Un futuro de ilusión en Marina Botafoch

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Marina Botafoch

El puerto deportivo de Botafoch apostará por una marina seca automatizada para reducir la ocupación en el agua.

10-10-2017 | DANIEL ESPINOSA

El puerto deportivo Marina Botafoch cuenta desde el año pasado con nuevos accionistas tras el fallecimiento de Enrique Fajarnés y la venta de la propiedad, por parte de sus hijos, a un grupo empresarial compuesto por las sociedades Puertos Portals, Formentera Mar y Aparcamientos Insulares. Su objetivo es conseguir una prórroga de 20 o 25 años a la concesión administrativa otorgada en mayo de 1984 –aunque la marina no entró en pleno funcionamiento hasta 1987– que vence en julio de 2019.

Marina Botafoch es un puerto deportivo situado en la Ribera Norte del Puerto de Eivissa, que cuenta con 428 amarres de entre 6 y 30 metros. Además de atraques, este puerto dispone de otros servicios complementarios para la náutica como varada y botadura de embarcaciones, explanada para estancia en seco y reparaciones, gasolinera e información meteorológica, entre otros. Cada amarre dispone de contador individual para agua y electricidad, así como teléfono e internet disponible con red inalámbrica W-LAN. La zona comercial está compuesta por 60 locales construidos en un estilo típicamente ibicenco y agrupados entorno a tres plazas, pudiendo encontrar desde una amplia oferta de servicios náuticos hasta una atractiva zona de ocio con bares, restaurantes, cafeterías y tiendas y otros servicios de la más variada gama.

Nicolás Mayol, representante de los nuevos accionistas, explica que Marina Botafoch "marcó un hito a la hora de su creación hace más de 30 años pero hoy, por desgracia, ha envejecido y es lógico que tengamos que darle un nuevo carácter". Con estas palabras, Mayol empezó a explicar las inversiones que los nuevos accionistas han proyectado y que, según dijo, van en la línea de hacer un puerto deportivo similar a la vecina Marina Ibiza, el mallorquín Puerto Portals o la Marina Vela de Barcelona.

Marina Botafoch tiene en estos momentos, en palabras de Mayol, "un ambiente muy confuso y una desorganización de espacios que se tienen que ordenar". En este sentido, apuntó que el proyecto contempla la reordenación de pantalanes, aparcamientos, locales o espacios libres.

Como novedad, mostró el proyecto de marina seca que se pretende hacer en Marina Botafoch para embarcaciones pequeñas, de unos 6 o 7 metros de eslora. Una marina robotizada que funciona con una tarjeta que, con un servicio mínimo de asistencia, permite a los propietarios de estos futuros amarres introducir ellos mismos su embarcación en el mar.

El proyecto contempla también el "esponjamiento" de los actuales locales comerciales que "no pueden estar tan comprimidos"; una zona para grandes barcos con un nuevo edificio y un aparcamiento, un edificio para restaurantes y cafeterías y un cambio de ubicación de la actual cafetería, entre otros aspectos.

La mayoría de los actuales amarristas ha mostrado su preocupación sobre las futuras tarifas que se cobrarán a partir de 2019 y los cambios de ubicación. Un número mayoritario de amarristas y propietarios de locales del Puerto Deportivo Botafoch han creado una nueva agrupación de titulares destinada a defender su continuidad, apostando decididamente por la prórroga de la actual concesionaria. Este colectivo considera que el proyecto presentado por la actual propiedad, compuesta por empresas familiares de origen y arraigo en Balears y con una dilatada solvencia en el sector de puertos "es el más ventajoso para lograr nuestra continuidad y estabilidad futura", según señala Héctor Díaz, principal impulsor de esta agrupación y representante de titulares de alojamientos.

"La incertidumbre que supondría que la gestión de la Marina saliese a concurso pondría en riesgo la continuidad de sus usuarios actuales y convertiría el Puerto de Botafoch en un escenario entregado al mejor postor y, por tanto, exclusivista", añade.

"Nuestro objeto es consolidar un acuerdo para nuestra continuidad en la Marina, al abrigo de dicho proceso de prórroga y al margen de cualquier otro tipo de intereses muy particulares que nos están mediatizando", subrayan desde esta agrupación, que entiende que "es momento de unirnos para que el Puerto de Botafoch siga siendo el mejor escenario para nosotros y para los ibicencos".

En esta línea, agradecen a la actual directiva del Puerto Deportivo Botafoch "su predisposición a escucharnos y a explicarnos los pormenores del nuevo proyecto, que pretende poner al día unas instalaciones que se han quedado obsoletas, con un proyecto de reforma respetuoso con el entorno y que busca el consenso de nuestras administraciones", señala Guy Bosmans, presidente por unos años de la Comunidad de Amarristas.

Para su nuevo director, Pepe Roselló, se trata de puerto "maravilloso en un enclave único en el que solo cabe modernizarlo y revitalizarlo". "Se trata de adecuar las instalaciones para mejorar la calidad y los servicios que damos a nuestros clientes", subraya el dirigente ibicenco, quien explica que en su planteamiento "no caben nuevas acciones, sean en mar o en tierra, salvo algunos aspectos justificados que se harán en acuerdo con las administraciones". El planteamiento de reforma del puerto tiene varias actuaciones: una remodelación de amarres, donde apuestan por una marina seca que, además de ser más ecológica, facilita el acceso al mar de los usuarios al no haber ocupación en el espejo de aguas, que es más caro, y es una tendencia en los puertos "que sin duda beneficia a las economías más débiles y a los aficionados", subraya el director Pepe Roselló.

Los nuevos propietarios quieren una marina para todos los amantes de la navegación. "Nuestro propósito es que en ese procedimiento negociado con la Administración seamos capaces de contener o limitar esas inversiones y esos cánones a abonar porque es lo que repercutirá en las tarifas reguladas que plantea la administración y nuestro envite es intentar evitar que nuestro puerto se convierta en una marina exclusivista", puntualiza su director, que explica que la inversión inicial, justificada por una auditoría externa, alcanza los 22 millones de euros.

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