Cartas desde Barcelona

Vuelta a casa

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Nunca vista

Dino Gelabert Petrus
Hoy mi carta llega desde Menorca. Desde el cálido y seguro refugio del hogar y con Cales Fonts sonriéndome soleadamente, mientras el mar azota el puerto de Mahón al ritmo de la tramontana. Es Navidad, o eso parece.

Para los estudiantes como yo Navidad significa volver a casa para reencontrarse con los suyos, con los amigos que Barcelona se traga de un modo extraño, y con los que se quedaron en Menorca. Resulta simpática la estampa que se origina en el aeropuerto del Prat, en la Ciudad Condal. Uno a uno los menorquines del exilio se van encontrando en la puerta de embarque de turno donde ya se respira el ambiente navideño. Hay quien vuelve a casa con más o menos ganas, pero todos coinciden en lo mismo. "Comida casera, no preocuparse por la lavadora y estar con tu gente".

El prototipo de estudiante menorquín que regresa al hogar es bastante común. Lleva más maletas de las que realmente puede cargar, y a los veinte minutos de rondar por el aeropuerto se arrepiente de haber traído el ordenador portátil. Suele escuchar música con el reproductor, para aislarse hasta que se encuentra con el primer rostro conocido. A partir de ahí, salvo turbulencias en el vuelo, las sonrisas se encadenan una tras otra.

Después de las primeras impresiones y los '¿cómo estás?' rigurosos, la conversación irremediablemente se dirige hacia la planificación de este puñado de días de descanso. Hay, básicamente, tres tipos de predicciones. Qué se quiere hacer, qué se va a hacer y qué se podrá hacer. El tiempo de espera para entrar en el avión se reduce considerablemente entre resúmenes de lo que ha pasado desde las Festes de Gràcia hasta ahora. Algunos se han dejado caer por 'Sa Roqueta' como un goteo constante mientras que otros han esperado estoicamente a que llegara su momento.

El jueves, en el avión que me traía de vuelta, básicamente éramos estudiantes, de los que he descrito anteriormente. Extrañamente el aforo no estaba completo, pero si uno se paraba en silencio a escuchar, se podía oír todo lo que he comentado. Aunque los padres no quieran leer lo que escribiré en la próxima frase, era reconfortable. Ninguno de mis compañeros de ruta hablaba de estudiar, ni de los trabajos que saben que tienen que hacer o de los exámenes que se encontrarán en breve. No. Parecía como si ese armónico momento fuera para nosotros, como si despertáramos de un sueño.

Llegados a este punto, ¿qué es la Navidad? Está claro que existe una tradición cristiana pero creo que es algo más, algo que nos envuelve y que nos hace querer ser mejores

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