El coste de la insularidad

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Disponer de un descuento de residente del 75% para viajar entre la Península y Balears no solo es beneficioso para los ciudadanos, sino también para los autónomos y pymes de las Islas, que vemos cómo perdemos competitividad respecto a la competencia.

Porque si eres una empresa B2B (Business to Business), es decir, que tus clientes son otras empresas, como por ejemplo la consultoría y la formación empresarial, te tienes que conformar con trabajar en tu isla. No en tu comunidad, sino en tu isla. Comprar un billete a Eivissa desde Palma cuesta unos 50 euros en el mejor de los casos, más parking, coche de alquiler o taxi, etc., por lo que no baja de 100 los euros en gastos el poder sacarte el jornal del día.

Por lo menos en Palma las empresas registradas representan el 37,8% del total de Balears y casi el 50% de Mallorca (13.141 empresas en el último trimestre del 2017), porque si resides en algunas de las otras islas la necesidad de hacer negocio fuera es aún mayor. Sin contar con lo más importante, el tiempo invertido en el trayecto, posibles retrasos, etc., que conlleva no poder coger tu coche, tren, AVE, o cualquier otro medio de trasporte como en el resto de España.

Aumentar el descuento de residente en Baleares al 75% costaría alrededor de 43 millones al año, peccata minuta comparándolo con los 51.175 millones de euros de inversión pública total del AVE (una media de más de 1.100 euros por español). Solo en 2017 la inversión fue de 2.330 millones.

Existen además otras dificultades añadidas, como por ejemplo la de encontrar mano de obra cualificada en ciertos puestos de trabajo y atraer talento de fuera, entre otros motivos por el coste de la vivienda. El precio medio de la vivienda de segunda mano ha experimentado en enero una subida del 0,9%, hasta 2.318 euros por metro cuadrado, un 33,1% por encima de la media española. Las Islas son la cuarta comunidad con el precio más alto. Casi nada.

¿Y si monto una tienda online? Si tu negocio es comprar para luego vender, como la mayoría de tiendas, los costes de importar la mercancía son más altos que en la Península y lo mismo ocurre con los gastos de envío, por lo que no se puede competir en un mundo tan globalizado y márgenes tan justos.

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