quizá merezca de paso la pena hacer también un análisis de acercamiento al funcionamiento de las autonomías.

Las autonomías, y sus distintos gobiernos, tenían como una de las razones de ser, acercar la acción política al ciudadano, eliminar la burocracia (1) del gobierno central, y la excesiva cantidad de burócratas (2). El ex presidente, señor Suárez, lamentablemente no está en condiciones de hacer un análisis del funcionamiento de las autonomías que iniciaron su singladura durante su mandato.

Después de tres décadas, tenemos ya una perspectiva para ver si aquellas ilusiones, aquellos pretextos para dar luz verde al carácter autonómico de España, se han cumplido. Seguramente, para los que están instalados en cualquiera de los 17 gobiernos autonómicos, sí se habrán cumplido aquellas expectativas. Para las señoras y señores presidentes autonómicos, cobrando algunos el doble que el mismísimo Presidente del gobierno, no me extrañaría que las autonomías las vean como un éxito sin parangón. Miles y miles de ocupados, en los gobiernos de las autonomías, no pueden ver mal este sistema, sería un sentimiento contra natura. Pero yo creo que para hacer un análisis que nos sirva, no es a los directamente implicados a los que hay que preguntar, si no a los votantes, a los que disfrutan o padecen el sistema, sin tener relación directa, al final del mes, a la hora de cobrar, con ninguno de los 17 gobiernos. Si tenemos el coraje y la honestidad de hacer un análisis ecuánime, y pretendidamente veraz, seguramente llegaremos a más de una conclusión poco o nada satisfactoria. En primer lugar, la acción política sigue recluida en su propia idiosincrasia, estabulada en los despachos, y fuertemente condicionada por los intereses partidistas. Al ciudadano en general, sólo se le acerca el político en las campañas electorales, porque necesita su voto. Después, es difícil ver a un político besando a un niño con mocos o a una anciana achacosa, a no ser que se de el caso de tener un fotógrafo de prensa, o una cámara de televisión cerca durante cualquiera de los actos a los que el político suele acudir. Entonces se puede repetir el beso al niño con mocos o a la anciana achacosa. Los gestos, sinceros o fingidos, son importantes para mantenerse en el cargo, o para aspirar a otro de más enjundia. Pero la burocracia no sólo no se ha mitigado, si no que ha aumentado de una manera escandalosa. Algunos burócratas son hacedores de burocracia, y generan más y más burócratas. De hecho, el ejército de burócratas autonómicos es gigantesco, podría ponerles una lista interminable de burocracia, pero basten dos ejemplos: hoy, para cazar o pescar en España necesitas 17 licencias, de manera que si uno viaja por el país, y pretende ejercer cualquiera de estas aficiones, tendrá que acudir a 17 ventanillas. Luego viene el delicado asunto de los gastos, que a parte de miles de millones en salarios, hay otras partidas, no por eso tampoco pequeñas. Fíjense en los carísimos coches oficiales: tenemos ya una larga caravana de coches oficiales, costando algunos muy por encima de 50 millones de las antiguas pesetas. Juntados todos los gastos que genera cada gobierno autonómico, el monto es realmente tremendo. Dentro de los gastos, algunos no dejan de generar un especial malestar al contribuyente, cuando éste se entera que hay personajes autonómicos con mando en plaza que pueden llegar a batir auténticas marcas en eso de viajar con los gastos pagados por todo el mundo. Y con esto no digo que algún viaje no sea necesario hacer, pero digo también, que muchos de esos viajes, además de inútiles, son completamente innecesarios, y sin ningún provecho para el ciudadano, que a la postre, es quien los paga.

Con todo lo más inesperado, y sin duda, lo menos deseable del sistema, ha resultado ser que éste se ha convertido en una lanzadera para independentistas y separatistas, a veces, bastante antidemocráticos. Nada que decir respecto a los nacionalistas democráticos que, evidentemente, son otras sus pretensiones. Los primeros, han encontrado una perfecta ubicación para exigir cada día más, y que se magnífica cuando en unas elecciones generales, el PP o el PSOE necesitan pactar para asegurarse una legislatura sin excesivos sobresaltos.

El injusto, aunque, por estas cosas de la vida, democrático sistema de valorar los votos, que hace que un partido nacional pueda necesitar miles de votos para sacar un candidato, mientras que un partido o formación autonómica, le bastarán unos votos locales. Es otra consecuencia emanada de las autonomías, que además, de una forma aberrante, puede condicionar a los grandes partidos nacionales.

Diecisiete legislaciones tienen que ocasionar, forzosamente, agravios comparativos. Si en cada autonomía se legislase lo mismo, no harían falta diecisiete legislaciones. Con lo que se concluye que la propia idiosincrasia del sistema, genera en su ejercicio diferencias.

El sistema autonómico tiene también sus cosas buenas, ya que estimula la competitividad del político a la hora de ofrecer buenos servicios a la ciudadanía. Pero es, en mi opinión, fundamental, regular mejor el número de burócratas, y legislar normativas para que los salarios no sean un escándalo. Normativas que también puedan impedir que la ayuda de un grupo autonómico sea la moneda de cambio para obtener lo que al resto de autonomía, por lo menos en aquella legislatura, se les niegue.

(1) Burocracia: (f.) Conjunto de funcionarios públicos. Actividad de los funcionarios y oficinas públicas. Influencia excesiva de los funcionarios en los negocios del estado.
(2) Burócrata: (com.) Funcionario, empleado público.

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