Menorca no registra por ahora el retorno de residentes a su país, que sí ha comenzado en otras zonas costeras españolas

La crisis reduce hasta un 25 por ciento las pensiones de los retirados británicos

La equiparación de la libra con el euro obliga a los jubilados del Reino Unido a recortar gastos, sobre todo en restaurantes, bares, supermercados y excursiones, para poder llegar a fin de mes

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Entretenimiento. El bingo y el scrabble son actividades que realizan las jubiladas en el bar Pons, punto de encuentro en Cala en Porter

06-11-2015

F. Saborit    Maó
El Mediterráneo español ha dejado de ser el retiro dorado para miles de británicos que han visto en poco tiempo cómo la caída de la libra esterlina y su equiparación con el euro mermaba sus pensiones, pero Menorca, por ahora, no se ha visto afectada por el retorno de residentes que regresan a Gran Bretaña acorralados por la crisis, un éxodo que sí ha comenzado en otras zonas como la Costa Blanca o la Costa del Sol.

Los datos del Instituto Nacional de Estadística (INE) y de la Dirección Insular de la Administración General del Estado en Menorca muestran una tendencia al alza en el número de británicos afincados en la Isla, que pasó de 3.055 residentes en 2006 a 3.487 en 2008. Los británicos menorquines suponen casi el 16 por ciento del colectivo procedente del Reino Unido que vive en Balears, un total de 22.055 personas el año pasado.

Alaior, Es Castell y Sant Lluís son los tres municipios que albergan más británicos, el primero con 713 residentes, muchos de ellos concentrados en la urbanización de Cala en Porter. Sant Lluís, con 589 residentes, y la histórica Georgetown, con 571, son puntos de concentración de británicos, seguidos de Es Mercadal, con 538, y Maó, con 523. Contrasta el menor peso de estos ciudadanos comunitarios en los municipios de Ponent, con 420 residentes en Ciutadella y 37 en Ferreries.

Pese a que las cifras no avalan todavía que el sueño menorquín se haya convertido en pesadilla para algunos de los que llegaron buscando el sol y una vida más barata, sí existe la sensación de que ahora muchos británicos se lo piensan dos veces antes de instalarse en la Isla. Incluso su propio Gobierno advierte a sus ciudadanos de los inconvenientes de lanzarse en busca del paraíso en las costas españolas, debido a la crisis y a los problemas del sector inmobiliario.
La vicecónsul del Reino Unido en Menorca, Deborah Hellyer, afirma que la devaluación de la libra ha frenado las expectativas de retirarse en la Isla de los más mayores, y que los jóvenes no se plantean trasladarse porque "hace cinco o seis años era fácil llegar y montar un negocio, encontrar un trabajo, pero ahora no, y este tipo de residentes ya no está viniendo en absoluto". En cuanto a la posibilidad de retornar a su país, Hellyer la sitúa asimismo en la población más joven, con edades entre los 30 y los 40 años. "Son familias con niños en edad escolar, que ahora aquí ya no encuentran trabajo como antes", señala la vicecónsul, quien matiza no obstante, que no consta un registro oficial de esta tendencia. Pero la crisis y la carestía de la vida es, al igual que en los hogares españoles, un tema que preocupa a los residentes británicos, especialmente a los pensionistas.

Recorte de gastos
Los jubilados del Reino Unido que viven en nuestro país han visto cómo su poder adquisitivo se ha recortado un 25 por ciento en los últimos dos años. Si una pensión media en 2007 se situaba en unas 420 libras esterlinas y se convertía, gracias a la fortaleza de su moneda, en unos 560 euros, ahora prácticamente se queda igual.
"Es una enorme pérdida de capacidad adquisitiva, mientras que los precios y el coste de la vida siguen subiendo y hay que gastar más", asegura Alan Bailey, presidente de la organización Age Concern en Menorca. Dedicada en Gran Bretaña a la ayuda a las personas mayores, su filial local en Menorca es, además, un punto de apoyo para británicos de todas las edades, que encuentran en la entidad consejos, amistad, entretenimiento, traductores y una forma de integración en la sociedad insular.

Muchos retirados toman la decisión de regresar a su país porque, a medida que cumplen años, deben enfrentarse solos a enfermedades como el alzheimer, o a situaciones difíciles como el fallecimiento de sus parejas; a todo ello ahora se suman las dificultades para llegar a fin de mes.

"Los que están aquí intentan quedarse", señala Bailey, quien también apunta que la crisis inmobiliaria ha paralizado cualquier flujo de población entre ambos países. "Aquí hay muchas propiedades para vender que no se venden, y los británicos que desearían retirarse en la Isla tampoco pueden vender sus propiedades en el Reino Unido para poder venir, es una crisis en toda Europa", afirma.

Age Concern y otras asociaciones de británicos han notado que tienen que reducir sus actividades de pago porque los socios no responden. "Nosotros nos reu­níamos en dos comidas al mes en un restaurante, pero ahora hay gente que empieza a decir que no puede, que sale caro, y creo que la situación va a empeorar", comenta Bárbara, una de las voluntarias de la entidad, quien añade que también reducirán las excursiones que solían realizar los mayores por la Isla en autobús.
Restaurantes, bares y supermercados han sido los primeros en notar que la libra se ha devaluado y, por lo tanto, hay menos euros disponibles en los bolsillos de los británicos.

Menos comidas y cenas fuera de casa, menos copas, reducir el gasto destinado a llenar la cesta de la compra, no cambiar de coche y suprimir traslados innecesarios, para ahorrar en combustible, son las tácticas más comunes entre los británicos residentes consultados. Todos ellos muestran sin embargo una firme determinación por continuar residiendo en Menorca, incluso consideran que constituyen un colectivo diferente del formado por sus compatriotas del Levante español.

"Creo que las personas que deciden venir aquí lo hacen para instalarse, intentan ser autosuficientes e independientes. En otras zonas de España entran en dificultades antes, aquí creo que resisten más", asegura el presidente de Age Concern. Comparte esta opinión Carol Holmes, madre de tres hijos, que reside en Menorca desde hace más de cinco años y no se plantea regresar a su ciudad, próxima a Manchester, pese a que su negocio, dedicado al diseño, se resiente por la caída de la construcción.

Su marido se dedica al negocio inmobiliario en Gran Bretaña y vive a caballo entre su país y Menorca. "La actividad ha bajado pero no tenemos problemas para vivir ni pensamos en regresar. Salimos menos, hacemos más cenas en casa, hay menos trabajo pero aquí la gente se ajusta a lo que tiene", asegura Carol, quien considera que "Menorca es un lugar ideal para los niños, para vivir en familia, y nos consideramos afortunados de poderlo hacer, porque a otros amigos les gustaría, pero no pueden permitírselo".

La primera y única opción
Como muchos de sus compatriotas, John Nunn visitó la Isla de vacaciones y decidió que sería el lugar ideal para retirarse. Prejubilado de 57 años, en su ciudad natal, Norfolk, a 150 kilómetros al norte de Londres, se dedicaba a la docencia. Profesor de Geografía, Fútbol y Rugby en un instituto, hace ya cinco años que reside en Port d'Addaia junto a su mujer. Sin conocer a nadie y sin dominar el idioma, John pudo realizar amistades e integrarse gracias a la Iglesia Anglicana de Es Castell. Con la pérdida de valor no sólo de sus pensiones, sino también del capital de sus ahorros, debido a la devaluación de la libra, John es sin embargo optimista. Abandonar la Isla no entra ni de lejos en sus planes ya que, asegura, Menorca fue su primera y única opción cuando decidieron salir de su país para residir en el Mediterráneo.

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