Menorquines en el mundo

"Mi relación con Japón ha sido perfecta desde el primer momento"

El joven ciutadellenc vive desde hace algo más de tres años en Tokio, donde practica aikido

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Todolí. El programador informático menorquín ha montado su propia empresa, "Taula Consulting" - b.t

06-11-2015

Siempre sintió atracción por todo lo oriental y no dudó ni un instante a la hora de alcanzar su sueño de vivir en Japón. Bernardino Todolí López (Ciutadella, 1978), se licenció en Ingeniería Informática en Barcelona y, poco después, decidió abandonar España para vivir una experiencia ante la que muchos otros se habrían echado atrás. Aterrizó en Japón con poco más que lo puesto hace tres años, sin conocer el idioma en profundidad y con un solo contacto en la ciudad. Todolí reconoce que fue duro pero, con el tiempo, se adaptó a las costumbres japonesas. Su pasión por el aikido se ha convertido en un “leit-motiv”, en una manera de entender la vida, y su estancia en Japón le ha permitido conocer de primera mano la vertiente más tradicional y espiritual de este arte marcial.

¿Qué le llevó a hacer las maletas y plantarse en Tokio?
Desde pequeño era un sueño, el mundo oriental siempre me había atraído. Mientras estudiaba bachillerato decidí irme un año a Inglaterra. Los estudios no me iban muy bien, no tenía las cosas claras ni mucho interés. Fue allí donde tuve mi primer contacto con el mundo japonés, conocí a muchos orientales y me di cuenta de que tenía muy buen rollo con ellos. Posteriormente me fui a Barcelona a estudiar y, cuando acabé la carrera, ya tenía claro que quería irme hacia Japón. Había visitado el país en tres ocasiones durante las vacaciones y, aunque lo encontré muy diferente, vi que podía vivir allí. Trabajé durante unos meses en la Universidad pero, finalmente, decidí dejarlo todo y marcharme a Tokio.

Dicho y hecho...
Sí. Se puede decir que me fui “a la aventura”. Llegué a Tokio el 9 de enero de 2007. Desde Menorca había reservado una habitación a través de internet en una “gaijin house”, una especie de hotel para extranjeros. En Tokio es muy difícil conseguir alquilar una casa, necesitas un trabajo, mucho dinero y una persona responsable que te avale.

¿Tenía algún contacto en Tokio?
En Barcelona había comenzado a practicar aikido y en el gimnasio en el que entrenaba me hablaron de un español que vivía en Tokio y que también era aficionado a esta disciplina. Una de las veces que fui de vacaciones a Japón decidí visitar el gimnasio donde entrenaba este chico. No había quedado con él pero me lo encontré frente a frente. Fue mágico. Mi relación con Japón ha sido perfecta desde el principio y yo soy de la opinión de que las casualidades no existen, todo tiene un por qué.

Por tanto, ¿contó con la ayuda de este conocido al llegar a la ciudad?
Sí. Él llevaba siete años en Tokio y me explicó cómo funcionaba todo. Me ayudó mucho durante los primeros días pero dio la casualidad de que volvió a España el mes de febrero, cuando yo había llegado el mes anterior.

Solo de nuevo ante lo desconocido...
Sí. Mi hotel estaba cerca del gimnasio donde continué con mis entrenamientos, el “Aikido Houbu Dojo”. Conocía un poco la zona pero, aun así, los primeros meses fueron difíciles. Estuve viviendo durante tres meses en el hotel, que fue el tiempo que me duró el visado de turista. Había solicitado el visado cultural pero, para conseguirlo, tuve que entrenar tres horas diarias durante tres meses. Los tatamis aquí son tradicionales y muy duros, acabé con las rodillas hechas polvo. Durante aquel tiempo entrenaba, estudiaba japonés y descansaba, no tenía energías para nada más.

¿Aprendió japonés de manera autodidacta?
Antes de irme a Japón había estudiado un poco el idioma, sobre todo la escritura y algo de vocabulario. Una vez aquí estudié por mi cuenta.

Tras todo este sacrificio, ¿consiguió el visado?
Al finalizar mi visado de turista tuve que volver a Menorca. Un mes después volví a Tokio con un nuevo permiso de turista. El visado cultural no me lo concedieron hasta el mes de agosto.

En relación a las costumbres, ¿le resultó difícil adaptarse?
Es un mundo completamente diferente al que cuesta adaptarse. La vida en los diferentes centros neurálgicos de Tokio es estresante pero, por el contrario, en las zonas residenciales el ambiente es más tranquilo. Por otro lado, tengo que decir que la comida japonesa me encanta. Mi madre siempre ha cocinado utilizando ingredientes japoneses como algas, miso o umeboshi y, por tanto, ya estaba acostumbrado. Tampoco tuve problemas a la hora de comer sentado en el suelo aunque algunas veces las rodillas se resienten y uno tiene que hacer estiramientos.

¿Continuó practicando aikido tras obtener el permiso cultural?
Sí, el aikido es una parte importante de mi vida y entreno cada día. En Tokio las distancias son muy largas y el transporte público es muy caro por lo que siempre he buscado alojamiento cerca del gimnasio donde entreno. Asimismo, conocí a otro chico español que me introdujo en el aikido más tradicional, el más próximo al origen. Fue él quien me presentó al maestro Hideo Hirosawa, alumno del fundador del aikido, Morihei Ueshiba. He entrenado con él en diversas ocasiones en su gimnasio, ubicado en un pueblo que está a una hora y media de Tokio, Iwama.

¿Cuáles son las bases tradicionales de este arte marcial?
Morihei Ueshiba dedicó toda su vida al estudio y práctica de las artes marciales. Era además una persona muy religiosa y espiritual, lo que le condujo a conocer muchos misterios que mucha gente desconoce pero que son reales como la vida misma. El fundador, también conocido como O’sensei, se hizo muy conocido y no fueron pocos los que le retaron en más de una ocasión. Se cuentan muchas historias suyas pero posiblemente la más sorprendente que conozco es que unos soldados japoneses le retaron a esquivar las balas disparadas desde sus fusiles. Después del drama de su mujer y algunos allegados, hizo el testamento a petición suya. Llegado el día, justo en el momento de los disparos, O’sensei desapareció entre el humo y los soldados salieron volando. No lo podían comprender y lo volvieron a repetir, con el mismo desenlace final. La mayoría de personas viven encarceladas dentro de una mente limitada que no les permite ver o actuar más allá pero existe un concepto milenario, denominado “aiki”, que es imposible comprender si no lo percibes. “Aiki” se traduce erróneamente como armonía pero esta palabra viene de “ai”, que significa unión, y “ki”, la energía vital que tenemos en nuestro interior.

¿Qué permite la comprensión del “aiki”?
El que entiende este concepto y conoce la metodología se puede unir con el “ki” del atacante y dominarlo a placer, como si de una marioneta se tratara. Éste es uno de los grandes secretos que algunos clanes samurais mantenían en secreto para sus guerreros de élite. El aikido tradicional defiende las metodologías originales utilizadas por el fundador para mantener su esencia lo más intacta posible. Desafortunadamente, esta vía no es muy seguida por lo que la calidad del aikido ha ido decayendo de generación en generación. Gracias al maestro Hideo Hirosawa, el último alumno directo del fundador, recibió todas estas enseñanzas secretas y ahora las estoy aprendiendo. Parece de película, pero es así y si estoy aquí no es por casualidad, es lo que yo deseaba y lo estoy consiguiendo.

Además de practicar aikido, ¿ejerce como programador informático?
Sí. Los ahorros se me estaban acabando y empecé a trabajar como programador free-lance. Además, también di clases de español a japoneses. A través de una página web en la que se anuncian profesores de lenguas extranjeras conseguí unos cuantos alumnos. Al tener que explicar la gramática y vocabulario español tenía que fijarme mucho también en la gramática y el vocabulario japonés así que, de algún modo, estas clases me sirvieron para familiarizarme más con el idioma. Al principio fue complicado pero con la práctica se hizo divertido y a mis alumnos les hacía gracia ver cómo me esforzaba. Los japoneses son personas muy agradecidas.

¿Los japoneses tienen interés por la cultura española?
Sí, especialmente en todo aquello relacionado con la comida y el flamenco. Hay muchos restaurantes que ofrecen tapas y es muy conocido el jamón serrano, al que llaman “iberiko buta”.

Tras tres meses viviendo en un hotel, ¿consiguió alquilar una casa?
Sí, encontré una pequeña casa típica de leña que tenía alrededor de cuatro metros cuadrados. Me solía referir a ella como la casa de “Ronin”, que eran los samurais que no tenían amo ni recursos. Tenía un pequeño fogón y un grifo, nada más. Tenía que ducharme en el gimnasio, donde sólo había agua fría, o en los baños públicos.

¿Baños públicos?
Sí. Los baños públicos son muy tradicionales en Tokio. Son una especie de spa muy sencillo. El problema es que cada vez tenía que pagar tres euros para ducharme.

¿Todavía reside allí?
No. Comencé a trabajar y, al disponer de un contrato pude mudarme a una casa de 20 metros cuadrados, que dispone de las comodidades mínimas para vivir.

¿Dónde encontró trabajo?
Todo surgió cuando el hermano de un amigo me invitó a jugar con el equipo de fútbol sala (aquí lo llaman futsal) que habían montado entre los compañeros de trabajo. El primer día jugué bien, marqué unos cuantos goles y todos se fijaron en mí. Al explicarles que era ingeniero informático me dijeron que en su empresa buscaban gente. Así que mandé mi currículum, hice una entrevista y me contrataron. Gracias a esto conseguí el visado de ingeniero, que tiene una duración de tres años.

¿Cuál era su labor en la empresa?
Yo programaba aplicaciones informáticas para empresas grandes y conocidas como Fujitsu  o Toshiba. También tuve que diseñar una intranet para DHL Japón.

No obstante, al año y medio optó por dejar el trabajo, ¿por qué tomó esta decisión?
Por motivos de salud, tiempo y motivación. Deseaba seguir entrenando cada día y trabajando no era posible.

¿Fue entonces cuando optó por montar su propia empresa?
Cuando dejé el trabajo, continué como free-lance durante un tiempo pero poco a poco se fue fraguando la idea de montar mi propia empresa. Ser el dueño absoluto de mi tiempo fue lo más decisivo para iniciar este proyecto, que no deja de ser otra gran aventura dentro de la gran aventura que es vivir en Japón. Mi empresa se llama Taula Consulting (www.taula-consulting.com) en honor a las “taules” de Menorca”. Por el momento está funcionando bastante bien, tengo algunos proyectos interesantes y otros que están por venir.

Hace algo más de tres años que se instaló en Tokio, ¿qué es lo que más le gusta de la ciudad?
Lo que más me gusta es el ambiente, la tecnología, la pulcritud, el orden, la comodidad de los “combini” (supermercados que están abierto las 24 horas) y la comida. Por el contrario, en Tokio hay mucha contaminación y estrés. ¡Y muchísima gente por metro cuadrado!

¿Cómo definiría a los japoneses?
Los japoneses son educados, trabajadores, cordiales y algo distantes. A nivel de empresa les gusta tenerlo todo muy bien planificado. No existe el riesgo para ellos, todo debe estar bajo control. La sociedad japonesa está muy jerarquizada y esto se inculca a todos los niños desde muy pequeños. Por ejemplo en una empresa, debes usar un subidioma  llamado “keigo” para dirigirte a tus superiores, lo que indica subordinación y respeto

¿Qué es lo que más echa en falta de Menorca?
La tranquilidad, el aire puro, la naturaleza, el mar, mi familia, amigos y conocidos.

¿Se plantea la posibilidad de volver en un futuro?
Sí, cuando llegue el momento volveré a Menorca. Me gustaría dar a conocer el aikido tradicional a todas aquellas personas que lo deseen y me encantaría hacerlo en Menorca. Siempre que vengo de vacaciones me invitan a dar algunas clases en Ciutadella. También he dado algunos cursos en Canarias, Murcia y Madrid. No obstante, no comenzaré a impartir seminarios hasta que no sea el momento adecuado. 


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