Punto de partida de la economía menorquina

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Nunca vista

Juan Hernández Andreu
catedrático UCM y miembro del IME
Estos últimos días he observado reacciones de sorpresa y de disgusto, en los medios informativos en general, ante la noticia de que Kraft anuncia retirar de Mahón su factoría de El Caserío y trasladar dicha empresa a otro país. Ciertamente se trata de una fábrica emblemática, que durante tres cuartos de siglo no sólo fue el "buque insignia" de la industria menorquina, sino también un exponente significativo y popular de la industria española de la alimentación.

No sé si finalmente Kraft cumplirá lo anunciado, pero todos los indicios apuntan a que es probable que así sea, por varias razones: 1. Kraft es quien mejor conoce el futuro competitivo de los productos de El Caserío establecido en Mahón y sus motivaciones empresariales es de suponer se derivan estrictamente del cálculo económico. 2. La perspectiva de la empresa, imagino, ya la ponderaron en 1992 sus propietarios fundadores, que al venderla, entiendo, actuaron racionalmente; igual que la multinacional compradora que a sabiendas procedía en un mercado, ya globalizado, conforme a la estrategia de sus intereses; la localización de El Caserío en Menorca desde que lo compró Kraft, se me antoja no estaba plenamente garantizada para el futuro. 3. Desde que España entró en la Unión Europea (1986), el libre comercio resultante hizo que el producto menorquín estuviera sometido a un mercado abierto y altamente competitivo, donde a su vez, por otras causas, iba a perder ventajas comparativas a partir del momento que la materia prima no fuese exclusivamente menorquina y, por tanto, sometido el producto, a mi entender, a una impuesta calidad homogénea, sin posiciones diferenciadas; es decir, la localización perdió importancia para la calidad del producto. Y 4. La explícita decisión de Kraft se vería más ratificada si se adoptase, es un suponer, el procedimiento de añadir rigidez en las negociaciones laborales y sobre los compromisos institucionales existentes de antemano. Desde el punto de vista de análisis microeconómico, actuar así, supuestamente, desalentaría potenciales entradas en la isla de inversiones de capital directo, para cualquier sector, en tiempos venideros; es decir, no sería, en definitiva, una política adecuada de empleo. Sin embargo, los servicios de la administración pública deben atender en sus derechos a los afectados directamente por la situación y, llegado el caso, allanar vías legales para que estos encuentren la salida más efectiva al uso alternativo de sus recursos y activos diversos.

La mejor respuesta a la viabilidad o no de El Caserío en Mahón sería si por fortuna surgiera ahora, en este preciso momento, un proyecto empresarial que reflotara dicha empresa en la isla. Todos somos conscientes de los efectos sociales no deseados que pueden derivarse de la deslocalización y ello justifica de sobra los desvelos de las administraciones públicas y de los políticos para solucionar los problemas; pero sus actuaciones no pueden desligarse de criterios racionales en torno a la viabilidad económico-financiera de la empresa y, en su caso, no incurrir en costes que a la larga tuvieran que pagar los contribuyentes. Se impone un análisis técnico explícito de simulación de las diversas alternativas hipotéticas de actuación con sus respectivos efectos resultantes para fundamentar cualquier decisión o respuesta y no dejarse llevar de la retórica y menos aún por la nostalgia o actitudes sentimentales, sólo voluntaristas.

Suceda lo que suceda con Kraft, estimo que los empresarios y los menorquines en su conjunto han de encarar la situación económica de la isla como un punto de partida para ganar competitividad en el turismo y en el sector servicios en general, donde la economía insular tiene sobradas ventajas, conocidas a lo largo de la historia, en relación a otros sectores, aunque ninguno de ellos sea excluyente de los demás. El turismo menorquín tiene que afrontar el reto de ser más cultural, sin abandonar el turismo de sol y playa, pero más específico y con una oferta más diversificada que rompa los actuales límites de la estacionalidad; sobre esto hay que seguir, con empeño, en la práctica de innovaciones; y su logro ha de ser un punto de partida para la necesaria recuperación económica menorquina.

El problema de la mengua industrial a favor del sector terciario lo tiene análogamente toda España, que desde las crisis de 1973 y de 1979 no se ha llegado a tejer un nuevo sector industrial reconvertido; se trata de una asignatura pendiente que no se alcanzará a corto plazo y que requiere más inversión en educación y en capital humano. Son elocuentes al respecto las palabras del gobernador del Banco de España (entrevista publicada en El País, domingo, 21 de diciembre de 2009, pp. 24-46), Miguel Ángel Fernández Ordóñez, quizás el economista más lúcido y atinado entre las autoridades españoles en estos críticos momentos; interpelado sobre qué reformas estructurales necesita la economía española contesta: "En tres mercados fundamentalmente: bienes y servicios, mercado de trabajo y alquiler. En el primero consiste en la liberalización y privatización de un montón de actividades, como la energía, el transporte de mercancías, el comercio, las cargas administrativas? Eso está parado. En cuanto al mercado de trabajo? En España siempre surge el debate del abaratamiento del despido, pero yo no estoy hablando de eso. En todas las estadísticas laborales estamos en el peor lugar? La idea errónea es que si se cambia, se va a desproteger al desempleado, que los trabajadores van a pagar las consecuencias. Deberíamos buscar mejores fórmulas? una protección al desempleo y una productividad más alta con unos salarios también más altos? difícilmente se harán las reformas estructurales más importantes si no hay un consenso social? Pero hay una tarea más, que es la más importante: la educación y el mercado de trabajo. El peor indicador está en la enseñanza secundaria". Es notable señalar que Fernández Ordóñez sólo destaca reformas estructurales que faciliten la iniciativa empresarial y aquellas dirigidas a mejorar en capital humano. La lección la conocemos, se trata de invertir en futuro; el camino será largo y se está en el punto de partida.

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