Menorquins al món

Anthea Mercadal Bosch: «En Francia los pactos son para mejorar el país»

La joven trabaja en el Consulado General de España en París becada por el Ministerio de Exteriores

| |

Valorar:
Visto 2062 veces
preload
Anthea con el símbolo de la ciudad por excelencia al fondo, la Torre Eiffel, uno de los lugares turísticos en los que se ha extr

Anthea con el símbolo de la ciudad por excelencia al fondo, la Torre Eiffel, uno de los lugares turísticos en los que se ha extremado la vigilancia

22-11-2015 | A.M.B.

Anthea Mercadal (Maó, 1992) vivió de cerca los momentos de desconcierto y terror que causaron los atentados yihadistas del pasado noviembre en París. Aunque ella no sintió entonces la magnitud del peligro, sí fueron momentos angustiosos para su familia y amigos, hasta que supieron que se hallaba a salvo.

Esta joven menorquina, que trabaja con una beca en el Consulado General de España en París, cree que los franceses, y en concreto los parisinos, «han reaccionado muy bien, todo el mundo, incluso al día siguiente, salía a la calle, a los bares y terrazas, tenían claro que aquello no iba a cambiar su estilo de vida».

¿Qué ocurrió ese viernes 13 de noviembre a su alrededor?
— Yo estaba cenando en una terraza en la zona de République, a una parada de metro de la sala Bataclan. Vi pasar muchísimas ambulancias y policía pero pensé que sería por un accidente. En realidad fue mi novio -que en estos momentos trabaja en Londres-, el primero que me llamó, desde Inglaterra y me dijo lo que había pasado. Me fui andando y al llegar a casa encendí el televisor y me enteré de todo, e inmediatamente me puse a contestar todos los mensajes que tenía de mis padres y familia, que estaban muy preocupados.

¿Sintió miedo?
— En realidad no, yo estaba ya dentro de casa y me sentía a salvo. Creo que lo pasaron peor los que estaban en España viendo lo que pasaba. Además, los periódicos franceses no actualizaban sus webs al minuto como hacían los españoles, creo que lo hacían por precaución, para que los terroristas no supieran que gente dentro, que estaba viva, enviaba tuits, para no empeorar la situación; eso me chocó, porque se podía leer por ejemplo la información actualizada en «El Mundo» y no en «Le Monde».

El estado de emergencia se decretó por tres meses ¿cómo ha seguido la vida desde entonces?
— Al día siguiente la gente salía y yo también fui a la plaza de la République, pero con el estado de emergencia las concentraciones están prohibidas. Todo el mundo iba a rendir homenaje y poner velas y los militares nos decían por favor que nos dispersáramos, en cuanto se juntaban 15 o 20 personas, no dejaban que se formaran grupos. Ahora sigue habiendo mucha policía y militares por las calles, y tampoco puedes entrar en ninguna tienda sin enseñar tu bolso y abrir tu abrigo para mostrar lo que llevas debajo.

Algo ha cambiado entonces con el terrorismo...
— Hay más presencia de policías y militares en los puntos más turísticos, como la Torre Eiffel y el Louvre, pero yo creo que, por ejemplo, lo de enseñar el bolso o abrirte el abrigo en las tiendas se hace más para tranquilizar a la gente. Pero en general yo creo que han reaccionado bien, incluso saliendo a los bares y los restaurantes al día siguiente, demostrando que no tienen miedo y que no van a cambiar su estilo de vida.

¿La animación en las calles y terrazas continúa?
— Sí, y yo creo que los días siguientes, muchísimo más.

Se ha hablado mucho desde ese día de los problemas de integración de la población musulmana en Francia ¿es ese el problema?
— Bueno, los terroristas eran de nacionalidad francesa y han vivido allí toda la vida. Yo creo que París, como Londres, son ciudades donde la multiculturalidad abunda y se acepta, no hay problemas; es cierto que hay algunos barrios marginales, pero en general no creo que se trata de un problema de marginación o falta de integración social, sino de fanatismo religioso.

Y como consecuencia de todo esto subió el Frente Nacional de Le Pen en las elecciones regionales ¿como graduada en Políticas, qué opina?
— Fue un voto de castigo en la primera vuelta pero en la segunda se unieron para frenar a Le Pen. Creo que allí tienen más habilidad para los pactos que en España, allí los partidos ganan por el país y para mejorarlo, no anteponen el «yo quiero ser presidente».

¿Nos haría falta una segunda vuelta?
— Habría un trasvase de votos y primaría el voto útil. Si has votado a un partido que no va a poder formar gobierno o que no va a poder formar oposición y 'apretar', a lo mejor cambiarías tu opción para que gobernara otro con estabilidad. Y no tendría que ser un trasvase de votos hacia los partidos tradicionales, a lo mejor sería al revés. Sí, creo que una segunda vuelta podría estar bien.

Hábleme de su trabajo en el Consulado, ¿cómo lo consiguió?
— Tengo una beca de seis meses del Ministerio de Asuntos Exteriores, el próximo febrero volveré a Madrid para acabar la carrera de Derecho en la Universidad Complutense, donde también hice Políticas. Como ya tenía ese primer grado, me convalidaron asignaturas y solo tengo que hacer tres años de Derecho. Ahora gracias a las prácticas que estoy haciendo en París ya he podido conseguir también prácticas en España.

¿Fue difícil la selección?
— Bueno, cuando la solicité y mandé mi curriculum no fiaba mucho de conseguirlo, porque la presenté para Derecho y aún no había terminado la carrera. Pasé el filtro de la universidad y el del Ministerio, y en junio pasado me llamaron. Yo ya había estado tres meses en París, en 2014, y quería mejorar el idioma. Aquel verano me fui sin saber apenas nada, a trabajar en la tienda de ropa en la que estaba trabajando en Madrid, mientras estudiaba. Como es una cadena internacional, me cogieron.

¿Cómo fue aquel primer contacto con la ciudad?
— Partía de cero con el idioma pero seguí un curso intensivo, de dos semanas, y me acabé de soltar en la tienda. Claro, al no hablar el idioma la gente me resultaba más cerrada, porque ¡no hablan nada de inglés! Pero ahora París es mi ciudad favorita, he conseguido mejorar el idioma, porque al principio aprendí a hablar pero me fallaba la gramática, y eso que el catalán ayuda muchísimo.

¿Cuál es su función en el Consulado General?
— Estoy de becaria en el departamento de asistencia jurídica, trabajo con cuatro personas más, españoles, aunque también hay franceses. Me han tratado muy bien, me enseñan y acogen como si fuera una hija. Yo tenía claro que no quería estar llevando cafés o haciendo fotocopias porque para eso podía seguir con la carrera. Pero hago el trabajo que pueden hacer los demás solo que el mío lo supervisan.
Es trabajo administrativo, tratamos más con la gente que la embajada, tramitamos pasaportes, solicitudes de nacionalidad, reagrupaciones familiares, registro civil, votar en las elecciones, o dar poderes notariales bajo la legislación española.

¿Se acuerda de su primer encargo en la oficina?
— Sí, una reagrupación familiar de Guinea, y sentía mucha responsabilidad. Te dan muchísima responsabilidad desde el principio.

¿Es ese tipo de trámite el que realizan más habitualmente?
— También damos bastantes poderes notariales para España. Por ejemplo he notado que han aumentado los poderes para comprar viviendas en España, también en Menorca. Hay muchos franceses que se interesan por comprar y vivir en España, encuentran calidad de vida y además para ellos los impuestos, en comparación con Francia, les parecen más bajos. También tramitamos poderes para franceses de origen español, que emigraron y ahora reciben herencias, a lo mejor de los abuelos.

¿Le gustaría seguir con ese tipo de trabajo?
— Me quiero especializar en Derecho Internacional, pero también me gusta el Derecho del Mar; sigo con interés el conflicto sobre el buque español hundido que han encontrado en Colombia, pero ya veré si me veo capaz y cómo está el mercado. Lo que sí sé es que me gusta ir cambiando y que me apetece seguir formándome en el exterior.

¿Algo que le guste especialmente de París?
— La oferta cultural, que es gratuita si eres estudiante y menor de 25 años de edad. Eso nos falta en España.

¿Y qué añora?
— El mar, en mi familia somos muy marineros. No me cuesta adaptarme porque ya había vivido fuera, pero también echo de menos la comida y ahora no me puedo llevar los tuppers de mi madre y mi abuela como en Madrid, que se descongelan!

Comentar


Todos sus comentarios serán previamente moderados. Gracias por participar.

* Campos obligatorios
AnteriorSiguiente
Página 1 de 1

Un Menorquín
Hace más de 2 año

En Francia van todos a una. Esa es la gran diferencia. Puedes proponer hacer algo así o asá, pero la meta es el bien para francia. En España... en España somos gilipollas.

Valoración:24menosmas

MENORCA DESIERTA
Hace más de 2 año

Fuga de Cerebros

Valoración:8menosmas
AnteriorSiguiente
Página 1 de 1