El tiempo en sus manos

La oficina meteorológica del Aeropuerto busca nuevo personal

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AEROPUERTO. Carreras en la oficina junto a los ordenadores y la moderna tecnología actual

06-11-2015

Ángeles M. Obispo    Maó
Las fuertes rachas de viento de tramontana, la niebla y las tormentas eléctricas que azotan la Isla son fenómenos meteorológicos que, cuando irrumpen en el Aeropuerto de Menorca, deben ser superados con pericia y experiencia por parte de los pilotos de las distintas compañías aéreas que operan en esta pista. Pero también el personal de tierra, concretamente el que trabaja en la oficina meteorológica del Aeropuerto menorquín juega un papel esencial a la hora de marcar a los pilotos las condiciones atmosféricas a las que se enfrentarán durante la maniobra de aproximación, aterrizaje o de despegue; intensidad del viento, altura de las nubes, visibilidad, presión, etcétera. Los avances tecnológicos han contribuido a que los datos facilitados a los pilotos sean cada vez más exactos y por tanto a incrementar la seguridad de las operaciones, pero el personal de la oficina meteorológica aún no ha renunciado a las técnicas artesanales de medición y observación atmosférica porque en cuestiones de seguridad, una red más nunca sobra.

Sólo cuatro trabajadores
En esta oficina trabajan actualmente sólo cuatro de los seis funcionarios observadores de meteorología que debería tener en plantilla. Afortunadamente, en las próximas semanas, se convocarán varias plazas para cubrir las dos vacantes. Mientras tanto, el personal suple este "déficit crónico" con experiencia y trabajo. El más veterano, Antonio Carreras Clar, acumula 37 años como observador y Santiago Olives, físico y jefe de la oficina suma, otros 16. Toda una vida en la que los cambios y la evolución tecnológica ha sido "brutal", según explican y donde las experiencias y las anécdotas dan pie incluso para escribir un libro. Antonio explica que cuando comenzó a trabajar a los 19 años, la observación meteorológica era muy rudimentaria. "Todo se hacía a ojo, lo que exigía una dedicación exclusiva", apunta. "Sabíamos la altura de las nubes por su tipo. Si eran autocúmulos sabíamos que estaban por encima de 6.000 pies, y si eran cúmulos estaban por debajo. También contábamos la cantidad de nubes dividiendo el cielo en ocho partes, si había nubes en ocho octavos decíamos que estaba cubierto. Esto aún se hace", comenta. "Prefería trabajar por la noche porque los cálculos sobre la distancia de las nubes eran fáciles sólo observando el reflejo de la luz. Ahora todo se hace por ordenador, pero los aparatos sólo miden la distancia de las nubes en un punto dado y no en todos, por eso seguimos calculando de forma artesanal. Cuanto más sencillo es un aparato más fiable es", asevera. "Aquí se pasa mal rato cuando hay niebla o tormenta, pero precisamente es cuando me siento más realizado como el observador artesanal que fui un día, en lugar del observador informático en el que me he convertido" comenta con una medio sonrisa. Antonio Carreras explica que su afición por la meteorología se la inculcó su padre, Antonio Carreras Cardona, "un hombre de campo" que durante años fue el responsable de la estación pluviométrica de Llumaçanes y que, tras su fallecimiento, controla su mujer Ana María Clar Busutil.

Las anécdotas también son muchas, según apunta Carreras. "Recuerdo que el 23-F tenía servicio por la noche junto a una compañera en prácticas. Su novio hacía la mili en Valencia y tenía miedo. El aeropuerto estaba cerrado y me contagió su miedo. Cada ruido que escuchábamos pensábamos que eran los militares que entraban en el aeropuerto. Hay que pensar además que antiguamente los meteorólogos estaban militarizados", explica. También cuenta el respeto que imponían los globos de hidrógeno con los que se hacían las mediciones atmosféricas. "Ahora son globos de helio, pero antes cuando explotaba el hidrógeno asustaban lo suyo", apostilla. "Otra vez un piloto quería presentar una reclamación por los datos facilitados desde la oficina sobre visibilidad. Me dijo que le habíamos dado una visibilidad de 3,5 kilómetros, cuando en la aproximación él podía ver la pista a más de diez millas. Le dije que no era lo mismo la visibilidad horizontal que la oblicua o vertical. Al final me dio la razón y me sorprendió que él no lo supiera".

Entre las funciones de la oficina meteorológica destaca la preparación a los pilotos los "briefing" o charlas sobre las condiciones atmosféricas que habrá durante el vuelo y los aeropuertos de destino y alternativos. Antes se hacía mayoritariamente de forma verbal, sin embargo esta forma de trabajar se emplea cada vez menos. "El cara a cara sólo se hace hoy día con pilotos de avionetas, con usuarios no regulares o con vuelos militares. Ahora la mayoría de las compañías tienen su propia información meteorológica, pero en el fondo toda procede también de la Agencia Estatal de Meteorología", indica.

La oficina ofrece a diario tres tipos de informaciones; la aeronáutica, destinada a los pilotos que incluyen Menorca en su destino o en su ruta (intensidad del viento, altura de nubes, visibilidad, lluvia, tormentas, temperatura, presión); la información sinóctica, destinada a la configuración de los modelos numéricos de predicción atmosférica a nivel mundial, y la climatológica, para la elaboración de estadísticas. La aeronáutica se ofrece cada media hora, aunque este tiempo puede ser inferior si las situación atmosférica es cambiante y el resto cada tres horas.

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