Xerradetes de Trepucó | Saturnino Carrión Pescalín

Memorias del Hipódromo Mahonés (13)

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Margarita Caules Ametller
No es de extrañar, que el pasado lunes, los amigos del noble bruto al abrir las páginas del diario "Menorca" y observar que Margarita Caules se había escapado al galope enganchado, me pusieran una falta de puntualidad y un bolo por mi ausencia, una verdadera lástima porque el trabajo estaba hecho, pero a veces hay prioridades, han de comprender y desde aquí les pido disculpas, Guideta, la de Trepucó debía escribir la felicitación navideña, pidiendo disculpas a la vez que desearles a todos ustedes cierren el 2008 con salud y reciban de igual modo el 2009.

El tiempo ha pasado muy rápido, al iniciarse el 2000 se especulaba que vindria la fi del món, continuando tal cual, batallando, luchando como hicimos el siglo pasado, con las mismas inquietudes, anhelos y decepciones.

A buen seguro, algunos de ustedes, al leer el nombre de Carrión, recordarán aquel joven simpático y bullanguero con acento andaluz, amigo de sus amigos, persona entrañable, que dejó huella en aquel Mahón, tan distinto al que nos toca vivir, es ben mort, ni es dies de festa hi ha una anima per es carrer. Por el contrario en su época, los laborables y, por supuesto, domingos y festivos los bares, cafeterías, restaurantes y tabernas permanecían llenos, sirviéndose tapas, las pastelerías preparando bandejas de dulces, largas colas en los cines. Los jóvenes de ahora ponen a parir la época franquista, pero los que vivimos aquellos días tan sólo podemos decir que ambiente no faltaba. La bisutería iba a toda máquina, las Sumadoras Comercial de Carlos Ruíz hijo del señor Ruíz Verd propietario de La Anglo Española, por un igual, la fábrica del Caserio que con tanto empeño llevaba adelante don Pedro Montañes en la carretera de San Clemente, acogía a las jóvenes mahonesas que no tenían paciencia para estar sentadas pegando simils o dándole a una punzonadora. Las había que se decantaban por la fabrica de gomas del señor Codina donde se encontraban muchísimas mujeres y también padres de familia, la fábrica de tejidos de la calle de Santa Victoria, por un igual, reconocidas factorías de calzado, la del señor Moll de la calle de San Lorenzo, Bily de la calle Reina, Angles de José María Cuadrado, Mascaró de la Virgen de Gracia, los hermanos Carreras en la Raval, Gabino Sintes en la del camino de ses Vinyes, en Duque de Crillón el padre de Gloria y muchas más que en su día si Dios quiere publicaré. Talleres mecánicos, junto los herreros y plateros, maestros de ribera y los de la construcción, fontaneros y carpinteros, no puedo dejar en el olvido el ejercito de mar y tierra que engrosaba las arcas del añorado Mahón. Como tampoco seria justo, dejar de citar la gran cantidad de talleres de modistas, sastrerías, bordadoras de máquina, las que bordaban a mano, las corseteras, todo un arte, sin olvidar peluquerías, barberías, camareros un futime de uficis y las fincas, norias, vergeles, llogarets, instancies era el orgullo de la isla, entonces sí se podía hablar del agro menorquín. La rueda de la producción que viene a ser el motor fundamental de la riqueza de un pueblo giraba a un buen ritmo, sin parar.

Y que nadie vaya a pensar que al escribir estas cosas me mueven tendencias políticas, todo lo contrario, jamás tuve carnet de nadie, ni de unos ni de otros, con la particularidad que sé apreciar las cosas buenas de cada uno de ellos.

Ya se, que lo mío debe ser hablar de caballos, pero antes era preciso trasladarles al Mahón que encontró Saturnino Carrión Pescalin, motivándolo a montar una granja al estilo de las muchas que se encontraban en su tierra. Para ello eligió la esquina de la calle Nueva con Santo Cristo, donde había sido la popular sombrerería del señor Próspero. La bautizó con el nombre de Rosabel, fue un auténtico revuelo, por su modernidad y confort, sirviendo las primeras pastas llamadas Medias Lunas, un jovencísimo Domingo Pons Lapena, servía con pulcritud y donaire a los clientes, años después pasaría a regentarla junto a su querida y siempre recordada esposa, más tarde su hija Dulce y su esposo Juanola, al que todos querían y admiraban.

Antes de continuar, es obvio aclarar que Saturnino Carrión, nació en Santa Olaya provincia de Huelva, (29 de mayo de 1911) hijo de Francisco Carrión y Visitación Pescalin. Su padre poseía dos carreras, la de ingeniero de caminos y la de agrónomo. Siendo destinado a la Estación Naval donde debía efectuar ciertas reformas como también en la Fortaleza de la Mola.

 Llegó a la isla con 5 hijos. No pudiendo realizar su trabajo por estallar la guerra. La historia del señor Carrión, padre, es impresionante, para escribir un libro como muy bien recalca su nieta Visuchi, defensor del pueblo llano, con unos ideales altruistas, iniciador de las escuelas rurales. Tras la contienda Francisco Carrión, fue humillado picando carbón en los ferrocarriles madrileños, falleciendo en la más miseria vergüenza del que había sido un prohombre defensor de los pobres, tras haber vivido en su juventud la guerra de Cuba.

Catina, la hija de Saturnino Carrión, continuó hablando de él, exponiendo que antes de venir a Mahón, regentaba un economato agrónomo en Lora del Rio. Ello nos demuestra su espíritu comercial, pues si bien decía más arriba de la abertura del Rosabel, otros lo recuerdan en El Imperial de la Ravaleta, que pasó a ser El Mesón hoy Banca March. era un esperit inquiet.

 Otro famoso local que inauguró, fue Los Chatos de la calle de San Roque esquina con el de la Iglesia, por aquel entonces permanecía soltero, vivía con su hermana Eusebia y su sobrina Visuchi, esta lo guarda en su memoria infantil con gran cariño, vestida con un mono que el tío le compró para que no se ensuciara de grasa e impurezas propias de un taller mecánico, que abrió al público junto a los Chatos. Siendo sus operarios.Colin al que todos conocimos como chofer del hotel Bustamante y Quicus Barruga.

Como dice la canción de Julio Iglesias? y es que yo? soy un truhán soy un señor, algo bohemio y soñador? rimas muy acordes con la manera de ser y que se podría identificar a Saturnino Carrión, siempre rodeado de amigos, juerga y copeo, la chispa de la vida.

 Festejaba a una chica muy guapa, la que seria su esposa, hija de muy buena y distinguida familia, Antoñita Orfila sa nineta de s'ull dret de son pare Francisco Orfila "Ruma" prestigioso abogado? accionista del Caserio, escritor entre otros muchos trabajos el popular don Juan Tanoca d'es Migjorn .
Siempre cerciorada por Catina y su prima Visuchi, añadieron que amén de cuanto más arriba he comentado.

El primer caballo que adquirió, lo compró, a un tal Nino, tío carnal del popular cantante de rumbas catalanas Peret, familia que visitaba con frecuencia la isla, dedicados a la venta de ropa por las casas y recorriendo las fincas. Nino, buen entendedor de bestià, era tratante, llegó a ser muy buen amigo de Saturnino, junto a él hizo los primeros pinitos a pesar de tener ciertas dificultades con una de sus piernas por haber padecido a los 19 meses siendo un bebé, la temible poliominitis.

Y Carrión, hombre comerciante, sin apenas darse cuenta, se vio envuelto en aquel mundo, empezando a viajar, comprando y vendiendo corceles. Convirtiéndose en uno de sus temas favoritos llevándolo a hacer buena amistad con los tertulianos del café de La Morada, punto primordial, para estar al corriente de cuanto sucedía en la isla, de quienes eran los poseedores de los mejores caballos. Fue intimo, de los hermanos Mata, Antonio Ferrer, de los Teixidor.

Siempre demostró una gran voluntad, su cojera no le impedía subirse al cabriolet recorriendo la pista del campo del Menorca, siendo aplaudido por todos, llegando a ganar muy buenos premios. Atándose la pierna en el carro, en una de aquellas mañanas sufrió un grave accidente, cayéndose del carro siendo remolcado varios metros.

 Por aquel entonces enganchaba a Jardinero, también poseía a Arlequino, un pura sangre inglés que en Menorca llegó a tener 32 crías, otro destacado caballo fue el llamado Abichuelo. En 1958, la familia se fue a vivir a Mallorca, donde montó un picadero en la urbanización de ca'n Pastilla, disponía de 48 hermosos caballos que hacían las delicias de los turistas a la vez que los propios nativos, tan aficionados. Otro de sus negocios fue el molino d'en Sopa situado junto al cruce de Manacor y Porto Cristo, regentaba una placeta de toros, en el que se hacían exhibiciones, Manolo, uno de sus empleados cabalgaba sobre Espartero, precioso caballo que adquirió de Angel Peralta buen amigo suyo. Catina habló de UP trotón francés, e infinidad de anécdotas. Pudiéndose definir como días de vino y rosas, junto a sus hermanos Francisco y José Maria. Los recuerdos de infancia se fueron entremezclando entre las dos islas, regresando en el recuerdo cuando subidos en la galera se dirigían a Punta Prima , en otras ocasiones la excursión la empezaban el sábado quedando a dormir con los Peñalver, con la yegua y un cabriol, mientras los niños iban cantando al compás del trote del noble animal. A veces le acompañaban hasta el establo situado en la callejuela conocida por la calle de los Pescadores, detrás de la pescadería, montones de paja aguardaban a Carrión para que la distribuyese. Una vez más Visuchi interrumpió para que escribiera que su tío, fue un adelantado a su tiempo, dispuso de un crematorio legalizado por la autoridad competente en Turo situado en la carretera de San Clemente. Comercializando la grasa que servía para embetunar entre otras muchas cosas  els ornetjos del camp. Biel, era el operario que trabajaba codo a codo con Carrión, lo trataba como si fuese de la familia. A buen seguro de proseguir la charla, se podría ir prolongando con infinidad de detalles del joven andaluz de raíces del norte, mezcla que fue la que dio el quid de su manera de ser, siempre rodeado de amigos que le acompañaban y coreaban su simpatía y gran corazón, falleció en 1982, pero ello no ha hecho que nadie de cuantos le conocieron le hayan olvidado, todo lo contrario, continua ahí, en el corazón de muchos, fue un gran hombre, un personaje entrañable que no podía faltar entre las memorias del Hipódromo Mahonés por el que tanto luchó.

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