Uep!

El arte de conversar

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Nunca vista

JB Marquès
Se lo contaba el otro día a dos colaboradores de este diario, Victoria Florit y Joan J. Quetglas: La gente hoy día va tan estresada que ya no tiene tiempo para pararse a conversar en plena calle con sus amistades. Apenas un saludo escueto y cada uno sigue su camino. Y prácticamente no pude extenderme más, por falta de tiempo.

Al día siguiente, casualmente, me topé con una excepción. La cuento para proseguir -si vale- desde esta columna la conversación con los dos colaboradores mencionados. El hecho es que sobre las diez de la mañana, único horario hábil para atender unos recados familiares, en una céntrica esquina de Maó dos mujeres de mediana edad charlaban tranquilamente sobre sus respectivos menús navideños: Que si el sofrito, que si le haré a "mi" Oriol unos calamares rellenos, que si a "mi" Miquel no le gusta el pavo... y bla, bla, bla. Al cabo de veinte minutos, las dos mujeres continuaban hablando sobre sus menús. La conversación se hallaba ya en los postres. ¡Cuánta felicidad en tiempos en que se pierde a marchas forzadas el arte de conversar sin prisas, sin ser esclavos del reloj!

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