Cartas del lector

La isla del diablo

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En el otoño de 1894, se juzgó y condenó al capitán Alfred Dreyfus por Alta traición, mandándole a la isla del diablo. Un periodista valeroso y lleno de coraje, Emile Zola, luchó contra viento y marea para descubrir la verdad hasta el final, costándole, probablemente su vida -nunca fueron aclaradas las circunstancias de su muerte-. Se enfrentó no sólo a las estructuras del estado francés, al criterio social y político imperante, y en especial, a un modo de hacer prensa, cuyo estilo grueso, le valió el calificativo de «prensa inmunda».

Averiguar la verdad, sobre todo la Verdad Universal, implica partir de la base de reconocer nuestra ignorancia; a partir de este reconocimiento, estamos en condiciones de buscarla, y una vez realizado el análisis práctico suficiente y necesario, de encontrar ese modelo de referencia para todos nuestros juicios morales. Lo anteriormente expuesto fue el método perseguido por alguien tan poco sospechoso, como Sócrates, casi 500 años a.C.

Valga lo dicho hasta aquí, para reconocer que el ejercer una profesión tan digna y necesaria como el periodismo, debe tener en cuenta, dada la enorme responsabilidad social que comporta, el bagaje acumulado a lo largo de muchos siglos de nuestra historia, y procurar utilizar un arma tan potente, para, sin perder la referencia de la verdad y la ética, ofrecer «la verdad», es decir, la objetiva, la única que está revestida de las debidas condiciones de aplicación, mediante un método inductivo, rechazando el relativismo.

Llegados a este punto, creo necesario exponer a quienes les pueda interesar, que el hecho de que un ministro de Hacienda, decida publicitar una lista de morosidad con la Agencia Tributaria, me parece, sin ambajes, acertado, y digo esto, porque el que suscribe, durante los casi treinta años de profesión desarrollados, ha procurado cumplir escrupulosamente las obligaciones tributarias y fiscales; pero lo que también es cierto, es que si a esta razonable decisión de elaborar un listado de morosidad, se le aplican para conformarla, unas condiciones inadecuadas, el resultado es perverso. Me explico; si verdaderamente estamos en un Estado de Derecho, donde el preservar las garantías para sus ciudadanos, no debe ser algo superfluo, no parece justo ni razonable, ni lógico, incluir juntos en dicho listado a deudores ciertos y con expedientes cerrados, con otros casos, como el que me afecta, en el que, ante una inspección de la renta del ejercicio 2008, finalizada con disconformidad por mi parte, y con interposición -del administrado- de un recurso económico administrativo, contra la pretensión de la Agencia Tributaria, y que no está concuido en la actualidad, ni en el momento de mi inclusión en la lista referida; por lo tanto, no existe una resolución, más allá de la pretensión de una de las partes implicadas, en este caso, la A.T., de que exista deuda, ya que los derechos ejercidos por mi parte, a través de las acciones que me permite la Ley, me facultan para cuestionarlo, y defender mi posición contraria, es decir de no deudor, o dicho de otro modo, de no deber nada a la A.T.

El eco público con el consiguiente juicio y condena social anticipada, es inmediato, si a lo expuesto, se le añade que el medio informativo, o sea el periodista, salpica la información objetiva de la inclusión en la lista, con comentarios o referencias inciertas y/o medias verdades subjetivas y no contrastadas, ya que volviendo al caso concreto que me afecta, tengo que decir claramente, que al día de hoy estoy plenamente habilitado para ejercer mi profesión de abogado, a la que dedico casi todas las horas del día, porque es una profesión que amo y respeto profundamente, y que tengo intención de ejercer hasta que la salud o la edad me lo permitan.

Dañar la credibilidad que te pueda profesar la familia, los amigos, los clientes o la sociedad, es algo muy fácil y sencillo, lo sabe bien quien escribe cada día negro sobre blanco. Recuperar el terreno perdido, es si no imposible, una ardua tarea, que no siempre se consigue.

Mandar a alguien de forma injusta o errónea, a la isla del diablo, es a veces un viaje sin retorno. Finalmente, lo único que quiero manifestar, para concluir, es que tirar la primera piedra, es muy sencillo, pero quizás es mejor aplicar el tiempo y la energía a descubrir la Verdad Universal y genuina, a cuyo esfuerzo dedicó su vida Sócrates.

Como no creo en la máxima inter armas silent leges, y sí en la Verdad, seguiré luchando con denuedo para que impere.

Como ya es tarde para felicitarles la Navidad, les deseo un feliz año 2016.