Cae uno de los sicarios del narcotráfico más buscados en México

Detenido un mexicano que disolvió en ácido 300 cuerpos

'El Pozolero del Teo' cobraba 600 dólares a la semana por deshacerse de los cadáveres, que en su mayoría eran deudores o enemigos del narco 'El Teo'

Valorar:
Visto una vez
preload

Pozolero. Santiago Meza López, en el momento de su detención

06-11-2015

OTR-Press    Tijuana (México)
Al menos 300 cuerpos disueltos en ácido en tan solo un año. Este es el tremendo récord que ostenta Santiago Meza López, más conocido como 'El Pozolero del Teo', uno de los sicarios del narcotráfico mexicano más buscados por la policía que se deshacía de todos los cadáveres que sus jefes le hacían llegar por el módico precio de "600 dólares a la semana". Casi todas sus víctimas, señaló el propio sicario, eran deudores o enemigos del narcotraficante Teodoro Eduardo García Simental, alias 'El Teo', miembro del cártel de los hermanos Arellano Félix que intenta hacerse con el control de esta organización.

Este especialista en hacer desaparecer el reguero de cadáveres que dejan los capos de la droga en sus guerras tenía 45 años y estaba entre los 20 narcotraficantes más buscados por el FBI. 'El Pozolero', fue arrestado en la carretera que va desde Ensenada hasta Tijuana en las inmediaciones del hotel Baja Season a unos ochenta kilómetros de la frontera con EEUU.

Las fuerzas especiales del Ejército mexicano lo detuvieron junto con otros dos narcotraficantes que dicen ser cocineros de confianza del líder del cartel: Héctor Manuel Valenzuela Lobos, de 45 años y como Fernando López Alarcón, de 49. Con ellos también viajaba una mujer menor de edad contratada para "un evento social".

Tras su detención, 'El Pozolero' confesó ser el responsable de hacer desaparecer los cuerpos de al menos 300 personas, todas ellas en 2008, según la policía, o en "ocho o nueve años", según el detenido. Un trabajo "como cualquier otro", señaló el arrestado que dijo cobrar un sueldo fijo de 600 dólares a la semana por disolver en ácido todos los cadáveres que le hacían llegar hasta su lugar de 'trabajo' en un barrio de Tijuana y enterrar los pocos restos que quedaban en una fosa. 

Comentar


Todos sus comentarios serán previamente moderados. Gracias por participar.

* Campos obligatorios

De momento no hay comentarios.