Rembrandt en Madrid

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Nunca vista

José María Pons Muñoz
Cuando no es el Reina Sofía, es el Thyssen- Bornemisza, o el Museo del Prado. Lo fascinante es que estas tres colosales pinacotecas madrileñas parecen pugnar entre sí, para ofrecer exposiciones de pintura de un altísimo contenido, tanto por la cantidad y calidad de la obra, como por el nombre de los maestros de la pintura que consiguen traer a Madrid.

Lo último que habíamos ido a ver fue una exposición muy completa de Mondigliani, en el Thyssen-Bornemisza. El sábado pasado, día 6, y fiesta de la Constitución, fuimos a ver en el Museo del Prado, una exposición de Rembrandt. Por ser el día de la Constitución, la entrada a los museos, por lo menos en Madrid, era gratuita, pero como somos incapaces de hacer del todo las cosas bien hechas, a la sala del museo del Prado donde se mostraba la obra de Rembrandt, sólo se podía acceder pagando previamente una entrada de 8 euros. O sea, que a María y a un servidor, nos costó 16 euros más el IVA de una hora haciendo cola. Menos mal que, por lo menos, en ella nos encontramos con un matrimonio de Menorca que había venido a pasar unos días a Madrid.
Rembrandt (1606- 1669) es para mí uno de los pintores más representativos de la historia de la pintura, y sin duda, el gran maestro de la escuela flamenca holandesa. Sentí muchísimo que dos de sus lienzos más logrados no consiguiera el Museo del Prado traerlos a Madrid. Me refiero a "La Compañía del Capitán Frans Banning", más popularmente conocido como "La Ronda de Noche". Un óleo sobre lienzo de 359 x 438 cm. Una curiosidad de esta obra, que no puedo dejar de contarles, es que fue cortada por los cuatro lados, cuando la trasladaron del Palacio de la Guardia Cívica al Municipio de Ámsterdam, y allí, a algún "iluminado" se le ocurrió que el cuadro debía estar entre el espacio de dos puertas. El otro lienzo de Rembrandt, por el que siento una confesada fascinación, es "La Lección de Anatomía", donde se ve al Doctor Nicolás Tulp mostrando, de un cadáver, la anatomía interna de un brazo; óleo sobre lienzo de 169,5 x 216,5 cm. En esta obra, Rembrandt se magnifica sobre su portentoso dominio de la luz. La característica dualidad entre el oscuro y la luz de la Escuela Holandesa (claroscuro) quedó en esta obra con un sello de una calidad y dominio insuperables.

Me gustó de lo que vi de Rembrandt en el Prado, la etapa donde siguió con fidelidad la pintura de Rubens, tanto, que de no conocer bien la obra de Peter Paul Rubens, y la del genial Rembrandt, en algunos lienzos podríamos tener razonables dudas sobre la verdadera autoría. Otra singularidad de lo que de Rembrandt se muestra estos días en el Museo del Prado es, sin duda, la influencia evolutiva de su obra, la meticulosidad de los primeros años va dejando paso a una pincelada más larga. Otra curiosidad que me sedujo de esta exposición fue un autorretrato del autor, curiosamente del último que el maestro holandés se hizo. Conviene decir que si la documentación de mi archivo es correcta, Rembrandt hizo de sí mismo nada más y nada menos, que 57 autorretratos. El último muestra al pintor prematuramente envejecido para su edad. Tenía 63 años cuando murió, pero daba el aspecto de tener más de 80. El último autorretrato tiene otra curiosidad añadida, está inspirado en un pintor griego, Zeuxis, que murió de risa mientras pintaba el retrato de una anciana demacrada. Es llamativa esta licencia, aunque puede ser, simplemente, que esta decisión se deba a una voluntad de Rembrandt de reírse de sí mismo.
Cuando se ha disfrutado de la obra del maestro holandés, para no embotar a la mente maravillada, la prudencia aconseja irse a casa, no organizarse un recorrido por el Museo del Prado por aquello de que aprovechando que estamos en el corazón mismo de una de las primeras pinacotecas del mundo, ponernos a ver pintura como quien entra en combate, hasta saturarnos tanto que ya ni buscamos, ni captamos el detalle. Con todo, estando con María, resulta imposible no pasar a la sala de Velázquez para ver "Las Meninas", sin duda, una de las obras más logradas del ilustre sevillano, que tampoco se vio por eso libre de recibir un reconocimiento real después de muerto. La Cruz de Santiago (1) se la concede el rey después de muerto el pintor, por eso la distinción en rojo de la orden que luce Velázquez sobre el pecho en las Meninas no fue pintada por él, sino por otro artista. En consecuencia, puede afirmarse que una parte de las famosas Meninas no fue pintada por Diego Velázquez. No les contaría esto si no hubiera escuchado a un "indocumentado", que el hombre había oído campanas, pero no sabía de qué campanario, por eso decía que la roja insignia que luce Velázquez era la Cruz de Alcántara, o de Calatrava (a este hombre le daba lo mismo). Y allí, unas 15 ó 20 personas le escuchaban, sin que a ninguno se le alcanzara  razón de decirle que la insignia que Felipe IV le concede a título póstumo a Velázquez, es la Cruz de Santiago.

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(1) En España hay unas 30 órdenes militares, que se disolvieron el 9 de marzo de 1873. Entre éstas, las más famosas son la de Alcántara, la de Calatrava y la de Santiago. La de Santiago fue fundada en el año 1151, si bien sobre sus primeros miembros la documentación no es muy explícita. Es posible que fueran 12 caballeros leoneses durante el reinado de Fernando II.
La Cruz de Santiago, que es la que luce Velázquez sobre el pecho, fue fundada en el año 1160. 

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